Las naciones restantes ponen a prueba a una generación nueva
El relato identifica a quiénes alcanza esta prueba: israelitas que no habían participado en las guerras de la entrada en Canaán.
Explicación del versículo
El capítulo continúa la explicación de Jueces 2:20–23. Las naciones que permanecen no son un detalle olvidado en el reparto de la tierra. El Señor ha declarado que su presencia pondrá a prueba la fidelidad de Israel; ahora el narrador prepara la lista de esos pueblos y precisa la situación de la nueva generación. Sus miembros viven en la tierra, pero no han conocido personalmente las guerras de Canaán.
La herencia recibida de los mayores no les proporciona automáticamente la experiencia que aquellos tuvieron. Tendrán que afrontar un entorno en el que existen poderes adversos y cultos capaces de atraerlos. El versículo siguiente desarrollará el aprendizaje de la guerra, y el versículo 4 aclarará que la cuestión decisiva es si obedecen los mandamientos del Señor. El pasaje integra la experiencia histórica y la respuesta al pacto.
La falta de experiencia militar no equivale por sí sola a una culpa. El problema espiritual se mostrará en lo que Israel haga ante la prueba. El narrador ya había señalado en Jueces 2:10 que otra generación no conocía al Señor ni su obra; aquí especifica además que estos israelitas no habían participado en las guerras anteriores. Conocer esas guerras y conocer al Señor están relacionados dentro de la historia, pero no son expresiones intercambiables.
Exégesis del pasaje
לְנַסּוֹת, lenassôt, significa «para poner a prueba». La presencia de las naciones es presentada bajo ese propósito divino, cuya medida será la obediencia. La frase מִלְחֲמוֹת כְּנָעַן, milḥămôt Kenaʿan, «las guerras de Canaán», delimita la experiencia desconocida: las campañas ligadas a aquella tierra. No exige que estos israelitas jamás hubieran oído hablar de una batalla.
La noticia enlaza con Josué 13:1–6, que ya enumeraba territorios aún pendientes al final de la vida de Josué. Jueces recoge esa realidad y la sitúa ante una generación distinta. La promesa y el testimonio de los antepasados debían ser recibidos con una lealtad que se manifestara en las nuevas circunstancias, en vez de quedar reducidos a una historia ajena.