Jeremías 18 (NTBT) en línea gratis con notas de estudio

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Jeremías 18

La señal del alfarero y el barro

1 Esta es la palabra que llegó a Jeremías de parte de Jehová:   N1

2 «Levántate y baja a la casa del alfarero; allí te haré oír mis palabras».   N2

3 Bajé a la casa del alfarero, y él estaba trabajando en el torno.   N3

4 La vasija de barro que hacía se echó a perder en la mano del alfarero. Entonces volvió a hacer con ella otra vasija, como al alfarero le pareció mejor hacerla.   N4

5 La palabra de Jehová me llegó, diciendo:   N5

6 «¿No puedo hacer con ustedes como este alfarero, casa de Israel? —declara Jehová—. Como el barro en la mano del alfarero, así están ustedes en mi mano, casa de Israel.   N6

7 En un momento anuncio contra una nación o un reino que lo arrancaré, lo derribaré y lo destruiré;   N7

8 pero si esa nación contra la que hablé se vuelve de su maldad, desistiré de la calamidad que había pensado traer sobre ella.   N8

9 En otro momento anuncio acerca de una nación o un reino que lo edificaré y lo plantaré;   N9

10 pero si hace lo malo a mis ojos y no escucha mi voz, desistiré del bien que había dicho que le haría.   N10

11 Ahora di a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: “Así dice Jehová: estoy moldeando una calamidad contra ustedes y trazando un plan contra ustedes. Vuélvanse, cada uno de su mal camino; enmienden sus caminos y sus acciones”.   N11

12 Pero dirán: “¡Es inútil! Seguiremos nuestros propios planes, y cada uno actuará conforme a la terquedad de su malvado corazón”».   N12

13 Por eso, así dice Jehová: «Pregunten entre las naciones: ¿quién ha oído algo semejante? La virgen de Israel ha hecho algo sumamente horrible.   N13

14 ¿Abandona la nieve del Líbano las rocas agrestes? ¿Se agotan las aguas frías que fluyen de lejos?   N14

15 Pero mi pueblo me ha olvidado; queman incienso a lo que es vanidad. Los han hecho tropezar en sus caminos, en las sendas antiguas, para que anden por senderos, por un camino sin preparar,   N15

16 y conviertan su tierra en desolación, en objeto de burla perpetua. Todo el que pase por ella se horrorizará y moverá la cabeza.   N16

17 Como viento del este los dispersaré delante del enemigo; les mostraré la espalda y no el rostro en el día de su calamidad».   N17

Conspiración del pueblo y oración de Jeremías

18 Entonces dijeron: «Vengan, tramemos planes contra Jeremías, porque no faltará la instrucción al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al profeta. Vengan, ataquémoslo con la lengua y no prestemos atención a ninguna de sus palabras».   N18

19 Préstame atención, Jehová, y escucha la voz de mis adversarios.   N19

20 ¿Se pagará el bien con el mal? Han cavado una fosa para quitarme la vida. Recuerda que me presenté ante ti para hablar a favor de ellos, para apartar de ellos tu furor.   N20

21 Por eso entrega sus hijos al hambre y abandónalos al poder de la espada. Que sus mujeres queden sin hijos y viudas; que sus hombres sean muertos y sus jóvenes caigan a espada en la batalla.   N21

22 Que se oigan gritos en sus casas cuando traigas de repente contra ellos una banda de saqueadores, porque han cavado una fosa para atraparme y han escondido trampas a mis pies.   N22

23 Pero tú, Jehová, conoces todos sus planes para matarme. No perdones su culpa ni borres de tu presencia su pecado. Que sean derribados delante de ti; actúa contra ellos en el tiempo de tu ira.   N23

menu_book Notas de estudio de Jeremías 18

Edición NTBT con estudio completo — pasaje por pasaje. Esta es una sección aparte del texto bíblico.

Jeremías 18:1 north

Una palabra de Dios explicada mediante una escena cotidiana

El relato del alfarero comienza identificando quién habla y a quién se dirige. Jeremías recibe una palabra de Jehová; la escena que sigue servirá para comunicarla a su pueblo.

Explicación del versículo

Esta breve introducción presenta una nueva unidad del libro. El profeta no empieza describiendo lo que piensa acerca de la política de Judá, sino atribuyendo el mensaje a Jehová. Esa procedencia determina cómo debes leer la visita al taller: el trabajo del artesano será una señal cuyo significado Dios mismo explicará. La experiencia de Jeremías está al servicio de la palabra recibida.

El orden del relato es importante. Primero llega el mandato de ir; después Jeremías observa lo que sucede con el barro; finalmente recibe la explicación para la casa de Israel. Por eso no conviene convertir inmediatamente al alfarero, al torno y a cada movimiento de sus manos en símbolos independientes. La comparación central aparecerá en el versículo 6, y los versículos 7–10 aclararán cómo se relaciona con las naciones y su conducta.

Esta presentación concuerda con el llamamiento de Jeremías 1:9–10. Jehová puso sus palabras en la boca del profeta y lo envió a anunciar tanto destrucción como edificación. Ahora esa doble dimensión del ministerio se desarrolla mediante una imagen visible. La amenaza y la posibilidad de restauración pertenecen al mismo mensaje; no proceden de dos actitudes incompatibles de Dios.

El versículo tampoco proporciona una fecha para esta visita. La ubicación del relato después de la enseñanza sobre el día de reposo permite leer ambos pasajes dentro del llamado a escuchar a Jehová, pero no demuestra por sí sola que los acontecimientos ocurrieran el mismo día. La atención debe permanecer en lo que el texto sí comunica: Dios advierte a un pueblo al que todavía llama a volverse de su mal camino.

Hebreos 1:1–3 sitúa las muchas formas de la palabra profética dentro de la historia que alcanza su plenitud en el Hijo. Jesucristo es quien revela al Padre y efectúa la purificación de los pecados. Al escuchar este anuncio antiguo, el lector cristiano reconoce la seriedad de la voz de Dios y su necesidad del Salvador; no recibe permiso para atribuir autoridad profética automática a cualquier impresión cotidiana.

Texto original

La expresión מֵאֵת יְהוָה, me’et YHWH, significa «de parte de Jehová». Identifica el origen del mensaje. La fórmula introduce lo que Jehová comunica por medio de Jeremías, no una enseñanza que el artesano haya encargado transmitir.

Jeremías 18:2 north

El taller como lugar donde Jeremías debe escuchar

Jehová manda al profeta ir a la casa del alfarero y promete hacerle oír allí sus palabras. La visita exige una respuesta concreta antes de que Jeremías conozca toda la explicación.

Explicación del versículo

«Levántate y baja» pone en marcha la narración. Jeremías debe salir hacia un lugar de trabajo ordinario, donde observará una actividad que sus oyentes podían comprender. El mandato no hace sagrado al taller ni establece una ceremonia que todos deban repetir. Es una instrucción particular al profeta, dentro de la manera en que Jehová le comunica su mensaje.

La promesa «allí te haré oír mis palabras» mantiene a Dios como quien toma la iniciativa. Jeremías no va a consultar al alfarero sobre el destino de Judá ni a buscar una respuesta escondida en objetos. Irá porque Jehová lo manda, y entenderá la escena mediante lo que Jehová diga. La observación tendrá valor profético por su relación con esa palabra, no por una supuesta capacidad adivinatoria del oficio.

El relato permite distinguir obediencia y conocimiento completo. En este momento Jeremías sabe adónde debe ir, pero todavía no se ha expuesto la enseñanza de los versículos 6–10. El siguiente versículo mostrará que cumple el mandato. Esa disposición a escuchar prepara el contraste con el pueblo, que en el versículo 12 anunciará su decisión de seguir sus propios planes.

También resulta significativo que la palabra se explique en un lugar cotidiano. El Señor de Israel no limita su enseñanza al edificio del templo: puede emplear la actividad de un trabajador para hacer comprensible su autoridad sobre el pueblo. Sin embargo, el texto no especifica la dirección del taller ni la ruta del descenso. «Baja» debe conservarse como dato del relato, sin construir sobre ella una ubicación que aquí no se identifica.

