Israel vuelve a quedar bajo dominio filisteo
El nuevo episodio comienza con otra deslealtad de Israel y una larga opresión. La historia de Sansón se sitúa dentro de esa necesidad de liberación.
Explicación del versículo
El libro retoma su secuencia característica: los israelitas hacen lo malo ante el Señor y él los entrega al poder de un enemigo. La valoración del mal procede de la relación del pueblo con Dios. La opresión se presenta como juicio por la deslealtad, además de como una situación política dolorosa.
Los filisteos ya habían aparecido en Jueces 3:31 y entre los opresores de 10:7. Ahora ocupan el centro de la amenaza. El relato deja atrás las noticias de los últimos jueces para concentrarse en el conflicto que marcará la vida de Sansón.
Los cuarenta años expresan la duración del dominio filisteo. El anuncio del nacimiento y el crecimiento del futuro libertador deben leerse dentro de ese período de sometimiento. El capítulo no empieza con una victoria inmediata, sino con la preparación de una intervención que se desarrollará a lo largo del tiempo.
A diferencia de otras escenas de liberación del libro, aquí no se narra primero un clamor del pueblo. La iniciativa aparece en la visita del mensajero divino a una familia de Dan. El Señor empieza a preparar el auxilio aun cuando el relato todavía no muestra a Israel organizado para resistir.
Exégesis del pasaje
וַיֹּסִפוּ, wayyôsifû, expresa que volvieron a hacer algo. El verbo enlaza esta nueva deslealtad con las anteriores, mostrando la persistencia del problema a pesar de los rescates recibidos.
La fórmula «los entregó en manos» describe el dominio de los filisteos como resultado del juicio de Dios. El mismo lenguaje de la mano será retomado en el anuncio de que el niño comenzará a salvar a Israel de ese poder en el versículo 5.