El agotamiento no hace que Job deje de dirigirse a Dios
Job continúa su respuesta a Bildad y decide expresar su queja desde el profundo hastío que siente de su propia vida.
Explicación del versículo
El capítulo no introduce otro interlocutor. La intervención que comenzó con la pregunta sobre comparecer ante Dios prosigue ahora como una declaración de lo que Job va a decirle. La falta de libertad que siente no lo lleva a abandonar toda comunicación: hablará desde la amargura.
«Mi alma está harta de mi vida» reúne a la persona entera y la existencia que está padeciendo. No describe un alma buena que rechaza un cuerpo malo. Job expresa que la vida, tal como ahora la experimenta, se ha vuelto insoportable.
Dar rienda suelta a la queja significa dejarla salir. Es una decisión del personaje dentro de su aflicción, no una instrucción para que todo lector considere igualmente verdadera cualquier acusación nacida del dolor. El libro escuchará esa voz y también la someterá a la instrucción divina.
La frase hace visible que su necesidad no puede reducirse a mostrar un semblante más alegre. Job había considerado esa posibilidad y explicado su insuficiencia. Ahora deja de imaginar cómo ocultar la pena y anuncia que expondrá lo que realmente le pesa.
Texto original y sentido
נַפְשִׁי, nafshí, «mi alma», representa aquí a Job mismo en su aflicción. La repetición de esa expresión al comienzo y al final reúne el hastío y la amargura de una misma persona, sin repartirlos entre partes independientes.
Relaciones bíblicas
Job 7:11–16 ya había unido la determinación de hablar con el rechazo de la vida dolorosa. Salmos 102:1–11 también presenta una oración en la que el deterioro corporal y la tristeza se expresan abiertamente. La oración bíblica puede incluir esa verdad del sufrimiento sin convertirla en la última palabra acerca del cuidado de Dios.