Isaías 36 (NTBT) en línea gratis con notas de estudio

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Isaías 36

La invasión de Senaquerib

1 En el año catorce del rey Ezequías, Senaquerib, rey de Asiria, subió contra todas las ciudades fortificadas de Judá y las conquistó.   N1

2 El rey de Asiria envió al Rabsaces con un gran ejército desde Laquis a Jerusalén, contra el rey Ezequías. Se detuvo junto al acueducto del estanque superior, en el camino del campo del Lavador.   N2

3 Salieron a su encuentro Eliaquim, hijo de Hilcías, administrador del palacio; Sebna, el escriba; y Joá, hijo de Asaf, el cronista.   N3

El emisario cuestiona la confianza de Judá

4 El Rabsaces les dijo: «Díganle, por favor, a Ezequías: “Así dice el gran rey, el rey de Asiria: ¿Qué confianza es esa en la que te apoyas?   N4

5 Yo digo: tu consejo y tu fuerza para la guerra son solo palabras. Ahora, ¿en quién confías, para que te hayas rebelado contra mí?   N5

6 Mira, confías en el apoyo de esta caña quebrada, en Egipto; si alguien se apoya en ella, se le clavará en la mano y se la atravesará. Así es el faraón, rey de Egipto, para todos los que confían en él.   N6

7 Y si me dices: ‘Confiamos en Jehová nuestro Dios’, ¿no es él aquel cuyos lugares altos y altares ha quitado Ezequías, que dijo a Judá y a Jerusalén: ‘Ante este altar adorarán’?   N7

8 Ahora, por favor, haz una apuesta con mi señor, el rey de Asiria: yo te daré dos mil caballos, si puedes conseguir jinetes para montarlos.   N8

9 ¿Cómo podrás rechazar a un solo gobernador de entre los servidores de menor rango de mi señor? Sin embargo, confías en Egipto para conseguir carros y jinetes.   N9

10 ¿Acaso he subido ahora contra esta tierra para destruirla sin Jehová? Jehová me dijo: ‘Sube contra esta tierra y destrúyela’”».   N10

La amenaza se dirige al pueblo de la muralla

11 Entonces Eliaquim, Sebna y Joá dijeron al Rabsaces: «Por favor, habla a tus siervos en arameo, porque lo entendemos; no nos hables en la lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre la muralla».   N11

12 Pero el Rabsaces respondió: «¿Acaso mi señor me ha enviado a decir estas palabras solo a tu señor y a ti? ¿No me ha enviado a los hombres que están sentados sobre la muralla, que habrán de comer sus propios excrementos y beber su propia orina junto con ustedes?».   N12

13 El Rabsaces se puso de pie y gritó a gran voz en la lengua de Judá: «¡Escuchen las palabras del gran rey, el rey de Asiria!   N13

14 Así dice el rey: “No dejen que Ezequías los engañe, porque no podrá librarlos.   N14

15 Tampoco dejen que Ezequías los haga confiar en Jehová, diciendo: ‘Sin falta Jehová nos librará; esta ciudad no será entregada en manos del rey de Asiria’”.   N15

La oferta de paz encubre el traslado del pueblo

16 No escuchen a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: “Hagan las paces conmigo y salgan a mí. Que cada uno coma de su vid y de su higuera, y beba cada uno el agua de su cisterna,   N16

17 hasta que yo venga y los lleve a una tierra como la de ustedes, una tierra de grano y de vino nuevo, una tierra de pan y de viñedos.   N17

El desafío contra el Dios de Jerusalén

18 No dejen que Ezequías los seduzca diciendo: ‘Jehová nos librará’. ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de manos del rey de Asiria?   N18

19 ¿Dónde están los dioses de Hamat y de Arfad? ¿Dónde están los dioses de Sefarvaim? ¿Acaso han librado a Samaria de mi mano?   N19

20 ¿Quién de entre todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre a Jerusalén de mi mano?”».   N20

El silencio y el informe de los representantes

21 Pero ellos guardaron silencio y no le respondieron ni una palabra, porque el rey había ordenado: «No le respondan».   N21

22 Entonces Eliaquim, hijo de Hilcías, administrador del palacio; Sebna, el escriba; y Joá, hijo de Asaf, el cronista, fueron a Ezequías con sus ropas rasgadas y le contaron las palabras del Rabsaces.   N22

menu_book Notas de estudio de Isaías 36

Edición NTBT con estudio completo — pasaje por pasaje. Esta es una sección aparte del texto bíblico.

Isaías 36:1 north

La amenaza asiria alcanza las defensas de Judá

El relato sitúa la prueba de la confianza en Dios dentro de una invasión real que ya ha derribado las ciudades fortificadas.

Explicación del versículo

El capítulo comienza con una referencia al año catorce de Ezequías. Después de las visiones de juicio y restauración de los capítulos 34–35, la atención se concentra en un episodio del reinado de un rey de Judá. La cuestión de la salvación se plantea ahora mediante hechos, decisiones, discursos y oración.

Senaquerib aparece como rey de Asiria y como quien toma la iniciativa militar. Su avance contra las ciudades fortificadas muestra la amplitud del peligro. Judá no escucha una amenaza desde una situación de seguridad intacta: las defensas de su territorio ya han sufrido derrotas.

La conquista explica la fuerza persuasiva del discurso que seguirá. El emisario asirio podrá apelar a resultados visibles para exigir la rendición de Jerusalén. El lector necesita reconocer ese peso real sin aceptar por ello la conclusión del invasor de que Jehová sea incapaz de salvar.

El versículo no dice que Jerusalén haya sido tomada. La ciudad será el centro de la confrontación desde 36:2 y de la promesa de defensa en el capítulo 37. La diferencia entre la caída de las fortalezas y el destino de Jerusalén mantiene abierta la pregunta a la que responderá el relato.

Un acontecimiento compartido por varios relatos

2 Reyes 18:13–17 presenta el mismo avance e incluye la entrega de bienes a Senaquerib antes de la llegada de sus oficiales. Isaías concentra aquí la narración en la amenaza pública y en la respuesta del Señor. Cada relato debe leerse conservando lo que efectivamente cuenta.

La fidelidad no elimina toda prueba

2 Crónicas 32:1–8 introduce la invasión después de referirse a la fidelidad de Ezequías, y describe preparativos junto con su llamado a confiar en Jehová. El paralelo impide explicar automáticamente el ataque como prueba de que el rey haya dejado de creer.

