Mateo 17 (NTBT) en línea gratis con notas de estudio

Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT)

Mateo 17

La transfiguración

1 Jehová habló a Moisés y le dijo:   N1

2 «Habla a los hijos de Israel y toma de ellos una vara por cada casa paterna, de todos sus jefes según sus casas paternas, doce varas. Escribe el nombre de cada uno sobre su vara.   N2

3 Escribe el nombre de Aarón sobre la vara de Leví, porque habrá una vara por cada jefe de sus casas paternas.   N3

4 Deposítalas en la tienda de reunión, delante del Testimonio, donde me encontraré con ustedes.   N4

5 La vara del hombre que yo escoja florecerá; así haré cesar ante mí las quejas de los hijos de Israel con las que murmuran contra ustedes».   N5

6 Moisés habló a los hijos de Israel, y todos sus jefes le dieron varas, una vara por cada jefe, una vara por cada jefe de sus casas paternas, doce varas; y la vara de Aarón estaba entre sus varas.   N6

7 Moisés depositó las varas delante de Jehová en la tienda del Testimonio.   N7

8 Al día siguiente, Moisés entró en la tienda del Testimonio, y la vara de Aarón, de la casa de Leví, había brotado: había echado brotes, producido flores y madurado almendras.   N8

9 Moisés sacó todas las varas de delante de Jehová ante todos los hijos de Israel. Ellos las vieron, y cada uno tomó su vara.   N9

Elías, Juan y el sufrimiento del Mesías

10 Jehová le dijo a Moisés: «Vuelve a poner la vara de Aarón delante del Testimonio, para guardarla como señal para los rebeldes; así pondrás fin a sus quejas contra mí y no morirán».   N10

11 Moisés lo hizo; tal como Jehová le había mandado, así lo hizo.   N11

12 Los hijos de Israel le dijeron a Moisés: «¡Vamos a morir! ¡Estamos perdidos! ¡Todos estamos perdidos!   N12

13 Todo el que se acerque, el que se acerque al tabernáculo de Jehová, morirá. ¿Acabaremos por morir todos?».   N13

menu_book Notas de estudio de Mateo 17

Edición NTBT con estudio completo — pasaje por pasaje. Esta es una sección aparte del texto bíblico.

Mateo 17:1 north

Jesús lleva a tres discípulos a presenciar su gloria

La subida al monte sigue de cerca la promesa de ver al Hijo del Hombre en su reino. Pedro, Jacobo y Juan serán testigos de una manifestación que confirma la identidad del Señor sin apartarlo del camino de la cruz.

Explicación del versículo

«Seis días después» enlaza el episodio con la conversación anterior. Jesús ha recibido la confesión de Pedro, anunciado su muerte y resurrección y llamado a los discípulos a seguirlo. También ha prometido que algunos verán al Hijo del Hombre en su reino antes de morir. La transfiguración debe recibirse dentro de esa secuencia de revelación y formación (Mateo 16:21–28).

El Señor toma a Pedro y a los hermanos Jacobo y Juan. Mateo ya había identificado a estos dos últimos como hijos de Zebedeo. La selección hace que la escena sea presenciada por algunos discípulos, mientras el resto permanece fuera de este encuentro. El texto no declara que ellos hayan merecido la visión por una superioridad espiritual; de hecho, Pedro acaba de necesitar una corrección severa (Mateo 10:2).

Los lleva aparte a un monte alto. El evangelista no da su nombre, por lo que la explicación puede seguir el significado del encuentro sin imponer una localización precisa. La separación de la multitud prepara una revelación dirigida a los discípulos que deberán dar testimonio de lo visto después de la resurrección.

El marco recuerda escenas en las que Dios manifiesta su gloria en el monte. Éxodo cuenta que una nube cubrió el Sinaí durante seis días y que Dios llamó a Moisés desde ella. La relación ayuda a reconocer un ámbito de revelación, sin exigir una correspondencia rígida entre cada detalle de ambos relatos. Aquí el centro será Jesús y la voz que lo declara Hijo amado (Éxodo 24:15–18).

La visión no hará innecesaria la enseñanza sobre el sufrimiento. Al bajar, Jesús recordará su resurrección y volverá a hablar del rechazo que el Hijo del Hombre debe padecer. La gloria confirma al Salvador que se entrega, en vez de ofrecer a los discípulos una salida hacia un Mesías sin cruz.

Para el lector, el comienzo de la escena invita a recibir la revelación con humildad. Cristo conduce a los suyos y les da a conocer lo necesario para seguirlo. Su gracia no convierte el privilegio de ver en autosuficiencia: el mandato decisivo será escuchar al Hijo.

Los seis días y los paralelos

Marcos conserva también «seis días», mientras Lucas dice «unos ocho días» después de aquellas palabras. Contar el intervalo o incluir los días de ambos episodios puede explicar la diferencia, y Lucas utiliza además una aproximación. Los relatos no detallan su sistema de cómputo. Conviene conservar cada formulación y reconocer que todos enlazan la escena con las palabras anteriores de Jesús (Marcos 9:2; Lucas 9:28).

(Marcos 9:2–13; Lucas 9:28–36)

Mateo 17:2 north

La gloria de Jesús se hace visible ante los discípulos

La transfiguración revela un esplendor que los discípulos no habían contemplado de esa manera. El mismo Señor que anuncia su muerte es mostrado en una gloria que confirma su identidad y sostiene la esperanza.

Explicación del versículo

Mateo afirma que Jesús se transfiguró delante de ellos y describe el resultado: su rostro resplandeció como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Las comparaciones comunican un esplendor extraordinario. No significan que su rostro se convierta literalmente en un astro, sino que su apariencia manifiesta una gloria que sobrepasa lo habitual.

El que está ante los discípulos sigue siendo Jesús. La escena no cuenta que empiece a ser el Hijo de Dios o abandone su humanidad para convertirse en otro ser. El Padre lo identificará como su Hijo amado, y al terminar la manifestación él mismo se acercará y tocará a los que tienen miedo. La gloria pertenece al Señor que han conocido y que ahora se da a conocer más profundamente.

El rostro resplandeciente recuerda a Moisés después de hablar con Dios. Éxodo describe el brillo de su rostro y el temor de quienes lo vieron. Esa relación prepara la aparición de Moisés en el siguiente versículo, pero el relato no pone a Jesús simplemente como otro mensajero equivalente: la voz del Padre distinguirá al Hijo y mandará escucharlo (Éxodo 34:29–35).

Marcos destaca la blancura de los vestidos mediante una comparación con lo que ningún lavandero podría lograr. Lucas cuenta el cambio del aspecto del rostro mientras Jesús oraba y describe la ropa resplandeciente. Los relatos ofrecen énfasis propios sobre la misma manifestación, sin exigir completar Mateo con una explicación física de cómo se produjo (Marcos 9:2–3; Lucas 9:28–29).

El contexto mantiene la gloria junto al anuncio de la cruz. Pedro había querido excluir el sufrimiento de la misión del Cristo; ahora verá su esplendor, pero no recibirá permiso para eliminar la entrega. Al bajar del monte, la resurrección y el padecimiento volverán a ser mencionados. La visión sostiene la fe en el Salvador que vence a través de su misión, no en una gloria definida por las preferencias del discípulo.

Pedro recordará después haber sido testigo de esa majestad y de la voz del Padre. Su esperanza acerca del poder y la venida de Cristo no se presenta como una invención. La experiencia da testimonio del Señor cuya palabra debe ser escuchada y cuya victoria permite perseverar en medio de la dificultad (2 Pedro 1:16–18).

Texto original y sentido

Μετεμορφώθη —metemorphṓthē— expresa que Jesús «fue transfigurado» o cambió de apariencia ante ellos. El propio versículo explica el cambio mediante el rostro y los vestidos. La forma verbal no autoriza por sí sola a construir una teoría ajena al relato sobre una transformación de su identidad divina o humana.

Mateo 17:3 north

Moisés y Elías aparecen en una escena centrada en Cristo

Dos figuras destacadas de la revelación de Dios a Israel conversan con Jesús. Su presencia sitúa la gloria del Hijo en continuidad con las Escrituras y conduce la atención hacia su misión salvadora.

Explicación del versículo

La manifestación incluye a Moisés y Elías, que aparecen ante los discípulos y conversan con Jesús. No llegan como maestros que deban corregirlo o determinar su camino. El centro del relato permanece en el Señor transfigurado, y la voz del Padre lo distinguirá como el Hijo al que deben escuchar.

Moisés está asociado con la entrega de la ley y con una relación singular de conocimiento de Dios. Deuteronomio lo recuerda también como profeta a quien Jehová conocía cara a cara. Por eso su papel no debe reducirse a una etiqueta que lo separe de todo lo profético. Elías, por su parte, pertenece al testimonio de los profetas y su venida había sido anunciada en la esperanza de restauración (Deuteronomio 34:10–12; Malaquías 4:5–6).

La presencia de ambos permite reconocer la relación de Jesús con la ley y los profetas. No es un Salvador desconectado de la palabra que Dios había dado. Después de la resurrección, explicará las Escrituras acerca de sí mismo comenzando por Moisés y los profetas. La continuidad no elimina la singularidad del Hijo: la revelación alcanza su centro y cumplimiento en él (Lucas 24:27, 24:44).

