La ira se aparta y el pueblo recibe consuelo
El cántico responde a las promesas de restauración con una gratitud que reconoce tanto el juicio como la misericordia.
Explicación del versículo
«En aquel día» enlaza la canción con el rescate anunciado al final del capítulo 11. El pueblo que ha sido reunido puede dirigirse al Señor en primera persona. La voz singular permite expresar de manera unida y cercana lo que ha experimentado la comunidad: el mismo Dios que se enojó por su pecado la ha consolado.
El canto no borra la realidad de la indignación. Los capítulos anteriores mostraron su causa en la injusticia, la idolatría y la confianza puesta en fuerzas ajenas al Señor. Reconocer ese juicio impide presentar la restauración como una declaración de que nunca hubo culpa. El consuelo tiene profundidad porque llega a un pueblo que necesitaba ser corregido y rescatado.
La ira se ha apartado. La palabra recuerda los anuncios reiterados de una mano todavía extendida para juzgar, pero ahora el énfasis está en el cambio prometido. El Señor no mantiene indefinidamente a su pueblo bajo la misma situación: el juicio tiene un término y abre paso a una relación restaurada.
El consuelo como acción del Señor
El verbo hebreo נָחַם, najám, expresa aquí consolar. El pueblo no se limita a recuperar por sí mismo el ánimo; recibe del Señor una acción que responde a su aflicción. La alabanza nace de haber encontrado en él misericordia después del quebranto.
La reconciliación por medio de Cristo
Romanos 5:8–11 explica que Dios demuestra su amor mediante la muerte de Cristo por pecadores y que por él somos reconciliados y salvados de la ira. Ese evangelio muestra el fundamento pleno de nuestra gratitud. El Padre no abandona su justicia para consolarnos: nos recibe por la obra de su Hijo, nuestro Señor y Salvador. La alabanza responde a esa gracia y no pretende comprarla.