¿Por qué suben unos representantes y el pueblo permanece abajo?
La invitación a subir abre la confirmación del pacto. Dios llama a personas concretas, pero establece también la manera en que podrán acercarse.
Explicación del versículo
El que habla es Jehová, aunque la oración comienza nombrando a Moisés como destinatario. La lista reúne a Moisés, Aarón, dos de sus hijos y setenta ancianos de Israel. Nadab y Abiú ya aparecen como hijos de Aarón en Éxodo 6:23. Los ancianos representan a la comunidad; su presencia muestra que lo que va a suceder concierne al pueblo entero, y no solo a la relación personal de Moisés con Dios.
La instrucción de inclinarse «desde lejos» pertenece al mismo llamado a subir. No todos alcanzarán el mismo punto del monte ni recibirán la misma función. El versículo siguiente reserva a Moisés un acercamiento particular. Esa diferencia continúa los límites establecidos en el Sinaí: la presencia divina es una invitación que Dios concede, no un espacio que el ser humano pueda ocupar por iniciativa propia.
Los versículos 3–8 intercalan la comunicación de las ordenanzas, la respuesta del pueblo y la ceremonia con sangre. Después, el versículo 9 cuenta que los hombres mencionados aquí subieron. Así se entiende el movimiento del relato: primero se anuncia el encuentro, luego se confirma el pacto y finalmente los representantes comparecen ante Dios. Leer la invitación junto con su cumplimiento evita imaginar dos grupos distintos de setenta ancianos.
Una comunidad que adora
El verbo hebreo הִשְׁתַּחֲוָה, hishtaḥawāh, expresa inclinarse o postrarse en homenaje. Aquí el gesto reconoce al Señor que ha rescatado a Israel y le ha hablado. El privilegio de representar al pueblo no coloca a sus dirigentes por encima de la necesidad de adorar: ellos también se inclinan ante quien establece el pacto.