Mateo no precisa aquí el contenido de la conversación. Lucas añade que hablaban de la partida que Jesús iba a cumplir en Jerusalén. Ese dato ilumina la unión entre la gloria contemplada y el camino de sufrimiento anunciado. Moisés y Elías no aparecen para apartarlo de Jerusalén, sino dentro de una escena en la que su misión permanece orientada hacia la entrega (Lucas 9:30–31).

La aparición es recibida por los discípulos; el texto no los presenta invocando a estas figuras para obtener una revelación independiente. La enseñanza que seguirá los remitirá a escuchar a Jesús. El valor del encuentro consiste en dar testimonio de él, no en abrir un camino alternativo de autoridad o salvación junto al Hijo.

Para el lector, la escena invita a leer las Escrituras con atención a Cristo, respetando a sus testigos y el contexto de sus palabras. La esperanza de la ley y los profetas no compite con el Salvador: conduce hacia quien revela al Padre y realiza la obra por la que los pecadores reciben gracia.

La conversación en los dos relatos

Mateo dice que estaban συλλαλοῦντες μετ’ αὐτοῦ —syllaloûntes met’ autoû—, «conversando con él». Lucas llama ἔξοδος —éxodos— a su «partida» que iba a cumplir en Jerusalén. La información de Lucas amplía el contexto, pero no debe presentarse como una frase que Mateo haya transcrito en este versículo.

Mateo 17:4 north

Pedro propone permanecer, pero todavía necesita escuchar

El discípulo reconoce que es bueno estar allí y propone hacer tres enramadas. La voz del Padre dirigirá la atención desde esa iniciativa hacia la identidad del Hijo y la necesidad de oírlo.

Explicación del versículo

Pedro responde a la manifestación de Jesús y a la aparición de Moisés y Elías. «Es bueno que estemos aquí» expresa su valoración del encuentro. La escena ha mostrado una gloria que sobrepasa la experiencia cotidiana, y el discípulo interviene con una propuesta concreta de alojamiento o estancia.

La condición «si quieres» se dirige a Jesús. Pedro no afirma que la construcción ya esté autorizada: ofrece hacerla bajo su voluntad. Ese reconocimiento debe conservarse junto a la limitación que los paralelos señalarán. La propuesta no queda presentada como un modelo acabado de comprensión espiritual.

Las tres enramadas corresponden a las tres personas que ve: una para Jesús, otra para Moisés y otra para Elías. Mateo no informa de una fiesta concreta que se esté celebrando ni describe materiales o trabajos. El lector no necesita reconstruir esos detalles para reconocer el movimiento del relato: Pedro propone, y mientras todavía habla, la voz divina se hace oír.

Marcos explica que no sabía qué responder porque estaban aterrados. Lucas dice que no sabía lo que decía. Esas observaciones ayudan a comprender una intervención nacida en medio de una experiencia que lo supera. Mateo conserva sus palabras y deja que la respuesta del Padre muestre dónde debe estar la atención (Marcos 9:5–7; Lucas 9:33–35).

La igualdad numérica de las enramadas no establece tres autoridades salvadoras equivalentes. El Padre identificará a Jesús como su Hijo amado y ordenará escucharlo. Moisés y Elías tienen un lugar verdadero en la revelación de Dios, pero la escena no permite colocar al Hijo como uno más entre ellos. Su gloria y su misión deben orientar la respuesta de los discípulos.

La visión tampoco detiene el camino hacia Jerusalén. Después bajarán del monte y volverán a oír acerca de la resurrección y el sufrimiento. El lector aprende que una experiencia de gloria no puede utilizarse para sustituir la obediencia a lo que Cristo revela. La gracia invita a agradecer lo recibido y a permanecer enseñable, incluso cuando una iniciativa parece honrosa.

Texto original y sentido

Σκηναί —skēnaí— son tiendas o enramadas, lugares de estancia en la propuesta. Mateo emplea ποιήσω —poiḗsō—, «haré», mientras los paralelos formulan «hagamos». La diferencia debe conservarse: en todas las escenas Pedro propone una acción, pero el mandato que orienta el encuentro será escuchar al Hijo.

Mateo 17:5 north

El Padre distingue al Hijo amado y manda escucharlo

La nube luminosa y la voz divina confirman quién es Jesús. El centro de la escena no queda en las construcciones propuestas, sino en recibir al Hijo y obedecer su palabra.

Explicación del versículo

La manifestación ocurre mientras Pedro todavía habla. Una nube luminosa los cubre y desde ella se oye una voz. El relato desplaza la iniciativa hacia Dios: los discípulos reciben una revelación que no producen mediante su propuesta ni controlan con una acción propia.

La nube recuerda la presencia divina en el Sinaí, donde la gloria de Jehová cubrió el monte y Dios llamó a Moisés desde ella. Esa relación da peso al encuentro, pero ahora el contenido de la voz concentra la atención en Jesús. La revelación no añade un nuevo centro junto a él, sino que declara su identidad (Éxodo 24:15–18).

«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» retoma lo que se oyó en el bautismo. Allí la voz del Padre había acompañado la venida del Espíritu de Dios sobre Jesús; aquí confirma de nuevo al Hijo ante los discípulos. La relación entre el Padre y el Hijo permanece clara, y el amor del Padre no se opone al camino de entrega que Jesús acaba de anunciar (Mateo 3:16–17).

La orden añadida es «Escúchenlo a él». Deuteronomio había anunciado un profeta levantado por Dios y había mandado escucharlo. La resonancia ayuda a reconocer la autoridad de la palabra de Jesús, mientras la declaración «mi Hijo» manifiesta una dignidad que no se reduce a la de un mensajero más. Hebreos mantiene esa diferencia al presentar a Moisés como servidor fiel y a Cristo como Hijo sobre la casa de Dios (Deuteronomio 18:15–19; Hebreos 3:1–6).

Escuchar incluye recibir lo que el Hijo ha dicho acerca de su muerte y resurrección. Pedro había confesado al Cristo y después había intentado corregir el anuncio de su sufrimiento. La voz del Padre confirma al mismo Señor cuya palabra debía aceptar. Contemplar su gloria no lo autoriza a escoger solo las partes de la enseñanza que coinciden con sus expectativas.

El mandato alcanza también a los otros testigos y, por medio del relato, al lector. La experiencia extraordinaria no reemplaza la palabra de Cristo. La fe debe atender a quien revela al Padre y realiza la salvación mediante su entrega. Moisés y Elías acompañan el testimonio, pero no ocupan el lugar del Hijo al que Dios manda oír.

Pedro recordará esta voz como recibida desde la majestuosa gloria del Padre. Su testimonio dirige hacia el Señor Jesucristo y hacia la palabra a la que los creyentes hacen bien en prestar atención. La respuesta adecuada es confianza, adoración y una obediencia que nace de la gracia del Salvador (2 Pedro 1:16–19).

Texto original y sentido

Νεφέλη φωτεινή —nephélē phōteinḗ— es la «nube luminosa» que Mateo describe. El mandato ἀκούετε αὐτοῦ —akoúete autoû— significa «escúchenlo a él». El pronombre dirige la respuesta hacia Jesús: el Hijo amado es la autoridad que debe gobernar la comprensión de lo que los discípulos ven y del camino que han de seguir.

Mateo 17:6 north

Los discípulos se postran al oír la voz del Padre

La revelación provoca un temor profundo. Los discípulos caen rostro en tierra y serán levantados por Jesús, cuya cercanía les permitirá continuar escuchando y seguir el camino.

Explicación del versículo

«Al oírlo» relaciona la reacción con la voz que acaba de identificar a Jesús como Hijo amado y mandar que lo escuchen. La escena no se limita al asombro ante un rostro resplandeciente. Los discípulos reciben una palabra divina que pone de manifiesto la santidad y la autoridad del encuentro.

Caen rostro en tierra. La postura expresa su condición ante una revelación que no dominan y que los sobrepasa. Mateo añade que tuvieron mucho miedo, pero no describe aquí una reprensión contra ese temor. La respuesta que sigue será la cercanía de Jesús, su toque y su palabra para que se levanten.

La Escritura presenta reacciones semejantes ante manifestaciones celestiales. Daniel cuenta que, al oír unas palabras, cayó con el rostro en tierra y necesitó ser tocado y fortalecido para ponerse en pie. La relación ayuda a reconocer un patrón de temor y ayuda sin identificar automáticamente a cada figura de los dos relatos como si fueran la misma persona (Daniel 10:9–12).

El temor no reemplaza el mandato de escuchar. La voz del Padre no ha sido dada para que los discípulos queden inmovilizados indefinidamente, sino para confirmar al Hijo. La ayuda de Jesús hará posible que vuelvan a levantar los ojos y permanezcan con él. La revelación de su gloria está unida al cuidado de quienes la reciben.

El contexto también impide confundir esta reacción con todo uso posterior de la palabra incredulidad. Aquí los discípulos están sobrecogidos ante la voz divina; al bajar del monte aparecerá otro encuentro, en el que Jesús confrontará una falta de fe. Cada escena debe ser comprendida por lo que narra, sin convertir cualquier miedo en una explicación uniforme de la vida espiritual.

Para el lector, el versículo invita a recibir la majestad de Dios con reverencia y a reconocer la necesidad de su gracia. La cercanía al Señor no elimina su santidad ni hace al discípulo dueño de la experiencia. El Hijo amado es quien se aproxima, consuela y permite seguir escuchando al Padre por medio de su palabra.