Jesús reúne escuchar y obedecer en Lucas 6:46–49. Llamarlo Señor mientras se desatienden sus palabras deja al oyente sin fundamento firme. La relación con Jeremías está en la respuesta a la voz divina; no implica que ir a un taller o aceptar cualquier encargo religioso produzca salvación. La confianza cristiana descansa en el Señor Jesucristo y se expresa en recibir y practicar su enseñanza.

Texto original

אַשְׁמִיעֲךָ, ’ashmi‘akha, expresa «te haré oír». Jehová no promete únicamente una experiencia visual: hará llegar su palabra al profeta. El artesano se designa como הַיּוֹצֵר, hayyotser, «el que forma», aquí el alfarero; esa misma idea de formar reaparecerá en el anuncio del versículo 11.

Jeremías 18:3 north

El alfarero está trabajando

Jeremías obedece y encuentra al artesano ocupado en su oficio. Antes de recibir la interpretación, observa una labor real: alguien está dando forma al barro.

Explicación del versículo

«Bajé» responde directamente al «baja» del versículo anterior. La narración no cuenta una discusión del profeta ni describe sentimientos extraordinarios al llegar. Su atención se concentra en lo que encuentra: el alfarero trabaja en el torno. Esa sencillez permite que el cambio de forma de la vasija, narrado enseguida, ocupe el centro de la escena.

El artesano ya está trabajando cuando Jeremías lo ve. El texto no dice que el profeta prepare una demostración ni que ordene al alfarero estropear una pieza. A diferencia de la acción que Jeremías realizará con una vasija en el capítulo 19, aquí observa el desarrollo del oficio. Jehová utiliza lo que ocurre para enseñar a Israel acerca de su autoridad y de la respuesta que espera del pueblo.

La mención del torno ayuda a comprender que la vasija todavía está siendo formada. El versículo 4 describirá barro con el que el alfarero puede volver a trabajar; todavía no estamos ante la vasija que será rota y declarada irreparable en Jeremías 19:10–11. Aunque ambos relatos usan alfarería, cada uno comunica una advertencia particular. Unirlos sin atender a esa diferencia borraría la oportunidad de retorno que domina este capítulo.

El trabajo visible no contiene por sí solo toda la enseñanza. Será necesario escuchar la palabra que lo interpreta. De ese modo, la narración evita dejar al lector buscando significados ocultos en el número de herramientas, en la velocidad del torno o en una técnica que no se describe. La pregunta pertinente es qué revela Jehová mediante la relación entre el alfarero y el barro.

Para el lector cristiano, 2 Timoteo 3:14–17 muestra dónde encontrar una enseñanza que hace sabio para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús: en las Sagradas Escrituras, útiles para enseñar y corregir. La vida ordinaria puede ayudar a comprenderlas, pero necesita ser examinada a su luz. Una escena sugerente no reemplaza la palabra de Dios ni convierte nuestras interpretaciones espontáneas en revelación.

Texto original y contexto

עַל הָאָבְנָיִם, ‘al ha’ovnayim, se refiere aquí al torno del alfarero. La forma de la palabra es dual y está relacionada con «piedras», pero la función que tiene en la frase es identificar el instrumento de trabajo. El pasaje no ofrece una descripción suficiente para reconstruir todos sus mecanismos.

Jeremías 18:4 north

El barro puede recibir otra forma

La pieza se estropea mientras el alfarero la trabaja, y él hace con el barro otra vasija. La escena muestra su libertad para dar una forma distinta al material que tiene en sus manos.

Explicación del versículo

La vasija no alcanza la forma que estaba recibiendo. El relato dice que «se echó a perder», pero no explica un defecto particular del barro ni un error técnico del artesano. La comparación posterior no autoriza a completar esos silencios con una explicación sobre el origen del mal o con un juicio sobre la capacidad de Dios. Lo que Jeremías observa es que el alfarero no queda obligado a conservar una pieza estropeada tal como está.

En lugar de abandonar el barro, vuelve a hacer con él otra vasija. El énfasis está en la continuidad del material y en la nueva forma que decide darle. Esta posibilidad prepara el llamado al arrepentimiento: el anuncio de calamidad no debe ser recibido como una razón para persistir en el pecado, pues Jehová explica en los versículos 7–10 que atiende a la respuesta de una nación.

«Como al alfarero le pareció mejor» identifica quién tiene la autoridad en la escena. El barro no dicta el diseño ni exige que la primera forma se mantenga. Sin embargo, la aplicación que Dios hará a las personas incluye decisiones morales: les manda volverse de su mal camino. La pasividad del material no elimina la responsabilidad de los oyentes; una comparación no hace idénticos todos los aspectos de las realidades comparadas.

La imagen también pone un límite a una esperanza superficial. No promete que cada proyecto personal fracasado será sustituido por otro más próspero. El asunto inmediato es el trato de Jehová con Israel y con las naciones. Tampoco enseña que el juicio pueda posponerse indefinidamente: Jeremías 19:10–11 utilizará una vasija rota para comunicar la gravedad de la destrucción que se aproxima.

La oración de Isaías 64:8–9 llama a Dios Padre y alfarero, y pide misericordia reconociendo el pecado del pueblo. Esa actitud corresponde a recibir la señal con humildad. El Nuevo Testamento presenta la vida renovada como obra de la gracia: somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras (Efesios 2:8–10). La restauración no es un derecho que el pecador imponga a Dios; depende de su misericordia y encuentra su fundamento salvador en Jesucristo.

Texto original

כְּלִי אַחֵר, keli ’ajer, significa «otra vasija». La frase no dice que la pieza estropeada quede simplemente disimulada. El alfarero vuelve a trabajar el barro conforme a lo que considera adecuado hacer.

Jeremías 18:5 north

Jehová explica el significado de la señal

Después de la observación viene la palabra interpretativa. El sentido de la escena no depende de las conjeturas de Jeremías, sino de lo que Jehová declara acerca de su pueblo.

Explicación del versículo

Esta frase marca el paso de lo visto a lo oído. Jeremías ha descrito al artesano y a la vasija; ahora Jehová le comunica cómo debe entender esa observación. La estructura del relato obliga a leer juntos el taller y el discurso que sigue. La señal no es una enseñanza independiente que pueda usarse para defender cualquier idea sobre el destino humano.

El versículo 6 establecerá la comparación principal: la casa de Israel está en las manos de Jehová como el barro en las manos del alfarero. Los versículos 7–10 explicarán su alcance mediante dos situaciones opuestas, una amenaza de destrucción y un anuncio de bien. En ambos casos aparece una respuesta de la nación que importa para la manera en que Dios actúa. Así se evita interpretar la soberanía divina como una invitación a la indiferencia moral.

La palabra también conducirá a una orden concreta. En el versículo 11 Jeremías tendrá que hablar a Judá y Jerusalén para llamarlos a enmendar su conducta. Si se detuviera la lectura en la belleza de la artesanía, se perdería el propósito de la visita. El pueblo necesita escuchar una advertencia que le permita reconocer su pecado y volver a Jehová.

Esta forma de presentar el mensaje concuerda con 2 Pedro 1:19–21, donde la palabra profética merece atención porque no tiene su origen en la voluntad humana: los hombres hablaron de parte de Dios impulsados por el Espíritu Santo. Esa afirmación llama a recibir la Escritura con reverencia. No concede a todo observador autoridad para imponer como palabra divina el significado que le parezca encontrar en un acontecimiento.

En la lectura cristiana, escuchar al Dios que habló por los profetas conduce a atender al Hijo por quien nos ha hablado y que ha efectuado la purificación de nuestros pecados (Hebreos 1:1–3). Jesucristo es el fundamento de nuestra reconciliación con el Padre. La señal del alfarero conserva su llamado al arrepentimiento, y la esperanza del pecador descansa en el Salvador que Dios ha dado, no en manipular una imagen para obtener seguridad sin obediencia.

