Las mujeres vuelven a la tumba al comenzar el primer día
El capítulo de la resurrección comienza con las mismas mujeres que habían estado frente al sepulcro. Su visita mantiene la continuidad entre el lugar donde Jesús fue colocado y el anuncio de que ha resucitado.
Explicación del versículo
«Pasado el sábado» sitúa la visita después del día que siguió a la sepultura. La expresión griega sobre el primer día de la semana utiliza μίαν σαββάτων (mían sabbátōn), una manera de designar el comienzo de la nueva semana. La NTBT lo expresa como «al amanecer del primer día», sin convertir el relato en una fecha del calendario moderno.
María Magdalena y la otra María ya habían aparecido mirando la crucifixión y sentadas frente a la tumba (Mateo 27:55–56; Mateo 27:61). El evangelista no introduce ahora a personas que desconocen dónde fue sepultado Jesús. La repetición de sus nombres da continuidad al testimonio.
El propósito expresado es «ver la tumba». El verbo θεωρῆσαι (theōrêsai) indica observar o contemplar. Mateo no afirma aquí que ya comprendieran la resurrección o que acudieran para presenciarla. Su visita nace de su relación con Jesús y será sorprendida por una noticia que transforma su comprensión de lo ocurrido.
Los otros relatos de la visita
Marcos 16:1–4 menciona a Salomé y las especias aromáticas. Lucas 24:1–3 también relaciona la visita con las especias preparadas. Juan 20:1–2 concentra su atención en María Magdalena y en su primera reacción al encontrar removida la piedra.
Los evangelios seleccionan nombres, acciones e indicaciones de luz sin ofrecer un registro de cada instante del trayecto. Conviene conservar cada testimonio sin forzar un horario preciso que ninguno desarrolla. Su centro común es la visita al sepulcro de Jesús y el descubrimiento que dará paso al anuncio de su resurrección.
Aplicación editorial
Tú puedes acercarte al Señor con una comprensión todavía incompleta y permitir que su palabra la transforme. La esperanza cristiana no depende de que anticipes correctamente todo lo que Dios hará. Descansa en Jesucristo y escucha el testimonio de su resurrección, que convierte el lugar del duelo en una llamada a confiar en él.
Marcos 16:1–8; Lucas 24:1–12; Juan 20:1–10