En Juan 16:25–33, Jesucristo da paz a sus discípulos sin ocultarles la aflicción que encontrarán. La confianza en el Salvador sostiene dentro de la prueba; no depende de que toda dificultad desaparezca antes de comenzar.

Textos relacionados: 2 Reyes 18:13–37; 2 Crónicas 32:1–19

Isaías 36:2 north

El emisario asirio lleva la presión hasta Jerusalén

Un gran ejército respalda un mensaje que pondrá a prueba la confianza de la casa de David.

Explicación del versículo

Senaquerib envía al Rabsaces desde Laquis hacia Jerusalén. El rey asirio dirige la campaña, mientras su representante comunica la exigencia al rey Ezequías. La embajada no llega sola: la presencia de un gran ejército convierte sus palabras en una amenaza respaldada por fuerza militar.

El destino es Jerusalén, y el destinatario político es Ezequías. El relato pasa de la conquista de las fortalezas de Judá al lugar donde se concentran el gobierno y la esperanza de la ciudad. Lo que el emisario diga tratará de quebrar esa resistencia sin que el narrador tenga que describir primero un asalto.

La ubicación es precisa: el acueducto del estanque superior, en el camino del campo del Lavador. Más adelante, 36:11–13 mostrará que la gente situada sobre la muralla puede oír el discurso. El lugar permite una confrontación que alcanza tanto a los representantes oficiales como a los habitantes.

El sitio posee además una memoria dentro del libro. En Isaías 7, el Señor había enviado a Isaías a encontrarse allí con Acaz ante otra amenaza. La repetición une dos pruebas de la casa de David: qué hará el rey y en quién descansará cuando un poder enemigo parezca decidir su futuro.

El Rabsaces y su función

El Rabsaces actúa en este episodio como un alto oficial y portavoz del rey asirio. El relato lo identifica por ese título, sin proporcionar aquí un nombre personal. Su autoridad procede de quien lo envía; sus afirmaciones deben distinguirse de la voz del narrador y de la palabra que Jehová dará por Isaías.

El lugar donde ya se había llamado a creer

Isaías 7:3–9 sitúa el encuentro con Acaz en el mismo acueducto y contiene el llamado a permanecer firme mediante la fe. La relación prepara al lector para evaluar el discurso asirio. La cuestión decisiva será la confianza en Jehová, aunque la amenaza llegue acompañada por un ejército real.

Isaías 36:3 north

Tres representantes del reino salen a escuchar el mensaje

La respuesta inicial de Judá es una delegación oficial que tendrá que recibir y transmitir las palabras del emisario.

Explicación del versículo

Eliaquim, Sebna y Joá salen al encuentro del Rabsaces. Ezequías no aparece personalmente en esta primera conversación. Los tres hombres representan su administración y reciben un mensaje que el emisario dirigirá al rey y después hará oír públicamente a los habitantes.

Eliaquim es identificado como hijo de Hilcías y administrador del palacio. Su cargo lo vincula con la casa real y con la responsabilidad de sus asuntos. La precisión del parentesco permite reconocerlo en la relación con el capítulo 22, donde había sido nombrado como siervo que recibiría autoridad.

Sebna aparece como escriba y Joá, hijo de Asaf, como cronista. Los cargos muestran que se trata de una representación del gobierno, no de viajeros que oyen por casualidad una amenaza. El versículo no asigna a cada uno un discurso individual ni permite convertir sus títulos en una descripción completa de todas sus tareas.

La misma delegación reaparecerá al final del capítulo, cuando regrese con la ropa rasgada para contar las palabras del Rabsaces. Ese marco une la recepción del mensaje con la gravedad de su efecto. Los funcionarios escuchan, procuran limitar su difusión y llevan la situación ante el rey.

Los cargos a la luz del capítulo 22

Isaías 22:15–23 había confrontado a Sebna como encargado del palacio y anunciado autoridad para Eliaquim hijo de Hilcías. Aquí Eliaquim ocupa la administración del palacio y Sebna figura como escriba. La correspondencia permite reconocer el cambio de funciones, sin completar con datos inventados la historia personal de ninguno.

La importancia de transmitir lo escuchado

Isaías 36:22 muestra que estos hombres comunican al rey las palabras recibidas. El relato no los presenta como la fuente de la promesa de salvación. Su responsabilidad en la escena es representar, escuchar y dar cuenta; la respuesta autorizada de Jehová llegará por el profeta en el capítulo siguiente.

Isaías 36:4 north

La voz del «gran rey» exige saber en qué confía Ezequías

El discurso busca presentar la resistencia de Judá como una confianza sin fundamento frente al poder de Asiria.

Explicación del versículo

El Rabsaces habla a los tres funcionarios, pero les encarga transmitir el mensaje a Ezequías. Se mantiene así la estructura de una embajada: el portavoz comunica la palabra de su señor a los representantes de otro rey. La amenaza adquiere una forma pública y oficial.

«Así dice el gran rey» establece la autoridad que el emisario reclama para su mensaje. Senaquerib no es presentado por su portavoz como un gobernante más entre iguales. Su título pretende situarlo por encima de la capacidad de decisión de Ezequías y hacer que la rendición parezca la única respuesta razonable.

La pregunta central trata de la confianza. El asirio no se limita a exigir bienes o a enumerar tropas: quiere deshacer el fundamento interior de la resistencia. Los versículos siguientes examinarán consejo militar, Egipto y la confianza en Jehová para intentar mostrar que ninguna de esas bases puede sostener a Judá.

La pregunta coincide con un tema decisivo del libro, pero el propósito del que la formula es distinto del llamado profético. Isaías exhorta a depender del Señor; el Rabsaces quiere que la ciudad abandone su esperanza y quede sometida al rey asirio. Una cuestión pertinente puede ser utilizada para conducir a una conclusión falsa.

La repetición de confiar

הַבִּטָּחוֹן, habbittajón, «la confianza», aparece junto al verbo de la misma familia: «en la que te apoyas» o «en la que confías». La repetición concentra el ataque en aquello que sostiene la decisión de Ezequías. Ese vocabulario recorrerá todo el discurso.

Dos mensajes que reclaman autoridad

Isaías 37:6–7 responderá con otra fórmula de mensajero: «Así dice Jehová». La confrontación del relato no se decide por el volumen de la voz ni por el título de quien amenaza, sino por la diferencia entre la palabra del rey asirio y la autoridad del Dios que gobierna sobre él.