Exégesis del pasaje

La fórmula «la palabra de Jehová me llegó» introduce el discurso divino. Su función aquí es interpretativa: relaciona la escena anterior con la situación de Israel. El mensaje debe seguirse hasta la aplicación a Judá y su respuesta, no aislarse del desarrollo de los versículos siguientes.

Jeremías 18:6 north

Israel está en las manos de Jehová

Jehová aplica la escena del taller a la casa de Israel. El pueblo no tiene autoridad para imponerle cómo debe tratarlo, pero sí recibe un llamado a escuchar y responder a su palabra.

Explicación del versículo

La pregunta «¿no puedo hacer con ustedes como este alfarero?» invita a reconocer una autoridad que Israel había dejado de tomar en serio. Del mismo modo que el artesano puede dar otra forma al barro, Jehová puede actuar sobre la vida de su pueblo. Tener un templo, una historia y un nombre vinculados a él no convierte a Israel en dueño de las decisiones divinas.

La repetición de «casa de Israel» señala el destinatario de la comparación. Se trata del pueblo en su relación con Jehová; el versículo 11 concretará el anuncio en los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén. No comienza exponiendo el destino eterno de dos individuos representados por dos tipos de vasijas. Los versículos siguientes hablan de naciones y reinos, de su conducta y de anuncios de destrucción o edificación.

«Así están ustedes en mi mano» reúne dependencia y responsabilidad. Israel no puede escapar de la autoridad de Dios, pero tampoco puede utilizarla como excusa para seguir pecando. Jehová mismo explica que una nación puede volverse de su maldad y recibir misericordia. Por tanto, reducir la señal a «nada de lo que hagamos importa» contradice la explicación que acompaña a la imagen.

La oración de Isaías 64:8–9 emplea la misma relación entre barro y alfarero para reconocer a Jehová como Padre y pedirle que no recuerde para siempre la iniquidad. La dependencia conduce allí a la súplica humilde, no a la resignación ante el pecado. En Jeremías debe conducir también a escuchar la advertencia y abandonar la obstinación.

Romanos 9:19–24 utiliza la imagen del alfarero para responder a quien disputa con Dios y para hablar de su paciencia, su juicio y las riquezas de su misericordia. La relación ayuda a reconocer que la misericordia es don divino y no un derecho humano. Cada pasaje, sin embargo, desarrolla su propio argumento: aquí la aplicación inmediata es el llamado de Jehová a un pueblo que todavía está siendo amonestado.

Texto original

כַחֹמֶר בְּיַד הַיּוֹצֵר, kajomer beyad hayyotser, significa «como el barro en la mano del alfarero». La frase se corresponde con אַתֶּם בְּיָדִי, ’attem beyadi, «ustedes en mi mano». El punto de comparación es la autoridad de quien forma; su aplicación moral se aclara con los llamados a volverse y escuchar.

Jeremías 18:7 north

El juicio anunciado contra una nación

Jehová describe el primer caso que explica la señal del alfarero: puede anunciar la destrucción de una nación o de un reino. El versículo siguiente mostrará por qué ese anuncio debe mover al arrepentimiento.

Explicación del versículo

El discurso pasa de Israel a «una nación o un reino». La autoridad de Jehová no se limita al pueblo que lo reconoce: también abarca la vida de las demás comunidades humanas y sus poderes. Ningún reino queda fuera de su juicio por su tamaño, su antigüedad o la seguridad que atribuya a sus instituciones.

Los tres verbos —arrancar, derribar y destruir— acumulan imágenes de pérdida. Arrancar sugiere retirar lo que estaba plantado; derribar, abatir lo que se sostenía; destruir reúne el resultado devastador. No es necesario asignar a cada verbo una campaña militar diferente. Juntos expresan que la estabilidad de una nación no puede resistir por sí misma la sentencia de Dios.

Estos verbos retoman el lenguaje del encargo de Jeremías en Jeremías 1:10. El profeta fue constituido para anunciar tanto demolición como restauración. Que hable de juicio no significa que lo cause por una capacidad personal de maldecir; transmite la palabra del Señor que tiene autoridad para actuar. La escena del alfarero ayuda a entender esa diferencia entre el mensajero y quien gobierna.

La frase no debe separarse de la condición que sigue. El versículo 8 presenta a esa misma nación volviéndose de su maldad y a Jehová desistiendo de la calamidad anunciada. Por tanto, la amenaza no se comunica para enseñar que el arrepentimiento sea inútil. También puede funcionar como la advertencia mediante la cual una comunidad reconoce su peligro y abandona el mal.

El lector tampoco recibe un método para declarar que toda desgracia actual es un castigo específico contra quienes la sufren. Aquí existe una palabra profética explícita acerca del juicio. En Lucas 13:1–5, Jesús rechaza que las víctimas de dos calamidades fueran por ello más culpables que los demás, y llama a sus oyentes a arrepentirse. La respuesta adecuada es examinar nuestra necesidad de Dios, no presumir conocimiento de una sentencia que no nos ha sido revelada.

Texto original

לִנְתוֹשׁ וְלִנְתוֹץ וּלְהַאֲבִיד, lintosh velintots uleha’avid, reúne «arrancar, derribar y destruir». Los infinitivos expresan el contenido de lo anunciado por Jehová. La frase «en un momento» introduce un caso posible de su palabra sobre una nación; no establece un calendario secreto de tres etapas.

Jeremías 18:8 north

La advertencia abre espacio al arrepentimiento

Si la nación abandona su maldad, Jehová puede desistir de la calamidad anunciada. Su misericordia no vuelve falsa la advertencia: muestra para qué debía ser escuchada.

Explicación del versículo

El «pero si» cambia el curso del primer caso. La nación no permanece en la conducta contra la que habló Jehová, sino que se vuelve de ella. El texto presenta una respuesta moral concreta: dejar la maldad. No basta que una comunidad sienta miedo ante las consecuencias o busque una manera religiosa de conservar sus abusos sin sufrir daño.

La respuesta divina corresponde a esa situación nueva: Jehová desiste de la calamidad que había pensado traer. La advertencia y la misericordia pertenecen al trato del mismo Dios con el pecado. No se dice que haya descubierto un error moral en su juicio o que un pueblo lo haya vencido mediante un rito. El propio Señor había establecido que el regreso del pecador importa en su trato con él.

La historia de Nínive ofrece una relación especialmente clara. Jonás 3:4–10 narra un anuncio de destrucción, la respuesta de los habitantes y la decisión de Dios de no ejecutar la calamidad. El relato destaca que dejaron su mal camino y su violencia. Su cambio no demostró que la amenaza careciera de autoridad; mostró que la habían tomado en serio.

Este versículo ayuda también a entender el carácter de Jehová: es compasivo y clemente, y no considera insignificante la culpa (Éxodo 34:6–7). La paciencia no es indiferencia. Por eso Judá no debe responder que nada puede cambiar ni usar la misericordia como una garantía de que podrá seguir pecando sin límite.

El anuncio cristiano reúne arrepentimiento y perdón en el nombre de Jesucristo, quien padeció y resucitó (Lucas 24:46–47). Volverse a Dios no compra su gracia ni sustituye la obra del Salvador. Es la respuesta a la misericordia de Dios, que recibe al pecador por medio de Cristo y lo llama a abandonar aquello de lo que necesita ser perdonado.

Texto original y sentido

וְשָׁב, veshav, expresa «y se vuelve»; aquí introduce el regreso de la nación desde su maldad. וְנִחַמְתִּי, venijamti, significa en este contexto «desistiré». La palabra רָעָה, ra‘ah, se usa en la frase para la calamidad que Dios anuncia, mientras que la maldad de la nación es la conducta de la que debe apartarse. No se atribuye a Jehová la maldad moral que él juzga.

Jeremías 18:9 north

Dios también anuncia edificación y vida

El segundo caso explica que Jehová puede anunciar el bien de una nación. Edificar y plantar presentan el establecimiento de lo que antes podía ser derribado y arrancado.

