El elegido de Dios llevará su justicia a las naciones
Después del veredicto contra los ídolos, el Señor presenta al siervo que él escoge, sostiene y capacita con su Espíritu.
Explicación del versículo
La invitación a mirar cambia el centro de atención. Isaías 41:29 había mostrado la impotencia de las imágenes; aquí aparece un siervo sostenido por Dios. Su eficacia no nace del prestigio de sus fabricantes ni de una fuerza independiente. El Señor toma la iniciativa, declara su elección y se complace en él. La esperanza del pasaje descansa en esa relación y en la misión que Dios le encomienda.
«Mi siervo» expresa pertenencia y servicio. El título debe interpretarse en cada contexto: en 41:8 designa expresamente a Israel, mientras que en 42:19 el siervo recibe una reprensión por su ceguera. En estos primeros versículos, en cambio, el enviado cumple fielmente la tarea que recibe. Más adelante, 49:5–6 distinguirá al siervo de Jacob al darle la misión de hacer volver al pueblo y ser luz de las naciones. El libro desarrolla así una vocación que la desobediencia de Israel no consigue realizar por sí misma.
El Espíritu de Dios está sobre el siervo para esa misión. La frase describe la iniciativa y presencia divinas, no una emoción pasajera ni una técnica que el enviado pueda manejar. La obra que sigue procede de Dios: su siervo llevará justicia más allá de las fronteras de Israel. Las naciones, que en el capítulo anterior aparecían temerosas y aferradas a sus ídolos, entran ahora en el horizonte de una esperanza dirigida por el Señor.
La justicia no se reduce a una sentencia contra un adversario. En la unidad incluye el establecimiento fiel del orden querido por Dios, inseparable de su enseñanza y del cuidado del débil. La manera de actuar del siervo en 42:2–4 explicará esa misión: su mansedumbre no impedirá que la lleve a término.
La misión en el original
מִשְׁפָּט, mishpát, es «justicia» en este contexto. Reaparece en los versículos 3 y 4, donde se habla de llevarla con fidelidad y establecerla en la tierra. Esa repetición une el envío, el carácter y la perseverancia del siervo; no permite separar su obra salvadora de la rectitud de Dios.
El cumplimiento en Jesucristo
Mateo 12:15–21 cita este anuncio y lo aplica a Jesús, que sana sin buscar una exhibición pública de poder. La identificación procede del Evangelio, no de asignar automáticamente el mismo referente a cada aparición de la palabra «siervo».
En Mateo 3:13–17, el Padre declara su complacencia en el Hijo y el Espíritu de Dios viene sobre él. El Hijo eterno asume verdaderamente la misión del siervo en su encarnación; servir al Padre no lo convierte en una criatura ni disminuye su divinidad. En Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, la esperanza de Israel alcanza también a las naciones.