Isaías 36:5 north

El poder asirio desprecia la resistencia como palabras vacías

La acusación intenta reducir la confianza de Ezequías a una pretensión incapaz de afrontar una guerra real.

Explicación del versículo

La voz asiria declara que el consejo y la fuerza para la guerra de Ezequías son «solo palabras». No niega que el rey pueda hablar de estrategia o de ayuda; niega que esas palabras correspondan a una capacidad efectiva. La conquista de las fortalezas de Judá da fuerza intimidatoria a la acusación.

El argumento une dos necesidades de una defensa: saber qué hacer y tener poder para hacerlo. Al desacreditar ambas, el emisario procura que la resistencia parezca una conducta irracional. Quiere que Ezequías vea su decisión desde la superioridad que el invasor atribuye a sus propios recursos.

La pregunta «¿en quién confías?» vuelve a buscar la base del comportamiento del rey. La rebelión contra Asiria es presentada como algo que solo podría sostenerse mediante una protección superior. El discurso preparará dos respuestas para desacreditarlas: Egipto en 36:6 y Jehová en 36:7.

«Te hayas rebelado contra mí» expresa la perspectiva del soberano asirio. Él considera que la obediencia de Judá le corresponde. El narrador conserva esa pretensión en boca del emisor, sin convertirla en la medida última de lo justo. El derecho que un poder reclama sobre otros también está sujeto al gobierno de Dios.

La primera persona del discurso

אָמַרְתִּי, amárti, significa «yo dije» o, en este discurso, «yo digo». La forma pertenece a la voz asiria que evalúa los recursos de Ezequías. El versículo no presenta al rey de Judá confesando que su esperanza es un conjunto de palabras vacías.

La evaluación del relato paralelo

2 Reyes 18:5–7 afirma que Ezequías confió en Jehová, se mantuvo unido a él y dejó de servir al rey de Asiria. Ese marco distingue la interpretación del invasor de la evaluación de su confianza. La oposición de un poder dominante no demuestra por sí misma que una decisión carezca de fundamento ante Dios.

Isaías 36:6 north

Egipto es una caña que hiere al que busca apoyarse en ella

El emisario presenta al aliado esperado como un soporte incapaz de sostener y capaz de causar daño.

Explicación del versículo

El Rabsaces identifica a Egipto como el apoyo en que, según su acusación, confía Ezequías. La imagen de una caña quebrada convierte una relación política en una experiencia cotidiana: alguien necesita sostén, descarga su peso y descubre que el objeto elegido no puede resistir.

La caña no solo falla. Se clava en la mano del que se apoya y la atraviesa. El resultado invierte la esperanza del usuario: el instrumento que debía aliviar su vulnerabilidad añade una herida. Así describe el emisario el efecto de depender del faraón frente a Asiria.

La afirmación pretende aislar a Judá. Si Egipto no puede ayudar, el oyente debería concluir que solo queda someterse a Senaquerib. Sin embargo, esa conclusión no se sigue necesariamente de la fragilidad del aliado. El libro ya ha denunciado la confianza en Egipto para llamar al pueblo a buscar a Jehová.

La distinción es fundamental para leer el discurso. Una observación verdadera o parcialmente verdadera puede servir a una intención engañosa. El emisario puede acertar al mostrar la insuficiencia del faraón y equivocarse al presentar el dominio asirio como la única seguridad posible.

El apoyo que se quiebra

הַקָּנֶה הָרָצוּץ, haqqanéh haratsúts, significa «la caña quebrada». Su condición explica por qué el peso termina convirtiéndola en una amenaza para la mano. La comparación no depende de identificar una especie exacta de caña: la relación entre fragilidad y apoyo fallido da sentido a la comparación.

Una crítica semejante con una dirección distinta

Isaías 30:1–5 había anunciado vergüenza para quienes buscaban amparo en el faraón sin consultar a Jehová. Isaías 31:1–3 distingue a los egipcios de Dios y sus caballos del poder del Señor.

La coincidencia en la crítica no convierte al Rabsaces en intérprete fiel de la palabra divina. Isaías dirige la confianza al Santo de Israel; el portavoz asirio procura retirarla de él para entregarla a otro poder humano.

Isaías 36:7 north

La reforma de Ezequías es utilizada para desacreditar su confianza en Jehová

El emisario presenta la eliminación de altares como una ofensa a Dios, pero el relato bíblico valora esa reforma como parte de la fidelidad del rey.

Explicación del versículo

El Rabsaces considera una segunda respuesta a su pregunta: «Confiamos en Jehová nuestro Dios». Ya no basta con atacar a Egipto; necesita quebrar también la esperanza en el Señor. Para hacerlo, recuerda que Ezequías quitó lugares altos y altares y ordenó adorar ante un altar determinado.

Su razonamiento presupone que retirar esos lugares de culto debería haber provocado el disgusto de Jehová. La conclusión pretende volver la reforma contra el rey: si ha reducido el culto, ¿cómo puede esperar la ayuda del Dios al que supuestamente ha perjudicado?

El relato paralelo permite reconocer el error. La fidelidad a Jehová no se mide por la cantidad de altares disponibles ni por la conservación de toda práctica religiosa heredada. Una reforma que elimina un culto contrario a su palabra puede expresar obediencia, aunque un adversario la describa como pérdida de protección divina.

La acusación resulta persuasiva porque utiliza un hecho real para interpretarlo de manera equivocada. Ezequías sí ha quitado lugares altos y altares; lo que el emisario no puede establecer es que esa acción convierta a Jehová en enemigo de su confianza. La amenaza intenta ocupar el lugar de una evaluación que corresponde a Dios.

La pregunta tampoco debe usarse para trasladar sin más las disposiciones del culto de Judá a toda comunidad posterior. El versículo se refiere a una reforma concreta bajo Ezequías, y su enseñanza acerca de la fidelidad debe conservar esa situación histórica.

La valoración explícita de la reforma

2 Reyes 18:3–6 afirma que Ezequías hizo lo recto ante Jehová, quitó los lugares altos y permaneció unido al Señor guardando sus mandamientos. Esa valoración contradice la interpretación del Rabsaces. El poder de quien acusa no transforma su lectura del culto en palabra divina.