Explicación del versículo

El alfarero no representa únicamente la capacidad de destruir. Jehová introduce ahora un anuncio de edificación y plantación. Ambas imágenes hablan de continuidad y crecimiento: lo que se edifica puede sostener una vida común, y lo plantado puede arraigar y desarrollarse. El poder de Dios sobre las naciones incluye darles estabilidad y futuro.

Este anuncio responde a los verbos del versículo 7 y completa la explicación del llamamiento de Jeremías 1:10. El ministerio del profeta no consiste solamente en denunciar. También debe comunicar el bien que Jehová se propone hacer. Reducir el libro a destrucción dejaría fuera una parte esencial de su esperanza; hablar solo de bienestar silenciaría las advertencias con las que esa esperanza convive.

Como en el primer caso, no conviene cerrar la lectura antes de la condición siguiente. El versículo 10 hablará de una nación que hace lo malo y no escucha la voz de Dios. El anuncio de bien no concede una licencia para la desobediencia. La nación no puede tratar la palabra recibida como una posesión que obligue a Jehová a sostenerla cualquiera que sea su conducta.

Más adelante, Jeremías 31:27–28 empleará de nuevo esta relación entre destruir y edificar al anunciar restauración para Israel y Judá. Allí Jehová declara que velará para edificar y plantar. La esperanza procede de su iniciativa fiel; no depende de que el profeta ignore el pecado o afirme que las consecuencias de la infidelidad nunca existieron.

El Nuevo Testamento aplica imágenes de cultivo y construcción a la comunidad de los creyentes, señalando que Dios da el crecimiento y que Jesucristo es su único fundamento (1 Corintios 3:6–11). Esa relación temática no convierte toda prosperidad de un Estado en prueba de salvación. Ayuda a reconocer que la vida que permanece necesita la acción de Dios y, para la iglesia, el fundamento que él ha dado en su Hijo.

Texto original

לִבְנוֹת וְלִנְטֹעַ, livnot velintoa‘, significa «edificar y plantar». Los verbos se oponen a «derribar» y «arrancar», sin exigir que el anuncio trate exclusivamente de edificios o cultivos materiales. Describen el bien que Jehová puede realizar en la existencia de una nación.

Jeremías 18:10 north

El anuncio de bien no protege la desobediencia

Una nación que hace el mal y rechaza la voz de Jehová no puede utilizar un anuncio favorable como garantía de impunidad. Dios mantiene su oposición al pecado aun cuando antes haya hablado de bendición.

Explicación del versículo

Este versículo completa el segundo caso. La nación mencionada en el versículo 9 recibe un anuncio de edificación, pero después actúa mal a los ojos de Jehová. El texto describe esa conducta también como negarse a escuchar su voz. No se trata de una dificultad involuntaria para entender una frase, sino de una respuesta que desatiende la autoridad de quien habló.

La consecuencia corresponde al primer caso en sentido inverso. Si una nación abandona el mal, Jehová puede desistir de la calamidad; si se entrega al mal, puede desistir del bien anunciado. Los dos ejemplos sostienen la misma enseñanza: el Señor no es indiferente a la conducta de sus oyentes. Su libertad para actuar no depende de una preferencia caprichosa, sino que se manifiesta aquí en un trato que toma en serio el arrepentimiento y la rebelión.

Para Judá, esto cuestiona la confianza en un privilegio religioso separado de la obediencia. Jeremías 7:4–10 ya había denunciado a quienes invocaban el templo mientras oprimían, derramaban sangre y seguían a otros dioses. La presencia del santuario no anulaba la palabra que condenaba esas prácticas. Del mismo modo, un anuncio de bien no podía servir de defensa para persistir en ellas.

La advertencia anterior sobre Jerusalén también distinguía entre escuchar de veras y negarse a hacerlo (Jeremías 17:24–27). El capítulo del alfarero explica el principio que permite comprender ambos desenlaces. No toda promesa bíblica debe reducirse a esta clase de anuncio condicionado; aquí es el propio discurso el que establece expresamente las condiciones de los dos casos.

Romanos 11:20–22 advierte a los creyentes contra la arrogancia y les recuerda que se mantienen por la fe. La bondad de Dios invita a permanecer en ella, no a despreciar a otros ni a confiar en una identidad heredada. La seguridad cristiana se recibe en Jesucristo; convertir la gracia en autorización para el mal contradice la respuesta de fe que esa gracia produce.

Texto original

לְבִלְתִּי שְׁמֹעַ בְּקוֹלִי, levilti shemoa‘ beqoli, expresa «no escuchar mi voz». La frase vincula el mal con el rechazo de la palabra divina. «Desistiré del bien» se refiere al bien que Jehová había anunciado hacer a esa nación, no a una renuncia de Dios a su propia bondad.

Jeremías 18:11 north

Judá debe responder al anuncio de calamidad

La enseñanza del alfarero desemboca en un mensaje para Judá y Jerusalén. Jehová anuncia el juicio y, al mismo tiempo, manda a cada uno abandonar su mal camino.

Explicación del versículo

«Ahora di» convierte la observación de Jeremías en una misión pública. El profeta no debe guardar la señal como una experiencia privada. Los destinatarios son los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén, de modo que el principio expuesto acerca de las naciones se aplica directamente a quienes escucharán su predicación.

Jehová declara que está «moldeando una calamidad» y trazando un plan contra ellos. La expresión retoma el oficio visto en el taller: el Dios que puede dar forma a una nación también puede disponer su juicio. La amenaza no procede del resentimiento de Jeremías ni de una decisión del artesano. El Señor identifica tanto el peligro como la razón por la que el pueblo necesita escucharlo.

La orden que sigue impide interpretar el anuncio como fatalismo: «Vuélvanse». Jehová no les dice que, por estar en sus manos, deban resignarse a hacer el mal. Los llama a cambiar de dirección. «Cada uno» da a la respuesta una dimensión personal, mientras que «sus caminos y sus acciones» abarca la conducta de la comunidad. Nadie puede esconder su desobediencia detrás del estado general de la nación.

Enmendar las acciones significa que el arrepentimiento debe alcanzar la vida real. Jeremías 7:5–6 había precisado exigencias como hacer justicia, no oprimir al vulnerable, no derramar sangre inocente y no seguir a otros dioses. El llamado de este versículo no consiste en adquirir palabras religiosas más convincentes, sino en abandonar las prácticas contra las que Jehová habla.

La esperanza está en que el mismo Dios que advierte invita a regresar. Isaías 55:6–7 reúne el abandono del mal camino y de los pensamientos inicuos con el regreso al Dios que perdona abundantemente. En el anuncio apostólico, el Padre ha exaltado a Jesús como Príncipe y Salvador para conceder arrepentimiento y perdón de pecados (Hechos 5:30–32). El regreso a Dios encuentra su fundamento en su gracia, no en presentar una conducta reformada como precio del perdón.

Texto original y relación entre las frases

יוֹצֵר עֲלֵיכֶם רָעָה, yotser ‘alekhem ra‘ah, expresa que Jehová está «formando contra ustedes una calamidad». Yotser retoma la palabra usada para el alfarero. La orden שׁוּבוּ נָא, shuvu na, «vuélvanse, por favor», muestra que la advertencia busca una respuesta. No hay oposición entre el gobierno de Dios y el llamado urgente que él dirige a sus oyentes.

Jeremías 18:12 north

La obstinación se disfraza de imposibilidad

La respuesta anunciada rechaza el llamado a volver: el pueblo insiste en seguir sus propios planes. «Es inútil» expresa aquí una negativa obstinada, no que Jehová haya cerrado la puerta al arrepentimiento.

Explicación del versículo

La frase debe leerse después de la invitación del versículo 11. Jehová ha mandado volverse de los malos caminos, pero los oyentes responderán que seguirán sus planes. Su conclusión no describe un esfuerzo sincero por obedecer que haya fracasado. La segunda parte de la respuesta explica la primera: han decidido hacer lo que dicta la terquedad de su corazón.