Texto original y sentido

Ἔπεσαν ἐπὶ πρόσωπον αὐτῶν —épesan epì prósōpon autôn— describe que cayeron sobre su rostro. Ἐφοβήθησαν σφόδρα —ephobḗthēsan sphódra— expresa la intensidad del temor. El relato no añade que hayan perdido el conocimiento o que esta postura deba ser reproducida como una condición para recibir a Dios.

Mateo 17:7 north

La gloria del Hijo no impide su cercanía misericordiosa

Jesús se acerca a los discípulos atemorizados, los toca y los llama a levantarse. La autoridad revelada en el monte se expresa también en su cuidado personal.

Explicación del versículo

La iniciativa vuelve a estar en Jesús. Los discípulos han caído con el rostro en tierra; él se aproxima y los toca. No queda separado de ellos por la manifestación de gloria ni exige que produzcan primero una seguridad propia para poder recibir ayuda. El mismo Señor que han visto transfigurado se hace cercano en su fragilidad.

El toque acompaña a la palabra. Mateo lo presenta como una acción concreta dentro del encuentro, no como un detalle que el lector tenga que completar mediante imaginación. La voz del Padre ha confirmado al Hijo, y ahora el Hijo atiende a quienes la han oído. La santidad de Dios y la misericordia de Cristo permanecen unidas.

«Levántense» devuelve a los discípulos la posibilidad de continuar en la escena. «No tengan miedo» orienta su respuesta hacia la confianza. Jesús no niega que hayan recibido una revelación sobrecogedora; les habla desde su propia presencia y autoridad. El consuelo no depende de fingir que nada extraordinario ha sucedido.

Algo semejante había ocurrido sobre el mar, cuando el temor llevó a los discípulos a interpretar mal la llegada de Jesús. Él les habló para identificarse y dar ánimo; después sostuvo a Pedro. Las situaciones son distintas, pero muestran la continuidad del Señor que se da a conocer y socorre a los suyos (Mateo 14:26–27, 14:31–33).

Después de resucitar, Jesús también dirá a las mujeres que no teman y les encomendará llevar una noticia a sus hermanos. Apocalipsis lo presenta tocando al testigo caído a sus pies y afirmando que vive para siempre. El cuidado del Salvador no se limita a una sola etapa de su ministerio: su dignidad y su cercanía sostienen la fe (Mateo 28:9–10; Apocalipsis 1:17–18).

Para el lector, la escena dirige la confianza hacia Cristo. La respuesta al temor no consiste en dominar una experiencia religiosa, sino en recibir su palabra y reconocer su gracia. Él levanta a los suyos para que sigan escuchándolo y caminando tras él, sin convertir la debilidad en un lugar definitivo.

Texto original y sentido

Ἐγέρθητε —egérthēte— significa aquí «levántense». El contexto es ponerse en pie después de caer rostro en tierra; no afirma que los discípulos hayan muerto y resucitado en ese momento. Μὴ φοβεῖσθε —mḕ phobeîsthe— comunica la llamada a no temer, fundada en la cercanía del Señor.

Mateo 17:8 north

La manifestación termina con Jesús ante sus discípulos

Al levantar los ojos, los discípulos ven a Jesús solo. Moisés y Elías han acompañado el testimonio, pero el Hijo permanece como el Señor a quien deben escuchar y seguir.

Explicación del versículo

La mirada de los discípulos vuelve a levantarse después del toque y la palabra de Jesús. El cambio de postura permite percibir el desenlace de la visión: ya no ven a Moisés y Elías, sino únicamente al Señor. El relato concentra de manera visible la atención donde la voz del Padre la había dirigido.

«Jesús solo» no significa que las figuras anteriores carezcan de valor o que su testimonio deba ser despreciado. Han aparecido en una escena de continuidad con la revelación de Dios. Su partida distingue el lugar de los servidores y el del Hijo que permanece con los discípulos. La ley y los profetas conducen a Cristo sin ocupar su lugar.

El propio Jesús había dicho que no vino a abolir la ley y los profetas, sino a cumplirlos. Ese marco ayuda a recibir la escena sin enfrentar al Salvador con la palabra anterior de Dios. La centralidad del Hijo organiza la comprensión de aquella revelación y muestra hacia dónde debe dirigirse la confianza (Mateo 5:17).

Hebreos expresa una distinción semejante al reconocer la fidelidad de Moisés como servidor y presentar a Cristo como Hijo sobre la casa de Dios. Honrar a los testigos no exige convertirlos en autoridades independientes del Señor. El centro de la esperanza permanece en el que revela al Padre y realiza la obra salvadora (Hebreos 3:5–6).

El desenlace prepara también la bajada del monte. El relato continúa hacia la bajada con Jesús, en vez de desarrollar la propuesta de las tres enramadas. Los discípulos recibirán de él una orden sobre el testimonio, una explicación acerca de Elías y otra afirmación sobre el sufrimiento del Hijo del Hombre. La gloria contemplada debe acompañar una escucha obediente en el camino.

Para el lector, la frase invita a mantener a Cristo como centro de la fe. El testimonio apostólico declarará que en ningún otro hay salvación. La gracia recibida por medio del Hijo no necesita otros salvadores que la completen; llama a confiar en él y a servir dentro de la comunidad que le pertenece (Hechos 4:11–12).

Texto original y énfasis

La expresión οὐδένα εἶδον εἰ μὴ αὐτὸν Ἰησοῦν μόνον —oudéna eîdon ei mḕ autòn Iēsoûn mónon— concentra la mirada: no vieron a nadie excepto a Jesús solo. El énfasis pertenece al desenlace de esta manifestación y confirma narrativamente la orden de escuchar al Hijo.

Mateo 17:9 north

La visión debe ser anunciada a la luz de la resurrección

Jesús ordena guardar silencio sobre lo visto hasta que resucite. La gloria del monte no debe separarse de la entrega y la victoria que dan sentido a su misión.

Explicación del versículo

La bajada introduce una nueva fase de la escena. Los discípulos han contemplado la gloria y escuchado la voz del Padre, pero aún no reciben autorización para contar la visión. Jesús dirige el momento del testimonio, del mismo modo que antes había mandado no anunciar todavía que él era el Cristo.

La restricción tiene un límite expreso: hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos. No convierte el conocimiento de Jesús en un secreto que deba guardarse para siempre. Sitúa el anuncio dentro de una historia que todavía debe pasar por el sufrimiento y la muerte y que será iluminada por su victoria.

El contexto explica por qué esa relación importa. Pedro había confesado al Cristo y después había rechazado el anuncio de su muerte. La visión gloriosa podría ser mal comprendida si se la utilizara para excluir la cruz. Jesús mantiene unidas ambas realidades: el Hijo amado es quien se entrega y resucita, no una figura que pueda ser definida solo mediante el esplendor contemplado (Mateo 16:20–23).

Marcos añade que los discípulos guardaron aquello entre sí y discutían qué significaba resucitar de entre los muertos. La observación muestra que la experiencia no ha completado automáticamente su entendimiento. Deben seguir aprendiendo del Señor y recibir la obra que les ha anunciado antes de transmitir plenamente su significado (Marcos 9:9–10).

Después de resucitar, Jesús les encomendará hacer discípulos de todas las naciones. El silencio presente y la proclamación posterior pertenecen a etapas distintas de la misma misión. El testimonio cristiano tendrá su fundamento en el Salvador crucificado y vivo, que ha recibido toda autoridad y permanece con los suyos (Mateo 28:18–20).

Para el lector, la orden invita a dejar que Cristo determine tanto el contenido como el propósito del testimonio. Una experiencia impresionante no debe ocupar el lugar del evangelio. La fe recibe su gloria y su cruz juntas, y reconoce en la resurrección la victoria del Hijo por quien tiene acceso al Padre.

Texto original y sentido

Ὅραμα —hórama— nombra la visión, lo que han contemplado en el monte. En este relato no significa que Jesús haya sido una ilusión: los discípulos han recibido una manifestación y Lucas los describe despiertos al verla. La expresión «hasta que… resucite» establece el límite del silencio, no una negación de la realidad de lo visto.

Mateo 17:10 north

Los discípulos preguntan por la promesa acerca de Elías

La aparición en el monte y la palabra sobre la resurrección llevan a una pregunta acerca del orden de la misión. Los discípulos necesitan comprender la enseñanza sobre Elías a la luz de lo que Jesús revela.

Explicación del versículo

La conversación continúa mientras bajan del monte. Han visto a Elías junto a Moisés y han oído que no deben contar la visión hasta después de la resurrección. En ese marco, preguntan por la enseñanza de los escribas de que Elías debe venir primero. La experiencia extraordinaria no ha eliminado su necesidad de interpretar la Escritura.

La pregunta tiene un fundamento profético. Malaquías anuncia el envío de Elías antes del día de Jehová y relaciona su misión con el retorno de los corazones. Por eso Jesús no responderá negando que exista esa promesa. Los discípulos deben aprender cómo se cumple y cómo se relaciona con el camino del Hijo del Hombre (Malaquías 4:5–6).

La referencia a los escribas no convierte toda enseñanza de ellos en falsa por proceder de ese grupo. El capítulo anterior había advertido contra una influencia que resistía a Cristo; aquí una afirmación basada en la profecía recibe una explicación del propio Señor. La fidelidad requiere discernir el contenido y su relación con la revelación, en vez de juzgar solo por el nombre de quien lo comunica.