La adoración y Jesucristo

En Juan 4:19–26, Jesús sitúa la adoración al Padre en el horizonte nuevo que llega con él: en espíritu y en verdad, más allá de la disputa entre un monte y Jerusalén. El centro de la fidelidad cristiana no consiste en multiplicar lugares sagrados, sino en acercarse al Padre conforme a la verdad revelada por Jesucristo.

La relación conserva el desarrollo de la historia bíblica: la reforma de Ezequías se entiende dentro de su pacto y su tiempo, mientras el Mesías muestra la plenitud de la adoración que el Padre busca.

Isaías 36:8 north

La oferta de caballos funciona como una burla de la capacidad militar

El emisario afirma que Judá carece incluso de jinetes suficientes para aprovechar los recursos que él dice poder proporcionar.

Explicación del versículo

El discurso propone una apuesta con el rey de Asiria: dos mil caballos, si Ezequías consigue hombres que puedan montarlos. La apariencia de generosidad sirve a la intimidación. El Rabsaces no procura fortalecer a Judá, sino exponer lo que considera una debilidad insuperable.

El desafío separa dos elementos de una fuerza de caballería: disponer de caballos y contar con jinetes. Según la burla, aun si Asiria aportara el primero, Judá seguiría sin poder completar el segundo. De ese modo, el emisario trata de mostrar que ni una ayuda extraordinaria cambiaría la desproporción entre ambos reinos.

La cifra da concreción al desafío, pero el narrador no cuenta que los caballos fueran entregados. El lector escucha una propuesta dentro de un discurso hostil. No debe transformarla en un episodio de cooperación militar ni deducir de ella un censo exacto de todos los defensores de Jerusalén.

La burla conduce al argumento de 36:9: si Judá ni siquiera puede montar los caballos ofrecidos, tampoco podría hacer retroceder al menor de los oficiales asirios. La secuencia busca que la comparación de recursos parezca decidir de antemano el resultado de la confrontación.

Una propuesta en forma de desafío

הִתְעָרֶב, hitárev, introduce una propuesta de compromiso o desafío, expresada aquí como «haz una apuesta». Su función se entiende por la condición sobre los jinetes: el emisario formula una prueba que cree que el adversario no puede superar. La narración conserva esa estrategia verbal sin presentarla como un modelo de conducta para el lector.

El límite de la comparación militar

Isaías 31:1–3 ya había advertido contra una confianza determinada por caballos y carros. La insuficiencia militar puede ser real sin que la salvación del Señor quede medida por ella. Precisamente ese límite es el que el discurso asirio intenta borrar.

Isaías 36:9 north

El invasor presenta su menor servidor como superior a toda la resistencia de Judá

La comparación de fuerzas busca cerrar el camino a la esperanza y convertir la rendición en una conclusión inevitable.

Explicación del versículo

El Rabsaces lleva la burla de los caballos a una pregunta humillante. Ezequías, según su argumento, no podría rechazar ni a un solo gobernador entre los servidores de menor rango del rey asirio. La comparación rebaja a Judá sin necesitar describir un combate concreto.

El contraste también eleva la figura de Senaquerib. Si el menor de sus oficiales basta para imponerse, el conjunto del poder que dirige debe parecer inconmensurable. El emisario utiliza la jerarquía del imperio para que el oyente imagine que ni siquiera ha visto la medida completa de la fuerza que lo amenaza.

La mención de Egipto vuelve al supuesto apoyo de Ezequías. Carros y jinetes serían la solución buscada para compensar la debilidad propia. El discurso une así la falta de recursos de Judá con la insuficiencia del aliado, intentando dejar a la ciudad sin una respuesta posible.

El razonamiento depende de que el resultado pueda decidirse únicamente por esa suma de medios humanos. La confianza en Jehová introduce una realidad que el emisario no quiere reconocer. Por eso, en el versículo siguiente, intentará atribuir incluso al Señor la autorización de su avance destructor.

Lo que muestra el paralelo de Crónicas

2 Crónicas 32:2–8 describe preparativos de defensa y el ánimo que Ezequías comunica al pueblo. El rey distingue el brazo humano del invasor de la ayuda de Jehová. El paralelo permite apreciar que actuar responsablemente y confiar en Dios pueden formar parte de una misma respuesta.

La diferencia entre ambos discursos no consiste en ignorar que Asiria tiene una fuerza real. Está en decidir si esa fuerza es la autoridad última sobre el futuro de Jerusalén. El relato llevará esa cuestión ante el Señor que conoce y limita al agresor.

Isaías 36:10 north

El emisario se atribuye autorización de Jehová para destruir

El ataque intenta ocupar también el terreno de la fe: el asirio afirma que el mismo Dios de Judá ha ordenado su campaña.

Explicación del versículo

El Rabsaces formula una pregunta y ofrece su propia respuesta. Niega haber subido sin Jehová y declara que el Señor le dijo que subiera contra la tierra y la destruyera. La estrategia va más allá de mostrar superioridad militar: procura que la resistencia parezca contraria a la voluntad del Dios en quien Ezequías confía.

La frase está dentro del discurso del emisario. El narrador informa que él hizo esa afirmación, pero no introduce aquí una revelación de Jehová dirigida al oficial asirio. Distinguir las voces es necesario: la presencia de las palabras «Jehová me dijo» en una conversación no convierte por sí sola al hablante en portavoz autorizado.

La afirmación también muestra la amplitud de la presión. Primero se presentó a Egipto como un apoyo inútil; después se acusó a Ezequías de perjudicar el culto de Jehová; ahora se dice que Dios está detrás del invasor. El oyente debería concluir que no queda ningún fundamento para resistir.

El libro ya ha enseñado que Asiria puede servir como instrumento de juicio. Por tanto, la cuestión no se resuelve negando que Dios gobierne sobre sus campañas. Se resuelve distinguiendo su soberanía de la pretensión asiria de poseer una autorización ilimitada para destruir y de interpretar sus victorias como prueba de rectitud.

La respuesta de Jehová en el capítulo 37 pondrá un límite concreto: Jerusalén no será entregada a Senaquerib y él regresará por donde vino. El destino de la ciudad lo determina el Señor, no el uso que su adversario haga de su nombre.

Instrumento de juicio y responsabilidad del agresor

Isaías 10:5–15 llama a Asiria vara de la ira divina, pero afirma que su corazón busca destruir y anuncia castigo por su arrogancia. La soberanía de Dios y la responsabilidad del imperio aparecen juntas. Ser utilizado dentro de la historia no vuelve justas todas las intenciones y afirmaciones de un poder.

