Zofar responde a la defensa y a la advertencia de Job
Comienza una nueva intervención del amigo que ya había atribuido a Job una culpa mayor que su castigo.
Explicación del versículo
La fórmula identifica al hablante antes de presentar su argumento. Las afirmaciones siguientes pertenecen a Zofar el naamatita; deben leerse como su respuesta dentro del debate, no como una intervención del narrador que confirme todas sus conclusiones.
Job acaba de pedir compasión, de expresar confianza en un Redentor vivo y de advertir a sus acusadores que también existe juicio para ellos. Zofar contestará desde la agitación y la sensación de haber sido afrentado. Ese punto de partida ayuda a entender por qué su discurso vuelve al destino del malvado en vez de examinar la necesidad que Job ha expresado.
Su exposición avanzará desde la brevedad del júbilo del impío hasta las riquezas devueltas, la opresión de los pobres y un castigo sin salida. Algunas de esas advertencias describen males reales y concuerdan con otras enseñanzas bíblicas. El problema del diálogo incluye la pretensión de usarlas para explicar la desgracia de Job sin demostrar que él haya cometido esos delitos.
El capítulo siguiente responderá precisamente a la supuesta rapidez y uniformidad del castigo. Job señalará que existen malvados que envejecen y conservan prosperidad. Escuchar ambas intervenciones impide confundir la intensidad del discurso de Zofar con una solución ya alcanzada.
La continuidad con su primera intervención
En Job 11:1–6, Zofar había deseado que Dios hablara para mostrarle a Job su culpa. Ahora vuelve a responder, pero todavía no dispone de una revelación divina que acredite sus acusaciones.
El marco que conoce el lector
Job 2:3 conserva el reconocimiento divino de la integridad de Job. Ese dato debe acompañar la lectura del discurso: la doctrina del juicio no autoriza a convertir a todo sufriente en el malvado que Zofar describe.