El comienzo de todo tiene a Dios como autor
El primer versículo presenta a Dios como creador de la totalidad del mundo. Antes de explicar sus partes, Génesis afirma su origen y distingue al Creador de aquello que existe por su acción.
Explicación del versículo
Génesis comienza con Dios actuando. No cuenta su nacimiento ni explica de qué otro ser procede: él es quien crea. El lector es situado desde la primera frase ante una diferencia fundamental entre Dios y el mundo. Los cielos y la tierra tienen un comienzo que depende de él; Dios no aparece como una parte del universo que necesita ser formada junto con las demás.
«Los cielos y la tierra» abarca el conjunto de lo creado. La expresión reúne los grandes ámbitos que después se describirán con mayor detalle: luz, aguas, tierra seca, vegetación y seres vivos. Leerla así permite reconocer una afirmación total antes del desarrollo particular. El relato no empieza con una lista de divinidades que se reparten distintas zonas del mundo.
El versículo funciona como apertura del relato que llega hasta el descanso del séptimo día, en Génesis 2:1–3. La obra completa se presenta desde el principio, y los acontecimientos siguientes muestran cómo Dios establece un mundo ordenado, habitable y lleno de vida. La repetición de su palabra y de la bondad de lo que hace desarrollará esta primera afirmación.
El verbo «creó» atribuye la obra a Dios, pero no describe por sí solo una técnica de fabricación. No debe cargarse una sola palabra con todas las preguntas que el capítulo no pretende resolver. El énfasis recae en la dependencia de lo creado respecto de su Creador, en su autoridad y en el propósito que se hace visible al avanzar el relato.
El Nuevo Testamento retoma ese comienzo al afirmar que todo fue hecho por medio de la Palabra, identificada después con Jesucristo. Esa conexión permite reconocer al Hijo en la obra creadora sin fingir que Génesis 1:1, por su gramática aislada, ya explica todas las distinciones trinitarias. Hebreos también relaciona el origen del mundo con la palabra de Dios (Juan 1:1–3,14; Hebreos 11:3).
Comenzar aquí orienta la lectura del resto de la Biblia. La vida humana, la tierra y la historia no son realidades independientes sobre las que Dios entra después como un invitado. Él es su Creador. El llamado posterior a confiar en su palabra y a responderle tiene ese fundamento: nuestra existencia procede de él.
Exégesis del pasaje
La oración presenta un sujeto, Dios; una acción, crear; y su alcance, los cielos y la tierra. El versículo 2 describe la situación inicial de la tierra y el 3 introduce la primera palabra creadora narrada. El conjunto conduce hasta la declaración de que los cielos y la tierra quedaron acabados en 2:1.
Texto hebreo y traducción
בְּרֵאשִׁית —berēʾšît— abre el relato con «en el principio». בָּרָא —bārāʾ— significa aquí «creó». Aunque אֱלֹהִים —ʾĕlōhîm— tiene forma plural, el verbo está en singular: el texto habla de Dios como un único sujeto creador. La forma del sustantivo no es por sí sola una enumeración de personas divinas.
Relaciones bíblicas
- Génesis 2:1–3: la conclusión del relato de la creación
- Salmos 33:6–9: la creación por la palabra de Dios
- Juan 1:1–3,14: la Palabra y la creación
- Hebreos 11:3: el universo formado por la palabra de Dios