La palabra que decide el destino de Jerusalén

Isaías 37:33–35 contiene la promesa explícita de que el rey asirio no entrará en la ciudad y de que Jehová la defenderá. Esa palabra permite evaluar el alcance de la amenaza. El emisario no puede sustituir la decisión de Dios mediante una declaración de autoridad pronunciada en su nombre.

Isaías 36:11 north

Los representantes piden hablar en otro idioma para limitar el alcance de la amenaza

La elección de la lengua forma parte de una confrontación en la que las palabras pueden afectar la resistencia de toda la ciudad.

Explicación del versículo

Eliaquim, Sebna y Joá intervienen después de escuchar el primer tramo del discurso. Piden que el Rabsaces les hable en arameo, porque lo entienden, y que no use la lengua de Judá a oídos del pueblo situado sobre la muralla. Su preocupación se dirige tanto al contenido como a su difusión.

La petición presupone que cambiar de idioma permitiría mantener la conversación principalmente entre los representantes. No necesitan que el emisario les traduzca el mensaje: afirman que comprenden el arameo. Lo que quieren evitar es que sus palabras lleguen directamente a quienes escuchan desde la ciudad.

Al llamarse «tus siervos», los funcionarios emplean una expresión de deferencia dentro de la conversación. Esa cortesía no equivale, por sí sola, a una rendición formal del reino. El relato mostrará que su intención es contener el efecto público del discurso, mientras el Rabsaces busca precisamente ampliarlo.

La referencia a la muralla hace visible a un segundo grupo de oyentes. Hasta aquí el mensaje parecía dirigido a Ezequías por medio de su delegación; ahora se reconoce que también puede afectar al pueblo. El oficial asirio aprovechará esa situación para intentar separar a los habitantes de la confianza que su rey les comunica.

Arameo y lengua de Judá

אֲרָמִית, aramít, significa «en arameo»; יְהוּדִית, yehudít, designa aquí la lengua de Judá. El versículo está narrado en hebreo y menciona esos dos modos de hablar dentro de la escena. La petición no exige suponer que cada habitante conociera o desconociera exactamente las mismas lenguas.

El objetivo de la difusión pública

2 Crónicas 32:18–19 explica que los asirios gritaban en la lengua de Judá para atemorizar al pueblo y conquistar la ciudad. El paralelo confirma que el idioma no es un detalle secundario: sirve al intento de dominar mediante el miedo antes de que la ciudad haya sido tomada.

Isaías 36:12 north

La amenaza del hambre busca quebrar al pueblo y a sus dirigentes

El emisario rechaza limitar su audiencia y utiliza una imagen degradante de la vida bajo asedio para exigir sumisión.

Explicación del versículo

El Rabsaces responde a la petición de hablar en arameo preguntando por quién fue enviado. Niega que su mensaje sea solo para el rey y sus representantes. Declara expresamente que también se dirige a los hombres de la muralla, confirmando que desea alcanzar al pueblo.

La amenaza presenta un futuro de hambre y sed extremas mediante la referencia a excrementos y orina. Su crudeza tiene una función en la escena: hacer que continuar la resistencia parezca conducir inevitablemente a la degradación y a la pérdida de toda posibilidad de vida digna.

«Junto con ustedes» une a los habitantes con sus dirigentes en ese destino anunciado. El emisario quiere que los oyentes sientan que la decisión política los compromete personalmente y que no quedarán al margen del sufrimiento. Al dirigirse así al pueblo, busca volverlo contra la confianza que Ezequías sostiene.

El versículo registra una amenaza del adversario, no cuenta que los habitantes hayan llegado a realizar esas acciones ni presenta una orden divina. Su cumplimiento no puede darse por hecho porque el asirio hable con seguridad. El relato continúa hacia la oración y la defensa de Jerusalén por Jehová.

Las formas escritas y la lectura tradicional

El hebreo conserva en este punto formas escritas crudas y una lectura tradicional con expresiones más discretas. Una de estas es צוֹאָתָם, tsoatám, «sus excrementos». La otra, מֵימֵי רַגְלֵיהֶם, meiméi ragléihem, dice literalmente «aguas de sus pies» y funciona como una expresión indirecta para la orina.

La distinción no cambia la naturaleza de la amenaza. Las distintas formas de expresarla conservan el anuncio de privación y humillación que el emisario utiliza para presionar a sus oyentes.

La gravedad bíblica del asedio

Deuteronomio 28:52–57 había descrito el horror del hambre bajo sitio dentro de las advertencias del pacto. Esa relación permite comprender el peso de la amenaza para Judá. Sin embargo, no convierte al Rabsaces en profeta autorizado ni hace de su palabra la decisión final sobre Jerusalén.

Isaías 36:13 north

El mensaje imperial se proclama para que lo oiga toda la ciudad

El Rabsaces responde a la petición de discreción haciendo más pública y más sonora su amenaza.

Explicación del versículo

El emisario se pone de pie y grita a gran voz en la lengua de Judá. La acción confirma que no acepta limitar la conversación al círculo de funcionarios. Su audiencia buscada incluye a quienes están sobre la muralla y pueden influir en la respuesta de la ciudad.

La lengua elegida y el volumen forman parte del mensaje. El portavoz quiere que el contenido llegue sin depender de lo que los representantes decidan comunicar después al rey. Intenta establecer una relación directa entre la autoridad asiria y los habitantes amenazados.

«Escuchen» reclama atención antes de repetir el título del gran rey de Asiria. La proclamación presenta la palabra de Senaquerib como la realidad que debe determinar las decisiones del pueblo. El lenguaje de autoridad procura reemplazar la confianza comunicada por Ezequías con obediencia al invasor.

El giro prepara las exhortaciones negativas de 36:14–18: no dejen que Ezequías los engañe, no confíen en la liberación de Jehová y escuchen la oferta asiria. La confrontación ya no se dirige únicamente a la estrategia del rey. Busca intervenir en la lealtad y la esperanza de los oyentes.

La continuidad con la petición anterior

Isaías 36:11–12 había mostrado el intento de restringir la difusión mediante el arameo y la negativa del emisario. Este versículo ejecuta esa negativa en público. La secuencia permite interpretar el grito como una decisión consciente de presión, no como un detalle accidental de la conversación.