El contraste entre los planes es deliberado. Dios acaba de anunciar el plan de juicio contra ellos; ellos afirman que mantendrán sus propios proyectos. El conflicto no es entre la ausencia de opciones y un destino inevitable, sino entre la palabra divina y la voluntad de quienes no quieren recibir corrección. La advertencia que podría despertar arrepentimiento se encuentra con una declaración de resistencia.

La expresión «cada uno» también invierte el llamado anterior. Jehová pide que cada uno abandone su mal camino; la respuesta sostiene que cada uno actuará conforme a su corazón malvado. La participación de todos no convierte la conducta en algo aceptable. La obstinación colectiva sigue implicando la responsabilidad de las personas que la hacen suya.

En Jeremías 2:25 aparece una respuesta semejante: «¡Es inútil!» va acompañada de la decisión de seguir a los extraños amados. Esa relación confirma el carácter desafiante de la expresión. No debe emplearse este versículo para decirle a una persona arrepentida que su regreso a Dios ya no puede ser recibido. Ezequiel 33:10–11 presenta precisamente a Dios llamando a vivir a quienes se sienten consumidos por sus pecados.

Jesús denuncia una resistencia parecida en quienes examinan las Escrituras pero no quieren venir a él para tener vida (Juan 5:39–40). La dificultad no se resuelve acumulando información mientras se conserva la negativa a recibir al Salvador. Su palabra llama a abandonar esa defensa del propio camino y a buscar en él la vida que no podemos producir por nosotros mismos.

Texto original

נוֹאָשׁ, no’ash, expresa aquí «es inútil» o «no hay remedio». Su sentido concreto se reconoce por la decisión que sigue. שְׁרִרוּת, sherirut, designa la obstinación: el corazón no se presenta como una guía inocente, sino como el centro de una voluntad que persiste en el mal.

Jeremías 18:13 north

La gravedad de abandonar al Dios conocido

Jehová presenta la conducta de Israel como algo que debe causar asombro. El privilegio de pertenecer a su pueblo hace más grave el abandono de quien lo ha llamado.

Explicación del versículo

«Por eso» enlaza este anuncio con la negativa del versículo 12. El pueblo insiste en seguir la obstinación de su corazón y Jehová expone la gravedad de esa elección. No es una diferencia menor de preferencias religiosas: se trata de rechazar al Dios que habla y de persistir conscientemente en un mal camino.

La invitación a preguntar entre las naciones coloca la conducta de Israel ante una comparación pública. El libro ya había desarrollado una pregunta semejante en Jeremías 2:10–13: otros pueblos mantienen sus dioses, aunque no sean verdaderos dioses, mientras Israel cambia su gloria por lo que no sirve. El asombro surge de ese intercambio absurdo. No se afirma que las demás naciones carezcan de pecado o que toda su religión sea aprobada.

«La virgen de Israel» es una personificación del pueblo. El título acerca la imagen de una joven a la comunidad vinculada a Jehová y hace más doloroso el contraste con lo que ha hecho. No declara que Israel sea moralmente inocente ni describe la situación sexual de una persona concreta. La acusación que sigue atribuye al pueblo una conducta sumamente horrible.

Los versículos 14–15 desarrollarán la comparación: frente a la continuidad representada por la nieve y las aguas, el pueblo ha olvidado a Jehová y ofrece incienso a la vanidad. Así, el reproche no queda en una descalificación sin contenido. Señala una infidelidad reconocible, relacionada con el culto y con el abandono de los caminos que Dios había enseñado.

Recibir un nombre honorable no sustituye la fidelidad a quien lo concede. 1 Pedro 2:9–10 describe al pueblo de Dios como llamado de las tinieblas a su luz para proclamar sus virtudes y recuerda que su existencia procede de la misericordia recibida. La identidad del pueblo de Cristo debe producir gratitud y testimonio. Convertirla en motivo de superioridad mientras se desatiende a Dios repetiría el error que el profeta denuncia.

Texto original e imagen

בְּתוּלַת יִשְׂרָאֵל, betulat Yisra’el, significa «virgen de Israel» y funciona aquí como nombre figurado de la comunidad. שַׁעֲרֻרִת, sha‘arurit, expresa algo horrible o estremecedor. El peso de la acusación se entiende por la relación del pueblo con Jehová, no por una supuesta inferioridad de su origen humano.

Jeremías 18:14 north

Una imagen de continuidad frente a la infidelidad

La nieve del Líbano y las aguas frías sirven como contraste poético. El pueblo ha abandonado a Jehová de una manera que la imagen presenta como contraria al orden esperable.

Explicación del versículo

Las dos preguntas continúan el asombro del versículo anterior. La primera mira a la nieve vinculada a las rocas del Líbano; la segunda, a aguas frías que fluyen de lejos. El pasaje reúne un paisaje firme y una provisión de agua para preparar el contraste con la conducta de Israel. El lector debe seguir hasta el «pero mi pueblo» del versículo 15 para reconocer el propósito de la comparación.

La imagen apela a una continuidad reconocible: no se espera que la nieve abandone el lugar con el que se la identifica ni que las aguas que fluyen sean retiradas de pronto. Jehová contrasta esa estabilidad con un pueblo que ha olvidado a su Dios. El centro del mensaje no es ofrecer un informe de precipitaciones, sino mostrar lo sorprendente e irracional de su infidelidad.

Por eso no conviene convertir las preguntas en una afirmación climática absoluta sobre cada roca y cada arroyo, en toda estación y durante todos los años. El lenguaje es poético y sirve a una acusación moral. Tampoco se deben asignar nombres a los cursos de agua, pues el versículo no los identifica. La explicación puede mantener la fuerza de la imagen sin añadir una geografía que el texto no da.

En Jeremías 2:13, Jehová ya había presentado el abandono del pueblo mediante una imagen de agua: dejaron la fuente de aguas vivas para cavar cisternas agrietadas. Ambos pasajes muestran la incoherencia de apartarse de quien sostiene la vida para buscar auxilio en lo que no puede salvar. Aquí la continuidad del paisaje acentúa el contraste; allí se destaca la incapacidad del sustituto escogido.

La pregunta que la poesía lleva al corazón del lector es por qué abandonar al Dios que se ha dado a conocer. No basta admirar el paisaje mientras se mantiene la conducta denunciada. El versículo siguiente especificará que el olvido se expresa ofreciendo incienso a la vanidad y dejando los caminos conocidos. La enseñanza de la imagen se comprende cuando conduce a reconocer esa ruptura real de la relación con Jehová.

Texto original

שֶׁלֶג לְבָנוֹן, sheleg Levanon, significa «nieve del Líbano». La expresión מַיִם זָרִים קָרִים נוֹזְלִים, mayim zarim qarim nozlim, corresponde a las «aguas frías que fluyen de lejos» de la traducción. La descripción y las preguntas forman una comparación; su aplicación no debe separarse del olvido que Jehová denuncia inmediatamente después.

Jeremías 18:15 north

El olvido de Dios cambia el rumbo de la vida

El contraste con la nieve y las aguas se concreta: el pueblo olvida a Jehová, rinde culto a lo inútil y deja los caminos que debía recorrer. Su extravío religioso también desvía su conducta.

Explicación del versículo

«Pero mi pueblo» hace dolorosa la acusación. Jehová no habla de una comunidad que nunca haya oído su nombre, sino del pueblo al que sigue llamando suyo. Olvidarlo no significa aquí perder un dato de la memoria. El olvido se manifiesta al ofrecer incienso a lo que es vanidad: se mantiene una actividad religiosa, pero se aparta la lealtad del Dios verdadero.

El incienso es una acción concreta de culto. La denuncia no condena toda ofrenda de incienso por su materia, sino el destinatario al que se dirige. «Vanidad» caracteriza la inutilidad de aquello en lo que confían. El contraste recuerda Jeremías 2:27–28, donde los dioses fabricados no pueden levantarse a salvar a Judá cuando llega la calamidad.