«Primero» hace visible una preocupación por el orden. Los discípulos han reconocido al Cristo, pero necesitan relacionar su presencia con la misión del precursor. La respuesta los llevará hacia Juan el Bautista y después volverá al sufrimiento de Jesús. El cumplimiento no será descrito como una sucesión de éxitos sin oposición.

Marcos conserva la misma pregunta y une la respuesta sobre Elías con lo escrito acerca del padecimiento y desprecio del Hijo del Hombre. La relación impide separar la esperanza profética de la realidad del rechazo. La gloria vista en el monte no elimina aquello que Jesús ha anunciado sobre su muerte y resurrección (Marcos 9:11–13).

Para el lector, la pregunta ofrece una forma de aprender: llevar ante Cristo lo que parece difícil de relacionar y escuchar el desarrollo completo de su respuesta. El propósito no es construir una cronología que prescinda de él, sino comprender mejor la fidelidad de Dios y seguir al Salvador tal como se revela.

Texto original y sentido

Ἠλίαν δεῖ ἐλθεῖν πρῶτον —Ēlían deî eltheîn prôton— expresa que «Elías debe venir primero». La frase presenta la enseñanza por la que preguntan. Jesús confirmará su base y aclarará su aplicación, de modo que el versículo debe leerse con la respuesta de los versículos 11–13.

Mateo 17:11 north

Jesús confirma la promesa y prepara su explicación del cumplimiento

El Señor reconoce la venida y la tarea restauradora de Elías. La frase no debe aislarse de lo que añade después: Elías ya vino y los discípulos deben reconocer la misión de Juan.

Explicación del versículo

Jesús comienza afirmando la realidad de la expectativa profética. No rechaza la promesa de Malaquías ni trata la pregunta de los discípulos como si careciera de fundamento. La restauración anunciada pertenece al propósito de Dios y debe ser comprendida desde su palabra.

Malaquías vincula esa misión con hacer volver el corazón de los padres a los hijos y el de los hijos a sus padres. El horizonte es una respuesta renovada al Señor, frente a una infidelidad que conduce al juicio. Por ello, «restaurará» no se reduce a reorganizar una institución o a resolver un problema político. La promesa alcanza la relación del pueblo con Dios y la obediencia que debe nacer de ella (Malaquías 4:4–6).

Lucas aplica ese marco al nacimiento de Juan. El ángel anuncia que estará lleno del Espíritu Santo, hará volver a muchos al Señor e irá con el espíritu y el poder de Elías para preparar un pueblo dispuesto. Esta relación permite reconocer el sentido de la restauración en la misión del precursor, sin convertirlo en un salvador independiente de Cristo (Lucas 1:15–17).

La amplitud de «todas las cosas» debe recibirse dentro de esa tarea profética. El pasaje no ofrece un catálogo de cada aspecto del mundo que deba alcanzar perfección antes de que aparezca el Mesías. Habla de la obra preparatoria anunciada y, en el versículo siguiente, del rechazo que encontró. La restauración verdadera puede ser proclamada y recibida por muchos sin que desaparezca toda oposición.

La forma futura «restaurará» recoge la promesa, pero Jesús añadirá inmediatamente que Elías ya vino. Ambas frases pertenecen a una misma respuesta. El lector no debe detenerse en la primera para construir un calendario separado de la identificación que Mateo hará con Juan. El centro inmediato es comprender lo que Dios ha realizado mediante su mensajero.

La esperanza profética conduce finalmente al Hijo. Juan prepara, llama al arrepentimiento y señala a quien viene después de él. Cristo realiza la salvación por su gracia. La respuesta de los discípulos debe ser reconocer esa fidelidad divina y aceptar que el cumplimiento incluye el camino del Salvador hacia la entrega y la resurrección.

Texto original y continuidad

Ἀποκαταστήσει —apokatastḗsei— significa «restaurará» o restablecerá. La afirmación inicial está seguida por el contraste «pero les digo» del versículo 12. Esa continuidad es decisiva: Jesús confirma la promesa y explica su cumplimiento, en vez de dejar una predicción aislada de la conversación.

Mateo 17:12 north

El rechazo del precursor anuncia el sufrimiento del Hijo del Hombre

Jesús afirma que Elías ya vino y no fue reconocido. El trato recibido por ese mensajero prepara la comprensión del rechazo que también encontrará el propio Salvador.

Explicación del versículo

«Pero les digo» introduce la aclaración que los discípulos necesitan. La promesa de la venida de Elías no se encuentra únicamente ante ellos como algo todavía no realizado: Jesús afirma que ya vino. Mateo explicará en el siguiente versículo que se refiere a Juan el Bautista. La respuesta debe seguirse hasta esa identificación.

No reconocerlo significa no recibir debidamente el carácter de su misión. Eso no implica que nadie haya valorado a Juan: Jesús mismo lo había reconocido como más que un profeta y el relato de su muerte menciona a una multitud que lo tenía por profeta. La denuncia se dirige a la respuesta de quienes lo rechazaron y sometieron a su propia voluntad (Mateo 11:7–11; 14:5).

«Hicieron con él cuanto quisieron» recuerda el desenlace de su ministerio. Herodes lo encarceló y, durante la celebración de su cumpleaños, ordenó su muerte. El poder humano pudo ejercer violencia contra el mensajero, pero no convirtió en falso lo que había anunciado. La fidelidad a Dios no se mide únicamente por la protección o aprobación que recibe un testigo (Mateo 14:3–12).

Jesús relaciona ese rechazo con el suyo: «Así también el Hijo del Hombre va a sufrir». La aparición gloriosa de Elías en el monte no proporciona una razón para excluir el padecimiento de Cristo. La historia del precursor muestra, dentro del cumplimiento profético, la resistencia que encuentra la palabra de Dios.

La semejanza no hace equivalentes todas las muertes. Juan prepara el camino; Jesús da su vida como rescate y resucita. El sufrimiento del Hijo tiene un significado salvador que el testigo no puede sustituir. Los discípulos han de reconocer al mismo Cristo glorioso y recibir su misión completa, sin oponer la majestad al sacrificio (Mateo 16:21; 20:28).

Para el lector, el versículo sostiene una esperanza que no depende de negar la violencia o el dolor. Dios cumple su palabra en un mundo que puede resistirla. La fe mira al Salvador crucificado y resucitado, y aprende a perseverar en la verdad con humildad, dejando en sus manos la victoria definitiva.

Texto original y sentido

Ἤδη ἦλθεν —ḗdē êlthen— significa «ya vino» y precisa el cumplimiento que Jesús está explicando. La expresión «así también» enlaza el padecimiento del precursor con el del Hijo del Hombre. La conexión trata del rechazo que sufrirán, sin convertir al precursor en la fuente de la salvación.

Mateo 17:13 north

Los discípulos reconocen a Juan en la explicación sobre Elías

Mateo hace explícito el sentido de la respuesta: Jesús les hablaba de Juan el Bautista. La promesa se comprende mediante su misión de precursor, no mediante una confusión de identidades personales.

Explicación del versículo

«Entonces comprendieron» cierra la conversación con un avance real. Los discípulos habían preguntado cómo relacionar la enseñanza acerca de Elías con lo que estaban viviendo. Jesús confirmó la promesa, afirmó que ya había venido y habló de su rechazo. Ahora reconocen que se refiere a Juan.

Mateo ya había recogido una afirmación semejante en el discurso acerca del Bautista: «él es Elías, el que había de venir». La escena del monte y la explicación posterior no introducen un mensajero desconocido que los discípulos deban buscar en otra parte. Los llevan a reconocer el significado del precursor que Dios ha enviado (Mateo 11:13–15).

Lucas aclara la relación al anunciar que Juan irá con el espíritu y el poder de Elías, preparando para el Señor un pueblo dispuesto. La comparación describe su misión profética y su llamado al retorno a Dios. El mismo anuncio dice que será lleno del Espíritu Santo. No presenta una reencarnación ni la transmisión del alma de Elías a otra persona (Lucas 1:15–17).

El evangelio de Juan recoge, por su parte, que el Bautista niega ser Elías y se identifica como la voz que prepara el camino. La distinción entre identidad personal y función profética permite recibir ambos testimonios: Juan no afirma ser el antiguo profeta en persona, mientras Jesús reconoce en su ministerio la misión anunciada. La escena misma distingue al Elías aparecido en el monte del Bautista de quien ahora hablan (Juan 1:19–27).

Comprender esta relación no es solo resolver un nombre. Significa aceptar que el cumplimiento de Dios ha ocurrido en un mensajero que fue rechazado y que el Hijo también debe padecer. La gloria contemplada no elimina la necesidad de escuchar al Salvador cuando anuncia su entrega. La palabra del Maestro corrige una expectativa incompleta.

Para el lector, el desenlace invita a recibir la Escritura desde la explicación de Cristo y a reconocer el lugar de sus testigos. Juan no ocupa el centro de la esperanza: prepara para el Señor. La fe agradece su ministerio y se dirige hacia Jesús, el Hijo que revela al Padre y por cuya gracia llega la salvación.

Texto original y sentido

Περὶ Ἰωάννου τοῦ βαπτιστοῦ —perì Iōánnou toû baptistoû— identifica expresamente el tema: «acerca de Juan el Bautista». La precisión del evangelista gobierna la lectura de los versículos anteriores. No deja la referencia inmediata a Elías como un enigma sin resolver dentro de esta conversación.

Mateo 17:14 north

Un padre se arrodilla ante el Señor para pedir ayuda

Al regresar a la multitud, Jesús recibe a un hombre cuyo hijo padece gravemente. La gloria contemplada en el monte queda unida al cuidado concreto del Salvador.