El límite de una voz poderosa

Isaías 37:6–7 responderá precisamente al efecto de esas palabras con el mandato de no temerlas. El relato reconoce que pueden causar angustia, pero no las equipara con la palabra que Jehová pronuncia. La intensidad con que se comunica una afirmación no establece su verdad ni su autoridad ante Dios.

Isaías 36:14 north

El emisario intenta separar al pueblo de su rey

La acusación de engaño busca que los habitantes abandonen la confianza que Ezequías les ha comunicado.

Explicación del versículo

El Rabsaces transmite una orden del rey asirio: no permitan que Ezequías los engañe. La frase coloca al soberano de Judá bajo sospecha ante sus propios habitantes. Si aceptan esa interpretación, su resistencia ya no parecerá fidelidad compartida, sino resultado de haber sido manipulados.

La razón ofrecida es que Ezequías no podrá librarlos. El discurso reduce la cuestión a la capacidad personal del rey para competir con Asiria. La caída de las fortalezas y la desproporción militar sirven como fondo para que esa incapacidad parezca evidente.

Sin embargo, la confianza de Ezequías no se presenta en el relato paralelo como una afirmación de autosuficiencia. Su mensaje distingue la fuerza humana del invasor de la ayuda de Jehová. Que el rey no pueda producir la salvación por sí mismo no demuestra que el Señor sea incapaz de actuar.

El argumento avanza en dos pasos. Primero desacredita al que comunica esperanza; en 36:15 atacará el contenido de esa esperanza en Dios. El pueblo es invitado a cambiar de intérprete de la situación: dejar de escuchar a su rey y aceptar al portavoz del poder que lo amenaza.

Qué había comunicado Ezequías

2 Crónicas 32:6–8 recoge su llamado al ánimo y la distinción entre el brazo de carne de Asiria y la ayuda de Jehová. Ese contexto permite evaluar la acusación de engaño. La esperanza de Judá no depende de atribuir divinidad ni poder ilimitado a Ezequías.

El desenlace no convierte al rey en salvador autónomo

Isaías 37:33–35 atribuirá la defensa de la ciudad al Señor. La narración conserva la importancia de la respuesta del rey, pero sitúa la acción decisiva en Dios. La debilidad de un dirigente humano puede ser reconocida sin entregar a otro ser humano el lugar de la confianza última.

Isaías 36:15 north

La presión se dirige contra la confianza en Jehová

El emisario quiere que la promesa de liberación sea escuchada como una ilusión peligrosa.

Explicación del versículo

El discurso pasa de la capacidad de Ezequías a la confianza que él comunica en Jehová. La orden es explícita: no dejen que el rey los haga confiar en el Señor. La confrontación no puede reducirse a un desacuerdo sobre tropas o alianzas; alcanza la relación del pueblo con su Dios.

El emisario resume esa esperanza en dos afirmaciones: Jehová los librará y la ciudad no será entregada al rey de Asiria. Presenta las palabras para desacreditarlas. El narrador permite escucharlas dentro de una voz hostil, mientras el desarrollo del relato mostrará que la liberación procede efectivamente del Señor.

La amenaza busca que la superioridad militar sea considerada más fiable que la fidelidad divina. Si el pueblo acepta que todo lo decisivo ya está contenido en el poder del invasor, la confianza en Jehová aparecerá como una distracción que solo agrava el sufrimiento.

La respuesta autorizada llegará en 37:33–35, donde Dios promete defender esta ciudad frente a este rey asirio. La concreción importa. El episodio no establece que cualquier ciudad o institución que invoque a Dios tenga garantizada en todo tiempo la conservación de sus edificios y de su poder.

La fuerza de «sin falta»

הַצֵּל יַצִּילֵנוּ, hatstsél yatstsilénu, repite la idea de librar mediante dos formas del verbo. La construcción refuerza la certeza expresada: «sin falta nos librará». El Rabsaces cita esa seguridad para intentar destruirla; la repetición no es una fórmula que obligue a Dios mediante la intensidad del habla humana.

La promesa histórica y la confianza en Jesucristo

Isaías 37:33–35 da el contenido concreto de la respuesta divina a esta amenaza. La fe atiende a lo que Dios promete, en lugar de extender una garantía particular a cualquier resultado deseado.

Juan 16:25–33 presenta a Jesús dando paz y ánimo a sus discípulos en medio de la aflicción. La confianza cristiana descansa en nuestro Señor y Salvador y en su victoria, mientras recibe con verdad las pruebas que él mismo ha anunciado.

Isaías 36:16 north

La rendición se presenta como una promesa de vida tranquila

El rey asirio ofrece comida y agua propias a cambio de que los habitantes dejen de escuchar a Ezequías y salgan a entregarse.

Explicación del versículo

«No escuchen a Ezequías» continúa la disputa por la lealtad del pueblo. La oferta no llega como una propuesta neutral: exige retirar la atención del rey de Judá y aceptar al soberano que lo amenaza como autoridad sobre el futuro de la ciudad.

Hacer las paces y salir al emisario significa, en esta situación, abandonar la resistencia y someterse al rey asirio. El lenguaje suaviza esa exigencia mediante una promesa atractiva: cada uno podrá comer de su vid y su higuera y beber de su cisterna.

La repetición de «cada uno» acerca la propuesta a las necesidades de cada hogar. Frente al hambre y la sed de 36:12, se ofrece la posibilidad de disfrutar bienes conocidos sin esperar más. El discurso intenta convertir el deseo legítimo de vivir en una razón para desconfiar de Jehová.

La oración no termina aquí. El «hasta que» de 36:17 limita la permanencia en la tierra: después, el rey los llevará a otro lugar. Leer ambos versículos juntos permite reconocer el alcance completo de la oferta. El bienestar prometido bajo la vid propia no es una garantía de conservar para siempre el hogar.

Una expresión favorable al servicio de la sumisión

La frase hebrea traducida «hagan las paces conmigo» contiene בְרָכָה, berajáh, palabra habitual para «bendición». Aquí forma parte de una propuesta de acuerdo con el invasor. Su significado en la escena queda precisado por «salgan a mí» y por el traslado que sigue: el rey reclama una entrega bajo condiciones que él determina.

Una imagen conocida de paz

1 Reyes 4:24–25 relaciona la vid y la higuera con una vida segura. Miqueas 4:1–5 utiliza la misma imagen dentro de la paz que procede del gobierno de Jehová.