La imagen del camino explica la consecuencia de ese cambio de adoración. Quienes debían caminar por sendas conocidas han tropezado y pasan a senderos sin preparar. No se trata de elogiar cualquier costumbre simplemente porque sea antigua. Jeremías 6:16 relaciona las sendas antiguas con el buen camino que Jehová manda recorrer. La antigüedad importa aquí por su relación con la fidelidad recibida, no como una prueba automática de verdad.

El contraste entre sendas y camino sin preparar hace visible la inseguridad de la elección. El pueblo abandona la orientación que le fue dada para caminar donde puede tropezar. La frase se prolonga en el versículo siguiente: esa conducta acaba haciendo de su tierra una desolación. La idolatría no queda encerrada en una preferencia privada; compromete la vida de la comunidad.

Jesús también denuncia el uso de tradiciones para desplazar el mandamiento de Dios (Marcos 7:6–13). La relación evita confundir la fidelidad bíblica con conservar sin examen toda práctica heredada. Y cuando Cristo se presenta como el camino al Padre, sitúa la esperanza en su propia persona, no en una ruta religiosa fabricada por nosotros (Juan 14:6–7). Escucharlo devuelve el centro de nuestra confianza al Dios que se ha revelado.

Texto original

לַשָּׁוְא, lashav, significa aquí «a lo que es vanidad», aquello que no ofrece la ayuda en la que el pueblo confía. שְׁבִילֵי עוֹלָם, shevile ‘olam, designa las «sendas antiguas». Las dos expresiones explican la dirección del cambio: el abandono de Jehová sustituye una orientación recibida por un culto inútil y un camino inseguro.

Jeremías 18:16 north

Una tierra devastada ante la mirada de otros

La infidelidad descrita antes desemboca en desolación y vergüenza pública. Quienes pasen por la tierra no verán la seguridad que Judá esperaba, sino una ruina que provoca horror.

Explicación del versículo

Este versículo completa el movimiento iniciado en el anterior. El pueblo ofrece incienso a la vanidad y abandona las sendas conocidas; el resultado es una tierra convertida en desolación. El texto no presenta a los habitantes buscando conscientemente destruir su país. Expone adónde conduce la conducta que insisten en defender, aunque no quieran reconocer ese desenlace.

La pérdida alcanza tanto el lugar como su reputación. «Objeto de burla perpetua» describe una vergüenza que permanece en la mirada de otros. La tierra que debía sostener a sus habitantes se vuelve una señal pública de calamidad. La reacción del viajero —horror y movimiento de cabeza— permite imaginar el impacto de encontrar aquella devastación.

Estas expresiones forman parte del lenguaje del juicio del pacto. Deuteronomio 28:36–37 había advertido que la desobediencia llevaría al pueblo y a su rey a una tierra desconocida y los convertiría en motivo de horror y burla. Jeremías no añade una amenaza ajena a la relación con Jehová; confronta a Judá con las consecuencias que había sido llamado a evitar.

La duración expresada por «perpetua» da peso a la ruina y a su recuerdo. No conviene usar esa palabra para negar todos los anuncios de restauración del mismo libro. Jeremías 16:14–15 ya había hablado del regreso de los dispersados. La gravedad del juicio y la iniciativa posterior de misericordia deben conservarse juntas, sin convertir la esperanza en una manera de trivializar la destrucción.

La reacción descrita pertenece a quienes contemplan la ruina; no es una orden de Jehová para que el lector se burle de los que sufren. Jesús, al ver a las multitudes acosadas y abatidas, responde con compasión y enseña a sus discípulos a orar (Mateo 9:35–38). La seriedad con que recibimos la advertencia bíblica debe ir acompañada de humildad y compasión, no de satisfacción ante la desgracia ajena.

Exégesis de la imagen

El hebreo reúne שַׁמָּה, shammah, «desolación», con שְׁרִיקוֹת, sheriqot, los «silbidos» que expresan desprecio o asombro ante la ruina. La traducción «burla» recoge la reacción pública. El movimiento de cabeza acompaña esa escena de horror y escarnio; no se describe un gesto de aprobación.

Jeremías 18:17 north

La espalda y el rostro en el día de calamidad

Jehová anuncia dispersión y retirada de su auxilio. La imagen de mostrar la espalda responde al abandono de un pueblo que antes le había vuelto la espalda a él.

Explicación del versículo

La comparación con el viento del este presenta una dispersión poderosa ante el enemigo. No describe simplemente un cambio de opinión de los habitantes ni una salida voluntaria para buscar oportunidades. El juicio rompe la estabilidad de la comunidad y la coloca en una situación que no puede controlar. La presencia del enemigo da al anuncio un horizonte de derrota y calamidad.

«Les mostraré la espalda y no el rostro» añade una pérdida más profunda: no recibirán el auxilio con el que contaban para salvarse del desastre. Es una manera humana de expresar un cambio en el trato de Dios, no una descripción de su cuerpo. La frase confronta la idea de que se puede despreciar a Jehová y exigir su intervención favorable cuando llegan las consecuencias.

La relación con Jeremías 2:27 es directa. Allí el pueblo vuelve a Jehová la espalda y no el rostro, pero durante la calamidad le pide que se levante a salvarlo. Ahora la misma imagen aparece invertida en el anuncio divino. El texto pone de manifiesto la seriedad de rechazar una relación que luego se pretende utilizar solo como protección de emergencia.

El rostro favorable de Jehová aparece en la bendición de Números 6:24–26, asociado con gracia y paz. Su ausencia aquí acentúa el juicio sobre la infidelidad. No debe deducirse, sin embargo, que toda persona afligida haya sido abandonada por Dios. Este anuncio tiene destinatarios y motivos expresos, y llega después del llamado a volverse de sus malos caminos.

La respuesta que el capítulo pide sigue siendo recibir ese llamado antes de persistir en el rechazo. Para el creyente, la esperanza ante el juicio de Dios descansa en Jesucristo: él nos redimió de la maldición de la Ley para que la bendición llegara también a los gentiles y recibiéramos por la fe la promesa del Espíritu (Gálatas 3:13–14). La gracia no enseña a tratar con ligereza la voz de Dios, sino a buscar en su Hijo la reconciliación que no podemos exigir por mérito propio.

Texto original

עֹרֶף וְלֹא פָנִים, ‘oref velo panim, significa «espalda y no rostro». La oposición expresa el retiro del favor que el pueblo había despreciado. La frase «en el día de su calamidad» vincula esa imagen con el momento de necesidad en el que esperaban recibir protección.

Jeremías 18:18 north

La religión usada para silenciar al profeta

Los adversarios de Jeremías justifican su ataque afirmando que no les faltarán maestros religiosos. Confunden la permanencia de sus autoridades con la seguridad de poseer la palabra de Jehová.

Explicación del versículo

La respuesta al mensaje del alfarero no es una discusión abierta sobre lo que Jehová ha dicho. Los adversarios deciden tramar planes contra Jeremías y dejar de atender a sus palabras. Su hostilidad se dirige al mensajero que les pide abandonar sus malos caminos. El versículo 23 mostrará que esos planes buscan su muerte, de modo que el conflicto no queda reducido a una discrepancia de opinión.

El texto reúne tres funciones reconocidas: la instrucción del sacerdote, el consejo del sabio y la palabra del profeta. Los conspiradores creen que dispondrán de ellas aunque eliminen a Jeremías. No se presentan como enemigos de toda religión; al contrario, utilizan su confianza en un orden religioso para justificar el rechazo de una palabra que los incomoda.

Su argumento omite la pregunta decisiva: si esas autoridades están escuchando a Jehová. Jeremías 8:8–9 ya había denunciado la pretensión de poseer la Ley mientras se rechazaba la palabra divina. La sabiduría no queda garantizada por llevar el título de sabio. Tampoco un oficio religioso permite convertir el engaño en verdad o declarar innecesaria la corrección de Dios.