Explicación del versículo

La llegada a la multitud cambia el escenario, pero no la identidad de Jesús. Los discípulos han visto su esplendor y oído al Padre; ahora lo encontrarán ante una necesidad que otros no han podido resolver. El relato une revelación y misericordia en el mismo Hijo, sin tratar el sufrimiento humano como un asunto ajeno a su misión.

El hombre se acerca y se arrodilla ante él. Su postura expresa una petición dirigida a quien reconoce como capaz de ayudar. Mateo no da aquí su nombre ni una descripción completa de su historia. El foco está en su llegada al Señor y en las palabras que pronunciará acerca de su hijo.

Marcos describe una multitud alrededor de los discípulos y una discusión con unos escribas. Lucas sitúa el encuentro al día siguiente de la subida al monte y señala que el muchacho era el único hijo del padre. Cada relato aporta aspectos de la situación; Mateo concentra la atención en la súplica y en el contraste entre la incapacidad de los discípulos y la autoridad de Jesús (Marcos 9:14–18; Lucas 9:37–40).

El padre no llega con una explicación triunfal de lo que ha sucedido. Tendrá que contar tanto el padecimiento de su hijo como el intento fallido de obtener ayuda mediante los discípulos. La narración no oculta esa realidad. El hombre puede llevar ante Cristo una necesidad que sigue abierta y una decepción que el relato examinará.

El lugar de los discípulos también será aclarado. Habían recibido autoridad de Jesús para servir, pero no son una fuente de poder independiente. El encuentro hará visible su necesidad de fe y dependencia. La atención final no se dirigirá a preservar su prestigio, sino a la liberación y sanidad que el Señor concede al muchacho.

Para el lector, la escena invita a acercar al Salvador el sufrimiento de otros con humildad y verdad. La fe no necesita ocultar lo que todavía no ha sido resuelto. El centro de la esperanza permanece en Jesucristo, cuya dignidad divina se manifiesta también en la compasión que atiende a una familia.

Texto original y sentido

Γονυπετῶν —gonypetôn— describe al hombre arrodillándose ante Jesús. El gesto acompaña la súplica que sigue; no se presenta como una técnica capaz de obligar al Señor. Su función es mostrar el acercamiento respetuoso de quien reconoce su necesidad.

(Marcos 9:14–29; Lucas 9:37–43)

Mateo 17:15 north

La súplica del padre presenta un sufrimiento grave y repetido

El hombre pide compasión para su hijo y describe convulsiones que lo exponen al fuego y al agua. Su petición se dirige al Señor que puede socorrerlo, sin ocultar la gravedad de lo que padece.

Explicación del versículo

«Señor, ten compasión de mi hijo» sitúa la necesidad ante la misericordia de Jesús. La petición no se apoya en un mérito que el padre presente como precio de la ayuda. Habla por su hijo y lo lleva al que reconoce como Señor. El sufrimiento de una persona se convierte en una súplica amorosa de otra.

La descripción subraya la intensidad y la repetición: padece terriblemente y muchas veces cae en el fuego o en el agua. El peligro forma parte real de la escena. Mateo no utiliza el caso solo como ocasión para una enseñanza abstracta sobre la fe; el muchacho necesita ser librado de lo que lo daña y recibir cuidado concreto.

Marcos aporta un relato más extenso de los episodios y de la conversación con el padre. Lucas habla de sacudidas violentas y de un espíritu que deja al hijo maltrecho. Mateo resumirá la liberación diciendo que el demonio salió y el muchacho quedó sano. Los tres relatos identifican una oposición espiritual en este caso, sin ofrecer una clasificación médica general de condiciones semejantes (Marcos 9:17–22; Lucas 9:39–42).

La súplica también debe leerse junto a la respuesta final de Jesús. El padre no será enviado a resolver primero por sí solo toda su dificultad de fe. Marcos recoge su clamor: «¡Creo! ¡Ayúdame en mi incredulidad!». El centro del encuentro sigue siendo el Salvador que escucha y actúa, no una perfección interior que el necesitado deba producir antes de pedir ayuda (Marcos 9:23–27).

El relato permite reconocer el valor del hijo sin reducirlo a los síntomas que lo afligen. El padre lo presenta como alguien amado que sufre, y Jesús lo atenderá. La respuesta de la fe incluye esa mirada hacia la persona y su necesidad, además de la confianza en la autoridad del Señor.

Para el lector, la oración invita a presentar el dolor con sencillez y sin una apariencia de control. La gracia de Cristo no exige disimular la gravedad de lo vivido. Acudir a él significa reconocer tanto la necesidad como la misericordia de aquel en quien se ha puesto la esperanza.

Texto original y expresión de la condición

Σεληνιάζεται —selēniázetai— es el verbo que la NTBT expresa aquí como «sufre convulsiones». La antigua formulación «lunático» está asociada con el lenguaje de la luna, pero no debe convertirse por su etimología en una explicación causal que el pasaje demuestre. Mateo describe los episodios y, en el versículo 18, la liberación particular que Jesús realiza. No autoriza atribuir el mismo origen a todo padecimiento que tenga manifestaciones parecidas.

Mateo 17:16 north

La incapacidad de los discípulos no es el límite de Jesús

El padre cuenta que había llevado a su hijo a los discípulos y que no pudieron sanarlo. La dificultad abre una enseñanza sobre la dependencia del Señor y dirige la esperanza hacia él.

Explicación del versículo

La petición incluye un antecedente doloroso: ya había buscado ayuda en quienes seguían a Jesús. El padre no oculta que ese intento fracasó. Mateo incorpora su testimonio sin proteger a los discípulos mediante una versión más favorable de lo sucedido. El relato debe ser escuchado desde la necesidad del muchacho, además de desde la formación del grupo.

Los doce habían recibido autoridad sobre espíritus impuros y para sanar. Por eso el fracaso no se explica simplemente diciendo que nunca se les había confiado ese servicio. La pregunta posterior de los discípulos y la respuesta de Jesús mostrarán que el encargo no elimina la necesidad de fe y dependencia continua (Mateo 10:1, 10:7–8).

Mateo habla aquí de no poder sanarlo; Marcos y Lucas describen el intento de expulsar al espíritu. La diferencia de expresión no cambia el centro de la escena, pues el desenlace reunirá liberación y sanidad. La condición concreta del muchacho necesita una respuesta que los discípulos no han conseguido dar (Marcos 9:18; Lucas 9:40).

La incapacidad de los servidores no determina la capacidad de su Maestro. El padre lleva la dificultad a Jesús y el Señor ordenará acercar al hijo. La autoridad de Cristo no depende del éxito previo del grupo ni queda disminuida por su fracaso. El texto vuelve a situar en él, no en la reputación de los discípulos, la fuente del bien que se necesita.

Más adelante, Jesús responderá directamente a los discípulos acerca de su poca fe. Esa explicación pertenece a esta escena y debe conservar su destinatario. No ofrece una regla para acusar de falta de fe a todo enfermo o a cualquier persona cuya petición no haya tenido el mismo desenlace. El relato habla de una responsabilidad que el Señor señala a quienes habían recibido una misión concreta.

Para quien sirve a Cristo, el versículo invita a reconocer las limitaciones con honestidad y a volver a él para aprender. El encargo no es una propiedad que pueda ejercerse al margen del Señor. La gracia sostiene el servicio y llama a una confianza que necesita permanecer unida a su palabra.

Exégesis del fracaso

El padre afirma un hecho que la continuación confirmará; no está declarando que Jesús carezca de poder. Los discípulos preguntarán por su propia incapacidad en el versículo 19. Esa distinción permite leer el episodio como revelación del Salvador y formación de sus enviados, sin confundir la autoridad de uno con la suficiencia de los otros.

Mateo 17:17 north

La reprensión de Jesús conduce a una acción de misericordia

El Señor confronta la incredulidad y ordena que le traigan al muchacho. La severidad de su palabra no termina en abandono: prepara la liberación que solo él puede realizar.

Explicación del versículo

Jesús responde con una denuncia de la generación incrédula y perversa. La frase alcanza el ambiente de resistencia y falta de confianza que la escena ha puesto de manifiesto. La conversación privada posterior señalará de manera particular la poca fe de los discípulos, de modo que ellos no pueden situarse fuera de la corrección.

El lenguaje recuerda el cántico de Moisés, que confronta a una generación torcida frente al Dios fiel y habla de hijos en los que no hay fidelidad. La relación subraya el contraste entre la obra de Dios y una respuesta que no corresponde a ella. No se trata de convertir el sufrimiento del muchacho en una acusación contra su valor personal (Deuteronomio 32:4–6, 32:20).

Las preguntas «¿Hasta cuándo…?» expresan el peso de esa falta de fe dentro de la misión de Jesús. El capítulo ha mostrado su gloria y volverá a anunciar su entrega. Aun así, el hecho de estar con él no ha producido en sus discípulos toda la confianza que necesitan. La revelación recibida reclama una respuesta más profunda.

La última orden es decisiva: «Tráiganmelo aquí». Jesús no hace de la corrección una razón para dejar al hijo sin ayuda. El Señor dirige hacia su propia presencia la necesidad que sus seguidores no han podido atender. El relato continúa mediante una acción misericordiosa, y no mediante una condena definitiva del padre o del muchacho.