El discurso asirio toma una imagen de bienestar para hacer deseable su dominio. La familiaridad de sus palabras no permite confundir la oferta del conquistador con la promesa del Señor; sus condiciones deben ser escuchadas hasta el final.

Isaías 36:17 north

La tierra prometida por el invasor exige abandonar la propia

La oferta de abundancia incluye un traslado decidido por el rey asirio, y no la conservación del hogar bajo la libertad de sus habitantes.

Explicación del versículo

El «hasta que» completa la propuesta de 36:16. La posibilidad de comer de la vid y de beber de la cisterna propias durará hasta que el rey venga y lleve al pueblo a otra tierra. La frase descubre una condición decisiva que el tono amable de la oferta podía dejar en segundo plano.

Senaquerib se presenta como quien decide cuándo llegará y adónde llevará a los habitantes. Aunque el lugar de destino sea descrito favorablemente, la comunidad no conserva el control de su permanencia. La rendición deja su futuro en manos del poder que exige obediencia.

La nueva tierra se compara con la de ellos mediante grano, vino nuevo, pan y viñedos. El discurso procura que el desarraigo parezca una sustitución sin pérdida importante. Al nombrar recursos familiares, reduce la atención al sustento material y deja de lado el significado de la tierra, la comunidad y la vida del pueblo ante Jehová.

El relato no afirma que esa promesa sea la garantía verdadera que Dios ofrece. Conserva la descripción dentro del mensaje asirio. La cuestión para los oyentes es si aceptarán la seguridad del conquistador al precio de abandonar la confianza que ha sido puesta en el Señor.

El traslado dentro de la historia de Asiria

2 Reyes 17:5–6 relata que la conquista de Samaria fue seguida por la deportación de Israel a otros lugares. Ese antecedente permite reconocer que el traslado no es un detalle sin consecuencias de la oferta. El lenguaje de una tierra semejante presenta de manera favorable una pérdida real del lugar propio.

El contraste con el retorno de los rescatados

Isaías 35:8–10 había anunciado un camino para los redimidos y su regreso gozoso a Sion. Aquí el invasor promete abundancia mediante una salida que él controlará. La relación ilumina la diferencia entre la salvación del Señor, que reúne a su pueblo ante él, y la seguridad ofrecida por un dominio humano que decide por sus sometidos.

Isaías 36:18 north

Las derrotas de otras naciones se usan para negar la liberación de Jehová

El emisario construye su argumento equiparando al Señor con los dioses de los pueblos conquistados.

Explicación del versículo

El discurso vuelve a advertir que Ezequías no debe seducir al pueblo con la afirmación «Jehová nos librará». Después de ofrecer paz y traslado, el Rabsaces intenta desacreditar la razón religiosa para rechazar su propuesta. Quiere que esperar al Señor parezca una forma de ser engañado.

La pregunta apela a la historia de las conquistas: ¿algún dios de las naciones ha librado su tierra de Asiria? El hecho de que otros pueblos hayan caído sirve de premisa para concluir que Jerusalén tampoco puede ser librada. El invasor presenta sus victorias como si hubieran demostrado el límite de toda divinidad.

El paso decisivo del argumento es la equiparación de Jehová con aquellos dioses. Si todos pertenecieran a una misma clase de protectores nacionales derrotados, la conclusión podría parecer inevitable. Pero el relato no comparte ese supuesto y hará que Ezequías lo confronte expresamente en su oración.

La narración no necesita negar las conquistas asirias para responder. En 37:18–19 el rey reconocerá la devastación de otras tierras y distinguirá entre los ídolos hechos por manos humanas y el Dios vivo. La confianza bíblica puede reconocer un hecho doloroso sin aceptar la interpretación teológica que el agresor impone sobre él.

Qué significa librar en la pregunta

En este tramo del discurso, librar significa rescatar de la mano del rey asirio y evitar que la tierra quede sometida a él. La repetición liga la cuestión militar con la identidad del Dios de Judá. El emisario exige que el poder de Jehová sea evaluado a partir de la impotencia de los ídolos ajenos.

La diferencia que el discurso borra

Salmos 115:1–8 responde a la pregunta de las naciones sobre dónde está el Dios del pueblo y distingue su soberanía de los ídolos fabricados. La relación muestra el error de la comparación asiria: la obra de manos humanas no establece la medida de lo que puede hacer el Creador.

Isaías 36:19 north

La lista de ciudades conquistadas convierte la historia en una amenaza

El emisario cita nombres conocidos y la caída de Samaria para presentar a Jerusalén como el siguiente caso inevitable.

Explicación del versículo

Las preguntas «¿dónde están?» no buscan información sobre los dioses mencionados. Forman parte de una burla: si no evitaron la derrota de sus pueblos, el oyente debería considerarlos incapaces de proteger. Hamat, Arfad y Sefarvaim hacen concreta la comparación iniciada en 36:18.

La mención de Samaria acerca el argumento a la experiencia de Judá. Ya no se trata solamente de otras naciones. La caída de una ciudad central del reino de Israel podía parecer una prueba especialmente fuerte de que la resistencia de Jerusalén tampoco tendría futuro.

Sin embargo, el relato bíblico explica la caída de Samaria por la desobediencia al pacto y al llamado profético. No la presenta como una derrota de Jehová ante un dios más poderoso o ante una fuerza que hubiera escapado a su control. El mismo hecho recibe, por tanto, una interpretación distinta de la que propone el emisario.

«De mi mano» pertenece a la voz imperial transmitida en el discurso. Las victorias de Asiria se hacen presentes como poder del rey que ahora amenaza. El relato de Reyes sitúa la caída de Samaria antes de esta campaña de Senaquerib; la expresión no exige atribuir personalmente a este rey cada conquista anterior del imperio.

La caída de Samaria y su causa

2 Reyes 18:9–12 describe el sitio, la captura y la deportación, y afirma que Israel no obedeció la voz de Jehová ni guardó su pacto. Esa explicación responde a la comparación del Rabsaces sin negar lo sucedido.

La soberbia ya denunciada por Isaías

Isaías 10:8–12 recoge una jactancia asiria que también compara Hamat, Arfad, Samaria y Jerusalén, antes de anunciar castigo por la arrogancia del rey. La coincidencia vincula este discurso con la denuncia anterior: el invasor interpreta sus éxitos como autoridad para decidir el límite del Dios que gobierna sobre él.

