La palabra de Jehová alcanza también a las naciones
Este encabezamiento abre una colección de mensajes que se extiende más allá de Judá. La historia de los pueblos vecinos y de los grandes imperios permanece bajo la autoridad del Dios que habla por medio de Jeremías.
Explicación del versículo
«La palabra de Jehová» identifica el origen del mensaje. Jeremías no introduce simplemente un análisis de las relaciones internacionales ni una colección de opiniones patrióticas sobre enemigos de Judá. El mismo Señor que ha pedido cuentas a su pueblo anuncia ahora lo que concierne a otras naciones. Su gobierno no termina en las fronteras de Israel.
El profeta ya había recibido esta amplitud de misión cuando Dios lo designó «profeta para las naciones» y le encargó hablar sobre naciones y reinos en Jeremías 1:4–10. El encabezamiento del capítulo retoma esa vocación. Los mensajes que siguen no constituyen una tarea accidental añadida al final de un ministerio dirigido exclusivamente a Jerusalén.
«Acerca de las naciones» funciona como un título general. El versículo siguiente comienza con Egipto, pero la colección continuará con otros pueblos y culminará en el extenso anuncio sobre Babilonia. Esta disposición impide identificar automáticamente al imperio vencedor con un poder moralmente intachable. Jehová puede servirse de una nación en un juicio y después juzgar también a esa nación por sus propias acciones.
La amplitud del juicio ya había sido expresada mediante la copa ofrecida a los pueblos en Jeremías 25:15–17. La caída de Judá no significa que los demás queden libres de rendir cuentas. Tampoco autoriza a Israel a alegrarse con soberbia ante el dolor ajeno: el pueblo que recibe estos mensajes conoce por experiencia la gravedad de ser confrontado por Dios.
Una disposición distinta de los mismos mensajes
En la antigua traducción griega de Jeremías, los mensajes sobre las naciones aparecen en otra posición del libro y con un orden diferente. Esa diferencia de organización no requiere que leamos esta colección como si describiera una sola campaña o una secuencia anual continua. Cada encabezamiento, destinatario y referencia histórica debe ser atendido dentro de su propia unidad.
Jesucristo y todos los pueblos
El Señor resucitado posee autoridad en el cielo y en la tierra, y envía a hacer discípulos de todas las naciones en Mateo 28:18–20. El Dios que juzga a los pueblos también les dirige el llamado a recibir la salvación en su Hijo. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no pertenecen a una nación como una posesión que pueda utilizarse contra otras; el evangelio convoca a todos a conocer al único Salvador.
Para tu vida
Permite que la autoridad de Cristo examine también tu manera de mirar a otros pueblos. Ora por ellos, busca su bien y evita confundir la fidelidad al Señor con la defensa incondicional de cualquier poder humano. Pide al Espíritu Santo humildad para recibir la corrección de Dios antes de aplicarla a otros.