Lucas conserva la orden dirigida al padre de acercar a su hijo, y Marcos dice que se lo llevaron. La amplitud de la reprensión y la concreción del cuidado deben mantenerse juntas. El Salvador toma en serio la incredulidad y, al mismo tiempo, actúa para liberar a quien sufre (Lucas 9:41–42; Marcos 9:19–20).

Para el lector, la escena invita a recibir la corrección sin separarla de la gracia. La respuesta no es defender una apariencia de fe suficiente, sino llevar la necesidad a Cristo y escuchar su palabra. Su autoridad expone la falta de confianza y hace visible una misericordia que no puede ser sustituida por el prestigio religioso.

Texto original y sentido

Ἄπιστος καὶ διεστραμμένη —ápistos kaì diestramménē— caracteriza a la generación como incrédula y desviada o perversa. El contexto debe determinar el alcance de la denuncia. La orden φέρετέ μοι αὐτὸν ὧδε —phéreté moi autòn hôde— centra la respuesta práctica: «tráiganmelo aquí», ante Jesús.

Mateo 17:18 north

La autoridad de Jesús libera y restaura al muchacho

El demonio sale ante la reprensión del Señor y el hijo queda sano. El desenlace dirige la atención hacia Cristo, cuya misericordia responde a la necesidad que los discípulos no habían podido atender.

Explicación del versículo

Jesús actúa después de ordenar que le traigan al muchacho. La reprensión produce la salida del demonio y la sanidad se afirma desde aquel momento. Mateo concentra en una frase el desenlace del encuentro. La gravedad del padecimiento no se convierte en un límite para la autoridad del Señor.

El pronombre de «lo reprendió» se aclara mediante la continuación y los paralelos. Marcos dice expresamente que Jesús reprendió al espíritu impuro y le ordenó salir; Lucas conserva también la reprensión al espíritu. La acción está dirigida a liberar al hijo de lo que lo oprime, no a censurarlo por el hecho de sufrir (Marcos 9:25–27; Lucas 9:42).

La salida del demonio y la recuperación corporal aparecen juntas. El relato presenta ambas realidades en este caso, sin reducir una a la otra ni elaborar una explicación de toda enfermedad. El lector debe mantener la particularidad de lo narrado y reconocer el bien concreto que recibe el muchacho.

Marcos añade que quedó como muerto, que muchos pensaban que había muerto y que Jesús lo tomó de la mano y lo levantó. Mateo resume el resultado como sanidad desde aquella hora. La descripción más extensa permite apreciar la intensidad del encuentro sin añadir a la frase de Mateo detalles que él no transcribe.

La diferencia entre Cristo y sus servidores queda clara. Los discípulos habían recibido autoridad, pero habían fracasado y necesitarán aprender de él. Jesús sigue siendo la fuente del poder que se les confía. La liberación del muchacho no sirve para justificar su prestigio, sino para revelar al Salvador que actúa con autoridad y compasión.

El Padre acaba de mandar que se escuche al Hijo. La escena muestra que esa palabra debe acompañar la comprensión de sus obras: el mismo Jesús glorioso cuida de una persona vulnerable y la restaura. La respuesta adecuada es confiar en él, agradecer su misericordia y aprender a servir bajo su autoridad.

Texto original y sentido

Ἐπετίμησεν —epetímēsen— expresa una reprensión u orden autoritativa. El contexto identifica al demonio que sale como destinatario de esa acción. Ἐθεραπεύθη —etherapeúthē— afirma que el muchacho fue sanado. El resultado es efectivo y no queda reducido a una nueva interpretación de su sufrimiento.

Mateo 17:19 north

Los discípulos llevan su fracaso al Maestro para aprender

La pregunta privada vuelve la atención hacia la formación de quienes han recibido un encargo. Necesitan comprender por qué no pudieron expulsar al demonio y qué dependencia exige su servicio.

Explicación del versículo

Después de la liberación del muchacho, los discípulos se acercan a Jesús en privado. El episodio no termina únicamente con el resultado visible. El Señor continuará atendiendo a quienes han de servir en su nombre y que necesitan una comprensión más profunda de lo sucedido.

La pregunta destaca «nosotros». Ellos han visto que Jesús ha podido hacer lo que no lograron. La diferencia no se oculta ni se resuelve atribuyendo automáticamente la culpa al padre o al hijo. Se dirige al Maestro una pregunta sobre su propia actuación y sobre la autoridad que les había sido confiada.

Mateo ya había narrado el encargo de expulsar espíritus impuros y sanar. Por eso los discípulos no parten de una actividad completamente ajena a su misión. Deben aprender que un don y una comisión no eliminan la relación continua con quien los concede. El servicio no funciona como una capacidad apropiada que pueda ejercerse al margen de Cristo (Mateo 10:1, 10:8).

Marcos sitúa la misma pregunta en una casa y recoge la respuesta sobre la oración. Mateo destaca primero la poca fe y la imagen del grano de mostaza. Los dos relatos dirigen hacia la dependencia de Dios, sin ofrecer una técnica autónoma para ejercer poder espiritual. La ayuda procede del Señor y su palabra debe formar a los servidores (Marcos 9:28–29).

La privacidad no obliga a inventar vergüenza, rivalidad o un deseo oculto de competir con Jesús. El texto muestra que preguntan y que recibirán respuesta. Esa disposición permite que el fracaso se convierta en ocasión de enseñanza, en lugar de ser protegido por excusas o convertido en una identidad definitiva.

Para quien sigue a Cristo, la escena invita a reconocer la necesidad de aprender después de una dificultad. La gracia sostiene una obediencia que no presume de autosuficiencia. Volver al Señor significa aceptar su corrección y permanecer unido a él, de modo que el servicio tenga su centro en el bien del prójimo y en la gloria de Dios.

Texto original y énfasis

Διὰ τί ἡμεῖς οὐκ ἠδυνήθημεν —Dià tí hēmeîs ouk ēdynḗthēmen— pregunta «¿por qué nosotros no pudimos?». El pronombre aparece expresamente y concentra la pregunta en los discípulos. La respuesta siguiente debe conservar ese destinatario al aplicar la enseñanza sobre la fe.

Mateo 17:20 north

La fe depende del poder de Dios y no de la suficiencia del discípulo

Jesús corrige la poca fe de los discípulos y utiliza la pequeña semilla de mostaza para afirmar la grandeza de lo que Dios puede hacer. La confianza verdadera no convierte al creyente en dueño del poder divino.

Explicación del versículo

La respuesta identifica una falta concreta de los discípulos: su poca fe. Ellos habían preguntado por su incapacidad, y Jesús no sitúa aquí la causa en una indignidad del muchacho o en un defecto que el padre debiera corregir antes de recibir ayuda. La enseñanza debe aplicarse primero a los enviados que han recibido una misión y necesitan depender de su Señor.

La expresión continúa las correcciones anteriores acerca de la poca fe. Pedro había sido sostenido sobre el mar y el grupo había necesitado recordar las dos alimentaciones. Ser discípulos verdaderos no significa haber alcanzado una confianza madura en cada situación. La gracia de Cristo incluye la corrección que los lleva a reconocer su dependencia.

El grano de mostaza presenta una pequeñez reconocible, como en la parábola del reino. La comparación no exige calcular una cantidad interior de emoción ni supone que el poder proceda del tamaño psicológico de la convicción. Una fe pequeña puede dirigirse al Dios poderoso; el resultado no nace de la autosuficiencia de quien cree (Mateo 13:31–32).

Mover un monte expresa la superación de algo humanamente imposible. Mateo no narra aquí que los discípulos trasladaran físicamente una montaña: el acontecimiento que ha motivado la enseñanza es la liberación del muchacho. La imagen afirma la eficacia del poder de Dios frente a un obstáculo que los servidores no podían vencer por sus propios medios.

«Nada les será imposible» debe recibirse dentro de la misión y de la relación con el Señor. No autoriza a convertir todo deseo humano en un mandato que Dios esté obligado a ejecutar. En otra enseñanza sobre el monte y la oración, Marcos comienza con «Tengan fe en Dios». El objeto de la confianza es decisivo: no se pide fe en la propia capacidad de creer (Marcos 11:22–25).

Jesús mismo orará al Padre sometiendo su petición a su voluntad. Juan relaciona también la confianza de la oración con pedir conforme a ella. Esa obediencia no debilita la fe, sino que la sitúa en una relación verdadera con Dios. La promesa no elimina la soberanía del Padre ni convierte al Hijo en un recurso al servicio de cualquier ambición (Mateo 26:39; 1 Juan 5:14–15).

Pablo utilizará también la imagen de una fe capaz de mover montañas y afirmará que, sin amor, la persona nada es. Los dones no sustituyen una vida transformada por la gracia. Para el lector, la respuesta es confiar en Cristo, recibir su palabra y servir con amor, sin hacer de una obra extraordinaria la medida de la dignidad o de la aceptación de alguien ante Dios (1 Corintios 13:1–3).

Texto original y sentido

Ὀλιγοπιστία —oligopistía— expresa la poca fe que Jesús corrige. Πίστιν ὡς κόκκον σινάπεως —pístin hōs kókkon sinápeōs— presenta la fe «como un grano de mostaza». La relación entre ambas frases llama a una dependencia real de Dios y muestra que la pequeñez del discípulo no es la medida del poder de su Señor.

