Una advertencia pública que también deben escuchar los discípulos
Jesús deja de responder a los interrogadores y enseña a las multitudes y a sus discípulos. La denuncia que sigue debe formar a quienes lo escuchan, no servirles únicamente para juzgar a otros.
Explicación del versículo
El «entonces» enlaza este discurso con el cierre de las controversias anteriores. Después de la pregunta sobre el Cristo, nadie había podido responderle y los adversarios no se atrevían a continuar interrogándolo. Jesús toma ahora la palabra para mostrar qué clase de enseñanza y conducta deben rechazar sus seguidores. El silencio de los oponentes da paso a una instrucción que alcanza a un auditorio más amplio.
Mateo nombra dos grupos: las multitudes y sus discípulos. Algunos escuchan como parte del pueblo reunido; otros ya lo siguen de manera particular. Ambos necesitan comprender la diferencia entre reconocer la palabra de Dios e imitar la hipocresía de quienes la enseñan sin obedecerla. La advertencia no se limita a una conversación privada entre especialistas.
La presencia de los discípulos es especialmente importante. Más adelante Jesús les dirá «pero ustedes» y les enseñará a vivir como hermanos, bajo la autoridad del Padre celestial y del Cristo. No pueden escuchar la denuncia como si su cercanía al Maestro los hiciera inmunes a la ambición religiosa. La búsqueda de títulos, lugares de honor y reconocimiento también debe ser abandonada dentro de su propia comunidad.
El discurso comienza distinguiendo la enseñanza de Moisés de la conducta de los escribas y fariseos. Después expondrá el deseo de ser vistos y pronunciará advertencias contra la hipocresía, hasta culminar en el lamento sobre Jerusalén. Esta progresión une la seriedad del juicio con el dolor de Jesús ante el rechazo. Su palabra descubre el pecado y manifiesta también su deseo de reunir a quienes se resisten.
Por ello, la lectura no debe convertirse en una condena indiscriminada de todo un pueblo. Jesús se dirige a personas y prácticas determinadas dentro del relato, y sus propios discípulos forman parte de quienes reciben la advertencia. El llamado a la sinceridad ante Dios alcanza a todo lector. El Señor no entrega un argumento para presumir de superioridad, sino una enseñanza que exige examinar la relación entre lo que creemos, decimos y hacemos.
Exégesis del pasaje
τοῖς ὄχλοις καὶ τοῖς μαθηταῖς αὐτοῦ —toîs óchlois kaì toîs mathētaîs autoû, «a las multitudes y a sus discípulos»— identifica expresamente a los destinatarios. Jesús seguirá siendo el hablante a lo largo del discurso. La denuncia de ciertos dirigentes y la formación de los discípulos se relacionan, pero no deben confundirse sus respectivas formas de interpelación.
Relaciones bíblicas
Lucas 20:45–47 presenta una advertencia a los discípulos mientras el pueblo escucha. Lucas 11:37–54 contiene denuncias relacionadas en el contexto de una comida. Las semejanzas de enseñanza no obligan a mezclar ambas situaciones con la escena de Mateo.
Aplicación editorial
Escucha estas palabras de Jesucristo como parte de sus destinatarios. Antes de reconocer en ellas el error de otra persona, permite que examinen tu propia manera de servir, enseñar o buscar reconocimiento. Recibir al Salvador incluye aprender de él una fidelidad que alcance el corazón y la conducta.
Marcos 12:38–40; Lucas 11:37–54; Lucas 20:45–47