Ezequiel 7:25–27 presenta un contraste con esa seguridad: en la calamidad faltarán la instrucción del sacerdote y el consejo de los ancianos. La continuidad de los recursos humanos no está bajo el control de quienes los invocan. Pretender que siempre habrá una voz favorable no evita el juicio del Señor.

«Ataquémoslo con la lengua» señala el uso de las palabras como arma, mientras «no prestemos atención» declara el cierre de los oídos. Intentan desacreditar al profeta y sustraerse a su mensaje. La historia de Jeremías 11:18–21 ya había mostrado que la oposición a su predicación podía llegar a amenazas contra su vida.

Jesús advierte que sus discípulos también pueden ser perseguidos por causa de su nombre y de su palabra (Juan 15:18–21). Esa relación dirige la fidelidad hacia Cristo. No convierte toda crítica recibida en prueba de tener razón: la autoridad está en la palabra del Señor, y el mensajero mismo debe permanecer sujeto a ella.

Texto original

וְנַכֵּהוּ בַלָּשׁוֹן, venakkehu vallashon, significa «ataquémoslo con la lengua». La lengua es el medio del ataque, no la parte del cuerpo que se propone cortar. La repetición de «planes» enlaza esta conspiración con el conflicto entre el plan de Jehová y los proyectos obstinados del pueblo.

Jeremías 18:19 north

Jeremías pide ser escuchado por Jehová

Cuando sus adversarios se niegan a escuchar, Jeremías se vuelve a Dios. Le pide atención para su propia súplica y para las voces que se levantan contra él.

Explicación del versículo

La oración responde de manera inmediata a la decisión de los conspiradores. Ellos han dicho que no atenderán a las palabras de Jeremías; él pide a Jehová que le preste atención. El rechazo humano no lo deja sin interlocutor. Lleva ante Dios una causa que sus adversarios no quieren examinar con verdad.

La segunda petición no se opone a la primera. «Escucha la voz de mis adversarios» no significa que Jeremías quiera que Jehová conceda lo que ellos desean contra él. Pide que oiga sus palabras y tome en cuenta lo que están tramando. En el versículo siguiente expondrá la injusticia concreta: él había intercedido a favor de esas personas, y ellas preparan su muerte.

El profeta tampoco necesita informar a un Dios ignorante de lo que sucede. El final de la oración afirmará que Jehová conoce todos los planes contra su vida. Pedirle que escuche es apelar a su intervención y a su juicio. Jeremías deja de dirigirse a quienes ya han cerrado sus oídos y presenta su situación ante quien puede conocerla sin engaño.

Salmos 17:1–3 ofrece una relación semejante: el orante pide que Jehová atienda su causa y que de su presencia venga la vindicación. Esa súplica incluye la disposición a ser examinado por Dios. Acudir al Juez justo no es solamente pedir que se descubra la maldad de otros; es reconocer una mirada que también conoce el corazón de quien ora.

Para el creyente, la confianza al acercarse a Dios tiene su fundamento en Jesús, el Hijo de Dios y gran sumo sacerdote, que se compadece de nuestras debilidades (Hebreos 4:14–16). No necesitamos producir una oración impecable para ganar el derecho a ser recibidos. Por medio de Cristo acudimos al trono de la gracia para hallar misericordia y ayuda, mientras sometemos nuestra causa y nuestra respuesta al Señor.

Relación entre las palabras

El mandato de los adversarios en el versículo 18 es «no prestemos atención»; la petición de Jeremías comienza con הַקְשִׁיבָה, haqshivah, «presta atención». El contraste hace visible el cambio de interlocutor. La oración no depende de que los enemigos se muestren dispuestos a escuchar al profeta.

Jeremías 18:20 north

El intercesor recibe una amenaza de muerte

Jeremías denuncia que sus adversarios le devuelven mal por el bien que hizo a favor de ellos. Su recuerdo de la intercesión expone la injusticia del complot.

Explicación del versículo

La pregunta «¿se pagará el bien con el mal?» da forma a la queja. Jeremías no está explicando una transacción en la que sus oraciones obligaran a otros a recompensarlo. Señala la perversidad de que personas por quienes había pedido misericordia estén buscando quitarle la vida. El contraste entre su conducta anterior y la respuesta de ellos sostiene la apelación a Jehová.

La fosa representa una muerte preparada de antemano. El versículo 18 había descrito planes y ataques con la lengua; aquí se hace explícito el propósito de eliminarlo. La imagen no permite reconstruir un lugar exacto donde hubieran cavado ni todos los medios del complot. Sí comunica una amenaza deliberada, oculta bajo el rechazo público de su mensaje.

«Recuerda que me presenté ante ti» apela a algo conocido por Dios. Jeremías había hablado a favor del pueblo para apartar su furor. Su ministerio de advertencia no debe confundirse con el deseo de verlo destruido desde el principio. Jeremías 14:7–9 conserva una súplica que reconoce el pecado y pide a Jehová que no abandone a su pueblo. La dureza de su predicación había convivido con la intercesión.

La situación tiene una relación cercana con Salmos 35:11–14, donde el orante recibe mal por bien de aquellos por quienes había hecho duelo y ayunado. Ambas oraciones permiten reconocer la profundidad de una traición sin llamar bueno al daño recibido. La fidelidad a Dios no garantiza que quienes se benefician de nuestro servicio respondan con gratitud.

Este recuerdo vuelve especialmente intensas las peticiones de los versículos 21–23. La oración cambia del bien que Jeremías había pedido para ellos al juicio que ahora solicita. El relato conserva esa tensión; no se debe borrar la intercesión anterior ni convertir las peticiones posteriores en una orden para vengarse personalmente.

La respuesta de Cristo ante el mal lleva la mirada a una misericordia que nosotros mismos necesitamos: siendo aún pecadores, él murió por nosotros, y cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo (Romanos 5:6–10). Su obra no niega la injusticia, pero impide que el daño recibido se convierta en medida absoluta de cómo debemos tratar a todos nuestros adversarios.

Texto original

לְהָשִׁיב אֶת חֲמָתְךָ, lehashiv ’et jamatkha, significa «para apartar tu furor». Jeremías recuerda la finalidad de su intercesión. La contraposición entre טוֹבָה, tovah, «bien», y רָעָה, ra‘ah, «mal», organiza su queja sobre el pago injusto que recibe.

Jeremías 18:21 north

Una petición de juicio que alcanza a los hogares

Jeremías pide que sus perseguidores sufran hambre, guerra y pérdida familiar. Es una oración severa ante una amenaza de muerte, y debe leerse dentro del juicio anunciado sobre Judá y del conjunto de la Escritura.

Explicación del versículo

«Por eso» vincula la petición con la traición descrita en el versículo 20. El hombre que había intercedido por sus adversarios ahora pide a Jehová que actúe contra ellos. Su lenguaje no se limita a pedir que la conspiración quede descubierta: solicita consecuencias devastadoras para la comunidad de los agresores, incluidos sus hogares. La dureza de lo que dice forma parte del pasaje y no debe disimularse.

La enumeración presenta distintas pérdidas de una misma calamidad. El hambre amenaza a los hijos; la espada alcanza a los combatientes; las mujeres quedan privadas de hijos y de marido. El efecto conjunto es la destrucción de la vida familiar y de la continuidad de la comunidad. No se ofrece un informe de lo que ya ha sucedido, sino una petición por lo que Jeremías desea que Jehová haga.

El contenido se relaciona con juicios que el libro ya había anunciado. En Jeremías 11:21–23, las amenazas de muerte contra el profeta estaban acompañadas por un anuncio divino de hambre y espada. Jeremías 15:1–2 también había situado esos males dentro de la sentencia contra un pueblo persistente en su infidelidad. La oración nace dentro de ese conflicto entre la palabra de Jehová y quienes intentan silenciarla.

Aun así, es necesario distinguir la voz de la oración y un mandato dirigido a todos los lectores. Aquí Jeremías pide a Dios que juzgue; no da una orden para que sus seguidores maten a las familias de sus adversarios. Tampoco establece que cada hijo tenga la misma culpa personal de su padre. Deuteronomio 24:16 prohíbe ejecutar a los hijos por los padres y a los padres por los hijos. La devastación colectiva de una guerra y la responsabilidad individual no son la misma cuestión.