Mateo 17:21 north

La oración y el ayuno expresan dependencia en la lectura adicional

La NTBT conserva entre corchetes una lectura que relaciona esta liberación con oración y ayuno. Su enseñanza debe recibirse como una llamada a depender de Dios, sin convertir esas prácticas en un precio o en un poder independiente de Cristo.

Explicación del versículo

La frase continúa la respuesta a los discípulos sobre su fracaso. «Esta clase» se sitúa en el contexto de la oposición espiritual encontrada al ayudar al muchacho. El pasaje no ofrece una clasificación detallada de espíritus, sino que dirige a los servidores hacia la necesidad de recurrir a Dios.

La oración expresa esa dependencia de manera personal. El discípulo se dirige al Padre y reconoce que no posee en sí mismo la autoridad suficiente para dominar lo que enfrenta. La misión recibida no vuelve innecesaria la comunión con el Señor. El paralelo de Marcos conserva de forma explícita la respuesta sobre la oración (Marcos 9:28–29).

La forma adicional añade el ayuno. Jesús ya había enseñado sobre él como una práctica realizada delante del Padre, sin buscar la admiración de la gente. Esa relación ayuda a comprenderlo como parte de una entrega sincera a Dios, en vez de usarlo para exhibir mérito o reclamar una respuesta obligatoria (Mateo 6:16–18).

El relato no prescribe aquí una duración ni un procedimiento que pueda garantizar el mismo resultado en todo caso. Tampoco cuenta una secuencia de oración y ayuno que Jesús haya ejecutado ante la multitud antes de reprender al demonio. La atención recae en una vida de dependencia, frente a la idea de utilizar un don como si fuera propiedad autónoma.

La sanidad ha sido dada por el Señor que tiene autoridad. Orar y ayunar no sustituyen su persona ni compran la gracia. La fe se dirige a Cristo y aprende de él una comunión obediente con el Padre. El mismo capítulo lo ha mostrado orando en el paralelo de Lucas y recibiendo la confirmación divina de su identidad (Lucas 9:28–29).

Para el lector, la lectura invita a recibir el servicio como una responsabilidad que necesita gracia continua. La confianza no debe descansar en el prestigio, la experiencia previa o la intensidad de una práctica, sino en Dios, cuya misericordia guía y sostiene a quienes actúan en el nombre del Salvador.

Texto original y lectura adicional

La forma griega empleada en la base de la traducción pasa del versículo 20 al 22. La lectura adicional conservada aquí contiene προσευχῇ καὶ νηστείᾳ —proseuchêi kaì nēsteíai—, «con oración y ayuno». Los corchetes de la NTBT distinguen esta lectura sin eliminarla. En Marcos 9:29, la forma griega empleada menciona la oración; otra lectura añade también el ayuno. La diferencia textual debe reconocerse sin atribuir a estas prácticas una autoridad o eficacia separada de Dios.

Mateo 17:22 north

Jesús anuncia que será entregado en manos humanas

Mientras se reúnen en Galilea, el Señor vuelve a enseñar sobre su pasión. La gloria contemplada y la liberación del muchacho no eliminan el camino de entrega que pertenece a su misión.

Explicación del versículo

El relato pasa de la formación posterior a la sanidad a otra enseñanza dirigida al grupo. Jesús no deja el anuncio de su sufrimiento como una palabra aislada del capítulo anterior. Lo repite dentro del camino de los discípulos, que deben aprender a recibir al Mesías según su propósito y no solo mediante las obras que los asombran.

El título «Hijo del Hombre» une esta palabra con la promesa de gloria y con la orden dada al bajar del monte. Quien resplandeció ante tres discípulos es el mismo que será entregado. El evangelio no presenta dos misiones opuestas, una gloriosa y otra que fracasa, sino el camino del Salvador que pasa por la muerte hacia la resurrección.

«En manos de los seres humanos» expresa que quedará sometido a la actuación de quienes lo apresarán y lo condenarán. La frase no identifica todavía a todos los participantes ni los confunde en una culpa indiferenciada. El relato de la pasión mostrará acciones concretas, incluida la decisión de Judas de entregarlo (Mateo 26:14–16).

Más adelante, Jesús empleará de nuevo el lenguaje de ser entregado en manos de pecadores cuando se acerque la detención. La continuidad muestra que conoce el camino hacia el que va. Su entrega no convierte en justa la traición ni quita responsabilidad a quienes actúan contra él (Mateo 26:45–50).

Marcos sitúa también esta enseñanza durante el paso por Galilea y señala la atención de Jesús a la formación de sus discípulos. Lucas la coloca mientras todos se maravillan por sus obras. Los dos contextos ayudan a reconocer la necesidad de la palabra: el poder que han visto debe ser comprendido junto a la entrega, no utilizado como argumento para negarla (Marcos 9:30–32; Lucas 9:43–45).

Para el lector, el anuncio llama a confiar en Cristo más allá de una expectativa de protección inmediata. Él revelará que da su vida como rescate por muchos. La salvación procede de esa entrega recibida por gracia, y el seguimiento exige escuchar al Señor cuando su palabra corrige una comprensión incompleta de su gloria (Mateo 20:28).

Texto original y sentido

Παραδίδοσθαι —paradídosthai— significa «ser entregado». El verbo aparecerá en la historia de la traición y la detención. Su forma pasiva en este anuncio no nombra por sí sola a cada agente: el desarrollo del evangelio mostrará tanto la misión salvadora de Jesús como las decisiones humanas que intervienen.

(Marcos 9:30–32; Lucas 9:43–45)

Mateo 17:23 north

El anuncio de la muerte contiene también la promesa de resurrección

Jesús afirma que será muerto y resucitará al tercer día. Los discípulos reciben la noticia con gran tristeza y todavía necesitan comprender cómo la victoria del Salvador pasa por su entrega.

Explicación del versículo

La frase completa el anuncio de ser entregado. El sufrimiento no queda descrito de manera vaga: lo matarán. La realidad de esa muerte es esencial para comprender la misión del Señor. El texto no la reduce a una apariencia ni a una dificultad que se resolverá simplemente evitando el enfrentamiento.

El «pero» mantiene un desenlace que la muerte no puede cancelar: al tercer día resucitará. Jesús no anuncia solamente que su memoria seguirá viva o que su enseñanza será recordada. El evangelio llevará esta palabra hacia su cumplimiento en la resurrección del mismo Señor que ha muerto. La esperanza cristiana queda vinculada a su victoria real.

Los discípulos se entristecen mucho. Esa reacción hace visible el peso de lo que oyen, sin autorizar a inventar que ya comprenden todos sus alcances. Marcos y Lucas dicen que no entendían y tenían miedo de preguntarle. La repetición de la enseñanza forma parte de la paciencia con que Jesús los prepara para una misión que contradice sus expectativas (Marcos 9:31–32; Lucas 9:44–45).

La tristeza tampoco desmiente por sí sola la fe de los discípulos. Jesús acaba de hablar de una pérdida grave y ellos están personalmente unidos a él. La esperanza no exige tratar la muerte como algo insignificante. Necesitan aprender a conservar juntas la seriedad del dolor y la promesa que el Señor añade.

El anuncio recuerda lo dicho en Cesarea de Filipo, cuando Pedro había intentado rechazar ese camino. Ahora vuelve a ser comunicado al grupo. La confesión de que Jesús es el Cristo debe crecer en el conocimiento del Cristo crucificado y resucitado, sin escoger una gloria que excluya la obra salvadora (Mateo 16:21–23).

Pablo conservará la muerte por nuestros pecados, la sepultura y la resurrección al tercer día en el centro del evangelio. La gracia que salva se fundamenta en esa obra, no en una respuesta emocional sin tristeza ni en la capacidad de los discípulos para dominar lo que aún no entienden. El lector es llamado a confiar en el Señor cuya promesa no termina en la muerte (1 Corintios 15:1–4).

Texto original y sentido

Ἐγερθήσεται —egerthḗsetai— expresa que «será levantado», la resurrección anunciada. La frase sobre el tercer día forma parte de la promesa y no debe perderse al atender a la tristeza final. Ἐλυπήθησαν σφόδρα —elypḗthēsan sphódra— describe una aflicción intensa, que el relato incorpora dentro de la formación de los discípulos.

Mateo 17:24 north

Una pregunta sobre el impuesto prepara una enseñanza acerca del Hijo

Los cobradores del impuesto del templo se dirigen a Pedro para preguntar por Jesús. La respuesta del Señor relacionará su identidad filial con una libertad que ejerce sin buscar un tropiezo innecesario.

Explicación del versículo

La llegada a Capernaúm abre otro encuentro. Unos cobradores preguntan a Pedro si su Maestro paga el impuesto del templo. Mateo no caracteriza aquí la pregunta como una prueba hostil, a diferencia de la petición de señal del capítulo anterior. El lector debe seguir el diálogo sin atribuir de antemano a los interlocutores unas intenciones que no se describen.

La tasa está identificada en griego mediante dos dracmas. El trasfondo bíblico de la contribución se encuentra en la disposición de Éxodo sobre medio siclo para el servicio de la tienda de reunión. Ese pasaje ayuda a comprender la relación del pago con el culto de Israel, sin convertirlo en un impuesto civil cualquiera (Éxodo 30:11–16).

La pregunta llama a Jesús «su Maestro» y se formula a uno de sus discípulos. Pedro dará una respuesta afirmativa, pero después recibirá del propio Señor una explicación más profunda. El asunto no quedará reducido a conservar una buena reputación ante los cobradores. Jesús lo utilizará para hacer pensar sobre la relación entre un rey y sus hijos.