Isaías 36:20 north

El desafío final pretende colocar a Jehová entre los dioses derrotados

La conclusión del discurso niega que Jerusalén pueda ser una excepción al poder del rey asirio.

Explicación del versículo

La pregunta reúne todos los ejemplos anteriores: ninguno de los dioses de aquellas tierras habría podido librarlas de la mano de Asiria. El emisario convierte esa afirmación en razón para negar la liberación de Jerusalén por Jehová. La conclusión pretende cerrar toda posibilidad de esperanza.

La repetición de «mi mano» presenta el control del invasor como el hecho decisivo. La ciudad debería pensar su futuro únicamente dentro de lo que el rey permite. El discurso no deja un lugar real a la autoridad del Señor, aunque en 36:10 se hubiera usado su nombre para legitimar la campaña.

El supuesto que sostiene la conclusión es que Jehová sea comparable con los dioses de las tierras conquistadas. El relato mostrará que esa equivalencia es falsa. Ezequías confesará al Dios de todos los reinos, creador de cielos y tierra, y distinguirá su vida y poder de los objetos fabricados por los seres humanos.

El final del discurso convierte la amenaza militar en una afrenta directa al Señor. Lo que sucede a continuación no es una competencia para demostrar qué rey sabe insultar mejor. El mensaje será llevado ante Ezequías y, por medio de su oración y de la palabra profética, ante Dios mismo.

La respuesta que el relato prepara

Isaías 37:16–20 responde reconociendo la realidad de las devastaciones, pero afirmando que los dioses quemados no eran dioses. La petición final busca que todos los reinos conozcan al único Señor. La salvación de Jerusalén manifiesta su identidad, en lugar de convertirlo en otro protector local dentro de una escala de poderes.

La autoridad de Jesucristo sobre los poderes creados

Colosenses 1:15–20 presenta a Cristo como aquel por medio de quien y para quien fueron creadas todas las cosas, incluidos tronos y autoridades. El Nuevo Testamento sitúa así a los poderes humanos dentro de la creación que depende de él.

La esperanza cristiana descansa en ese Señor, que reconcilia mediante la sangre de su cruz. Su salvación no procede de competir con el imperio mediante otra arrogancia, sino de la autoridad y la entrega del Hijo de Dios, nuestro único Salvador.

Isaías 36:21 north

El pueblo no responde a la provocación del emisario

La orden del rey contiene una respuesta inmediata y evita que el discurso asirio imponga también la forma de reaccionar.

Explicación del versículo

Después de un discurso extenso y público, los oyentes guardan silencio. El contraste es deliberado: el Rabsaces ha gritado para provocar una decisión, pero no recibe una respuesta verbal que pueda utilizar dentro de la confrontación.

El narrador explica la causa concreta: Ezequías había ordenado que no le respondieran. El silencio no permite concluir que el pueblo haya aceptado las afirmaciones asirias o que ya no tenga esperanza. En esta escena constituye obediencia a una instrucción del rey.

La ausencia de palabras tampoco demuestra que los oyentes no hayan sentido temor. El regreso de los funcionarios con la ropa rasgada mostrará la gravedad con la que recibieron el mensaje. El relato puede mantener juntas la angustia real y una respuesta contenida.

La decisión no cierra el asunto. Las palabras serán comunicadas al rey, que acudirá a Jehová y buscará la respuesta profética. El silencio frente al provocador abre paso a otra dirección de la palabra: informar con verdad y orar ante el Dios cuya autoridad ha sido desafiada.

El alcance de esta instrucción

La orden corresponde a esta situación concreta. No establece que toda amenaza deba quedar sin denunciar ni que el creyente nunca deba responder a una acusación. La misma narración dará lugar a un informe, a una petición y a una respuesta de Jehová. Lo que se rehúsa aquí es entrar en el intercambio que el emisario intenta controlar.

Aplicación editorial: responde desde la confianza en el Juez justo

1 Pedro 2:21–25 presenta a Jesucristo, que no devolvía insultos y se encomendaba al que juzga justamente, y fundamenta la vida justa en su entrega por nuestros pecados.

Ante una provocación, tú puedes detener una reacción de insulto, buscar ayuda y decidir qué respuesta sirve a la verdad. El ejemplo del Salvador no exige fingir que el daño no existe; enseña a no entregar tu conducta al mal que otro pretende provocar.

Isaías 36:22 north

Los representantes llevan la amenaza ante Ezequías

El capítulo termina con un informe de profunda angustia y deja preparada la búsqueda de una respuesta de Jehová.

Explicación del versículo

Eliaquim, Sebna y Joá regresan al rey después del discurso asirio. La repetición de sus nombres y cargos retoma la delegación de 36:3 y cierra el marco de la conversación. Los mismos representantes que salieron a recibir el mensaje son quienes ahora dan cuenta de él.

Sus ropas rasgadas muestran el peso con que han recibido las palabras. El gesto hace visible el duelo y la humillación ante una amenaza que compromete a la ciudad y afrenta a su Dios. El silencio anterior no había significado indiferencia ni falta de conciencia del peligro.

El informe lleva las palabras del Rabsaces al lugar donde debe tomarse la respuesta del reino. Los funcionarios no sustituyen el mensaje difícil por uno más cómodo ni se presentan como quienes ya han resuelto el conflicto. Comunican al rey lo que ha sido dicho.

La narración deja abierta la reacción de Ezequías. El capítulo siguiente comenzará con él oyendo, rasgando también sus ropas y entrando en la casa de Jehová. Así, el discurso que pretendía destruir la confianza será llevado ante el Señor mediante una respuesta de humillación, consulta y oración.

La continuidad entre los dos capítulos

Isaías 37:1–4 completa esta escena. La división de capítulo no señala un nuevo conflicto independiente: conserva la secuencia entre el informe recibido y la búsqueda de ayuda. Leer ambos momentos juntos evita terminar la historia con la aparente superioridad de la voz asiria.

El daño puede reconocerse sin concederle la última palabra

La ropa rasgada y la transmisión fiel del mensaje reconocen la gravedad de lo sucedido. El relato no exige serenidad aparente para poder acudir a Dios. La respuesta comienza precisamente cuando los responsables dejan que la necesidad real llegue al lugar de la oración y de la palabra del Señor.

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