La oración muestra hasta dónde llega el desgarramiento de un siervo amenazado. Expone la gravedad de una persecución que no debe excusarse, pero no autoriza a transformar cada enojo personal en sentencia divina. El hecho de dirigir una petición a Jehová reconoce que el juicio le pertenece; no obliga al Señor a realizar todo lo pedido ni convierte el dolor de quien ora en una medida infalible de justicia.

Jesús enseña a sus discípulos a amar a sus enemigos y orar por sus perseguidores, conforme a la bondad del Padre celestial (Mateo 5:43–48). Esa enseñanza guía la respuesta cristiana al daño. Es posible pedir protección, que termine la violencia y que Dios haga justicia, mientras se desea el arrepentimiento del agresor y se renuncia a ejercer venganza privada. La fidelidad a Cristo no exige llamar bueno al mal, pero sí recibir de él la dirección para tratar al enemigo.

Texto original

La expresión עַל יְדֵי חֶרֶב, ‘al yede jerev, presenta a las víctimas entregadas «al poder de la espada». Es lenguaje figurado de quedar expuestas a la muerte violenta. Su fuerza está en el alcance terrible de la calamidad, no en una autorización para que el lector tome la espada por su cuenta.

Jeremías 18:22 north

El clamor que Jeremías pide oír en las casas

El profeta continúa su petición de juicio y vuelve a exponer el motivo: sus adversarios han preparado trampas para capturarlo. Pide que Jehová haga frente a esa violencia deliberada.

Explicación del versículo

Los gritos que Jeremías pide que se oigan proceden de casas alcanzadas de repente por saqueadores. El juicio imaginado no queda en el campo de batalla: irrumpe en el espacio doméstico, donde las personas esperaban seguridad. Esa dimensión prolonga la pérdida de hogares y familias que la oración había descrito en el versículo anterior.

El adverbio «de repente» acentúa la vulnerabilidad de quienes creían dominar la situación. Habían trazado planes para eliminar al mensajero de Jehová, pero no controlaban el momento en que podían ser sorprendidos por una calamidad. La oración no identifica en este versículo a un rey concreto al mando de los saqueadores. Su interés está en la intervención que pide a Jehová y en el quebranto de la seguridad de sus agresores.

La segunda mitad da la razón: han cavado una fosa y ocultado trampas a sus pies. Las imágenes presentan una agresión preparada y disimulada. No se acusa solamente a los adversarios de escuchar con desagrado un sermón, sino de buscar la captura del profeta. En el versículo 23 él afirmará que el propósito de sus planes es matarlo.

La relación con Salmos 7:14–16 ayuda a entender este lenguaje. Allí quien cava una fosa termina cayendo en ella y la violencia vuelve sobre su propia cabeza. Jeremías apela de manera semejante a una justicia que desenmascare y frene el mal. La comparación no permite anunciar que toda persona malvada sufrirá inmediatamente un accidente equivalente al daño que causó; expresa la confianza en que su violencia no escapa al juicio de Dios.

La petición sigue dirigida a Jehová. Jeremías no se presenta reuniendo una banda propia para asaltar las casas de sus adversarios. Esto importa para distinguir la apelación al Juez de una autorización de represalias. La dureza de los resultados que solicita debe permanecer visible, sin convertir su oración en un programa de acción contra quienes nos ofenden.

Romanos 12:17–21 reúne ambas dimensiones con especial claridad: prohíbe la venganza personal porque la retribución pertenece al Señor y manda dar de comer al enemigo hambriento. Para quien sigue a Jesucristo, confiar en el juicio de Dios permite actuar con bien sin negar la realidad del mal. El abandono de la represalia no depende de que el agresor merezca nuestra bondad, sino de la obediencia al Señor.

Texto original e imágenes

גְּדוּד, gedud, designa aquí una banda que irrumpe contra ellos. פַחִים, pajim, son «trampas». La fosa y las trampas forman una misma representación del complot: el peligro ha sido preparado por otros y busca sorprender al profeta.

Jeremías 18:23 north

La culpa, el juicio y la necesidad de misericordia

Jeremías concluye apelando al conocimiento de Jehová y pidiendo que sus enemigos no queden sin juicio. La petición de que no sean perdonados es la expresión más severa de esta oración.

Explicación del versículo

«Pero tú, Jehová, conoces» coloca el desenlace de la causa ante Dios. Los conspiradores pueden ocultar sus intenciones o emplear sus palabras para desacreditar al profeta, pero no pueden esconder de Jehová el propósito de matarlo. La oración descansa en una diferencia fundamental entre la apariencia pública del conflicto y el conocimiento completo que tiene el Juez.

La petición «no perdones su culpa ni borres de tu presencia su pecado» debe conservar su fuerza. Jeremías pide que la responsabilidad de sus adversarios siga siendo tomada en cuenta y que se ejecute el juicio. No es solamente una manera de solicitar que se aclare un malentendido. La conspiración contra su vida constituye una culpa real que él presenta ante Jehová.

El contraste con el versículo 20 es doloroso: antes había hablado a favor de ellos para apartar el furor de Dios; ahora ruega que no se borre su pecado. El libro permite ver la herida del intercesor rechazado. Esta oración no debe confundirse con una declaración divina de que cualquier enemigo del lector está excluido para siempre del perdón. La voz que pide y la autoridad de quien decide siguen siendo distintas.

«Actúa contra ellos en el tiempo de tu ira» deja el juicio en las manos de Jehová. El profeta solicita un desenlace severo, pero no fija una fecha ni recibe aquí una orden de ejecutarlo personalmente. La oración termina sin narrar la respuesta de Dios. Por eso el lector no puede añadir que cada detalle pedido fue aprobado o realizado en ese mismo momento.

La Escritura también conserva la súplica de Esteban mientras lo matan: invoca al Señor Jesús y pide que no se tome en cuenta el pecado de sus perseguidores (Hechos 7:54–60). El relato lo presenta lleno del Espíritu Santo y con la mirada puesta en la gloria de Dios y en Jesús. Esa respuesta muestra cómo la confianza en Cristo puede sostener la petición de misericordia aun ante una culpa tan grave como un asesinato.

El fundamento de esa misericordia no es fingir que el pecado no existe. Romanos 3:23–26 anuncia la justificación gratuita mediante la redención en Cristo Jesús y afirma que Dios es justo y justifica al que tiene fe en Jesús. El perdón procede de la obra del Salvador; no declara inocente la violencia ni permite al agresor exigir impunidad.

Jesucristo mismo no devolvía los insultos ni amenazaba, sino que se encomendaba al que juzga justamente, y llevó nuestros pecados para que vivamos para la justicia (1 Pedro 2:21–25). Ante el mal, el creyente encuentra en él tanto salvación como dirección. Puede presentar con verdad su sufrimiento al Padre y pedir justicia sin convertir el deseo de condenación del enemigo en el centro de su vida.

Texto original

אַל תְּכַפֵּר עַל עֲוֹנָם, ’al tekhapper ‘al ‘avonam, expresa «no perdones su culpa». La imagen de no borrar el pecado refuerza la petición de que permanezca ante Dios para ser juzgado. Son palabras dirigidas a Jehová en una oración; no una fórmula con la que el ser humano pueda cerrar por su cuenta la posibilidad de misericordia para otra persona.

Aplicación editorial

Si has sufrido una injusticia, puedes hablar de ella ante Dios sin ocultar su gravedad. Busca protección y ayuda para que el mal no continúe, y encomienda al Señor el juicio que le pertenece. Al mismo tiempo, pídele que gobierne tu respuesta por la palabra de Cristo y te permita desear que el culpable abandone su pecado y encuentre en Jesús el perdón que tú también necesitas.

edit_note Notas: edición NTBT con estudio completo — BibliaTodo Bible Society

Santa Biblia, Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT).
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