El capítulo ha declarado de manera explícita que Jesús es el Hijo amado. Esa identidad debe permanecer presente al leer la conversación sobre la casa de Dios. El Señor no aparece como alguien que necesite comprar su pertenencia mediante un pago. Su posición filial determinará la comparación de los versículos siguientes.

Mateo ya había recogido la afirmación de que hay algo mayor que el templo. Aquí esa dignidad no produce una negativa automática a pagar. Jesús ordenará atender el importe por él y por Pedro para evitar que el gesto se convierta en tropiezo. La libertad y el cuidado del prójimo quedarán unidos dentro de la escena (Mateo 12:6).

Para el lector, la pregunta prepara una manera de comprender la autoridad de Cristo que incluye humildad. El Salvador conoce su relación con el Padre y no necesita demostrarla mediante cada posible confrontación. Su gracia enseña a distinguir entre una verdad que debe mantenerse y una libertad que puede ejercerse al servicio de otros.

La cantidad mencionada

Δίδραχμα —dídrachma— expresa la suma de dos dracmas con la que se identifica el impuesto. La NTBT comunica su función mediante «impuesto del templo». El relato permitirá entender la moneda del versículo 27 por los dos pagos que cubre, sin ofrecer una equivalencia de poder adquisitivo moderno ni fijar el peso exacto de la moneda utilizada.

Mateo 17:25 north

Jesús lleva a Pedro a pensar en la relación entre un rey y sus hijos

Después de la respuesta afirmativa de Pedro, el Señor inicia una conversación que va más allá del pago. La comparación con una casa real prepara la declaración de su libertad filial.

Explicación del versículo

Pedro responde «Sí» a los cobradores y luego entra en la casa. Jesús se le adelanta con una pregunta. Mateo no cuenta que Pedro haya presentado antes un informe ni explica cómo conoce el Señor todos los antecedentes. Lo que destaca es su iniciativa para enseñar a Simón acerca del sentido del asunto.

«¿Qué te parece?» invita al discípulo a razonar. Jesús no comienza entregándole una conclusión aislada; le ofrece una comparación que Pedro podrá seguir. La formación que ha atravesado el capítulo continúa ahora en una situación cotidiana, relacionada con un cobro y una respuesta dada ante otros.

La pregunta distingue entre los hijos de los reyes y los que están fuera de esa relación. En la formulación de Mateo, la oposición es familiar: los hijos de la casa real frente a los ajenos a ella. No utiliza aquí la distinción entre judíos y gentiles como si el sentido dependiera de la procedencia étnica de cada persona.

La comparación prepara la aplicación al impuesto del templo. Jesús ha sido declarado Hijo amado por el Padre, y esa identidad debe orientar su relación con la casa de Dios. El Señor no necesita pagar para adquirir una pertenencia que le falte. La conversación llevará a reconocer su posición antes de tratar el modo en que actuará por consideración a otros.

La autoridad que así revela no está separada de la humildad. El mismo capítulo ha anunciado su muerte y resurrección. Su dignidad filial no se utiliza para eludir toda participación en la vida del pueblo ni para evitar el camino de servicio. La respuesta final mostrará que puede renunciar a insistir en una exención sin renunciar a la verdad de quién es.

Para el lector, la pregunta enseña a examinar las decisiones desde la relación con Dios, en vez de reducirlas a conservar una apariencia. Pedro ha respondido ante los cobradores; ahora necesita escuchar al Maestro. La gracia de Cristo sigue formando la comprensión del discípulo incluso en asuntos que parecían tener una respuesta sencilla.

Texto original y sentido

Προέφθασεν —proéphthasen— expresa que Jesús se adelantó a Pedro en la conversación. Ἀλλότριοι —allótrioi— significa los ajenos o extraños a la relación descrita. El contraste con los hijos del rey gobierna el ejemplo y evita asignar a la palabra un sentido distinto sin atender al contexto.

Mateo 17:26 north

La libertad del Hijo no depende de una contribución

Pedro reconoce la distinción de la comparación y Jesús concluye que los hijos están exentos. La enseñanza revela su identidad filial y prepara un pago libremente dispuesto por consideración a otros.

Explicación del versículo

La respuesta de Pedro completa el ejemplo: los reyes cobran a los extraños, no a sus hijos. Jesús extrae la conclusión que había preparado. La exención se relaciona con la pertenencia a la casa, no con una estrategia para negar cualquier deber o con la capacidad de eludir a los cobradores.

Dentro del relato, la aplicación principal se dirige a la identidad de Jesús. El Padre acaba de declararlo su Hijo amado. Al hablar del templo, esa relación no es un título decorativo: el Hijo no ocupa el mismo lugar que quien debe presentar una contribución para el servicio de la casa de Dios.

La enseñanza concuerda con la afirmación anterior de que hay algo mayor que el templo. También puede ponerse junto a la distinción de Hebreos entre Moisés como servidor fiel y Cristo como Hijo sobre la casa. La dignidad del Salvador procede de quién es en relación con el Padre, no de un reconocimiento que compre mediante un pago (Mateo 12:6; Hebreos 3:5–6).

El plural «los hijos» pertenece primero a la comparación con la familia real. La frase no establece por sí sola una norma fiscal general para toda persona que se llame creyente. Debe leerse dentro de este diálogo sobre el templo y junto a la decisión de Jesús en el siguiente versículo. El propio Señor afirmará la libertad y dispondrá que se pague.

El pago no anulará la conclusión. Será una acción realizada para evitar un tropiezo, no una retractación de su relación filial. El Hijo puede servir con humildad sin dejar de ser quien el Padre ha declarado. La gracia se manifiesta también en una libertad que no necesita insistir en cada prerrogativa para conservar su verdad.

Para el lector, la escena llama a aprender de Cristo una identidad que no dependa del prestigio y una conducta que considere el bien de otros. La libertad recibida en él no debe convertirse en orgullo. Su centro está en pertenecer al Señor y caminar bajo su palabra, con una obediencia que nace de la gracia.

Texto original y sentido

Ἐλεύθεροί εἰσιν οἱ υἱοί —eleútheroí eisin hoi huioí— significa «los hijos están libres», expresado aquí como «están exentos». La libertad se refiere a la obligación dentro de la comparación. Su aplicación debe seguir el argumento de Jesús, sin extender automáticamente el término a cualquier deber de la vida social.

Mateo 17:27 north

El Hijo libre dispone un pago para evitar tropiezo

Jesús mantiene la verdad de su identidad y, al mismo tiempo, ordena atender el impuesto por él y por Pedro. Su libertad se expresa mediante una consideración que no necesita imponer cada prerrogativa.

Explicación del versículo

«Pero» une la exención con la decisión de pagar. Jesús no retira lo que acaba de enseñar acerca de los hijos. Explica otro motivo para su acción: no hacer tropezar a los cobradores. El gesto evitará que una negativa al pago se convierta en una barrera innecesaria para recibir su ministerio.

Este propósito debe distinguirse de los momentos en que mantiene una verdad aunque provoque oposición. En la controversia sobre la tradición, los fariseos se habían ofendido y Jesús no renunció al mandamiento de Dios. Aquí puede disponer un pago sin contradecir la voluntad del Padre. La diferencia ayuda a reconocer una libertad guiada por la verdad y por el bien de otros (Mateo 15:12–14).

La orden a Pedro es concreta: ir al mar, echar un anzuelo, tomar el primer pez y abrir su boca. Encontrará una moneda con la que podrá pagar por ambos. El contenido de la promesa manifiesta la autoridad y el conocimiento del Señor, sin que el relato explique cómo llegó la moneda a ese lugar. No es necesario inventar ese proceso para recibir lo que Jesús dice.

Mateo termina con la instrucción y la promesa. No narra por separado la pesca de Pedro, la extracción de la moneda o su entrega a los cobradores. La escena permite afirmar lo que el Señor dispone y la suficiencia de lo que promete, sin añadir una secuencia de hechos que el evangelista no transcribe.

«Por mí y por ti» conserva la distinción entre Jesús y su discípulo y atiende los dos pagos. El acto no presenta al Salvador como alguien que deba rescatarse de pecados propios. El testimonio apostólico afirma que no cometió pecado y que llevó los nuestros. Su participación en este pago es una expresión de su libertad y de su consideración, no una corrección de su santidad (1 Pedro 2:21–24).

Pablo expresará una disposición semejante al decir que, siendo libre, se hace servidor por causa del evangelio, sin quedar fuera de la ley de Cristo. La relación no convierte los dos contextos en un mismo mandato; ayuda a reconocer que la libertad cristiana puede renunciar a una ventaja para servir al bien de otros (1 Corintios 9:19–23).

El capítulo termina así con el Hijo amado que ha manifestado gloria, misericordia y libertad. La fe no recibe una promesa general de encontrar recursos mediante el mismo procedimiento. Recibe al Señor cuya gracia llama a confiar, obedecer y servir, sin separar su autoridad de su humildad.

La moneda y el importe

Στατήρ —statḗr— nombra la moneda que la NTBT describe como «moneda grande de plata». En la escena cubre dos pagos del impuesto identificado como dos dracmas: el de Jesús y el de Pedro. Ese contexto aclara su función y el importe atendido, pero no permite fijar un valor monetario moderno o deducir una promesa de riqueza para cada creyente.

edit_note Notas: edición NTBT con estudio completo — BibliaTodo Bible Society

Santa Biblia, Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT).
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