La pregunta por la prosperidad del malvado se lleva ante el Dios justo
Jeremías reconoce la justicia de Jehová y, desde esa confianza, le presenta una pregunta dolorosa. Ve prosperar a quienes actúan con deslealtad mientras él mismo ha quedado expuesto a un complot por anunciar la palabra divina.
Explicación del versículo
«Justo eres tú» establece el fundamento de la oración antes de exponer la dificultad. Jeremías no comienza declarando culpable a Dios. Reconoce su carácter y busca comprender cómo ese carácter se relaciona con lo que observa. El lenguaje de presentar una causa continúa la oración de Jeremías 11:20, donde había confiado al juez justo su situación ante quienes querían matarlo.
La expresión hebrea מִשְׁפָּטִים (mishpatim) pertenece al ámbito de la justicia y del juicio. El profeta quiere hablar con Dios de un problema que no consigue resolver mediante una observación superficial. ¿Por qué el camino de los malvados parece avanzar con éxito? ¿Por qué la traición no les impide vivir tranquilos? Sus preguntas muestran la tensión entre la autoridad moral de Dios y una experiencia en la que las consecuencias del pecado aún no son plenamente visibles.
«El camino» incluye el curso de vida y sus resultados. Prosperar no se limita aquí a una suma de dinero; describe la aparente estabilidad de quienes obran mal. La tranquilidad de los desleales resulta especialmente perturbadora después del peligro que Jeremías acaba de descubrir. El texto no afirma que todos los malvados vivan siempre sin problemas, sino que pone en palabras el caso que hiere la conciencia del profeta.
Habacuc 1:12–17 presenta una oración relacionada: el profeta reconoce la santidad de Dios y pregunta por qué contempla la traición y la opresión. Estos lamentos muestran que la fe puede expresar su desconcierto ante el Señor. La confianza no exige llamar justo a lo que hacen los malvados ni fingir que el dolor ha desaparecido.
La justicia de Dios recibe una manifestación decisiva en Jesucristo. Romanos 3:21–26 anuncia la redención por su sangre y muestra a Dios como justo y como quien justifica al que tiene fe en Jesús. El evangelio no responde cada pregunta sobre el momento de una intervención histórica, pero fundamenta nuestra confianza en que la paciencia divina no equivale a indiferencia ante el pecado. Podemos llevar nuestras preguntas al Padre mientras descansamos en la obra de su Hijo.