El comienzo del sitio definitivo
El relato vuelve al inicio del asedio para mostrar cómo llegaron a cumplirse las advertencias que Sedequías había oído de Jeremías.
Explicación del versículo
Después de las conversaciones del capítulo anterior, la narración presenta un resumen de la caída de Jerusalén. La fecha de este versículo corresponde al comienzo del sitio; la del siguiente, a la apertura de la brecha. Por tanto, el cambio de capítulo no significa que Nabucodonosor acabara de llegar después de la última entrevista entre el rey y el profeta. El relato retrocede y reúne los acontecimientos decisivos antes de describir el trato dado a Jeremías y a Ebed-melec.
El tiempo se cuenta por los años de Sedequías, rey de Judá, mientras que el ejército pertenece a Nabucodonosor, rey de Babilonia. Ambos conservan sus títulos, pero sus posibilidades son muy distintas: uno está encerrado en una ciudad amenazada y el otro dirige el poder que la cerca. Esta desigualdad militar sirve de marco histórico; el libro, sin embargo, explica la crisis también por la persistente negativa de Judá a escuchar a Jehová. La profecía había señalado un camino de obediencia que el rey seguía rechazando.
El paralelo de 2 Reyes 25:1–2 añade el día diez del mes y las obras de asedio. Aquí se destacan el año noveno y el mes décimo. Desde esa fecha hasta el cuarto mes del año undécimo transcurre aproximadamente un año y medio según la secuencia de meses registrada. Esto no exige imaginar una presión militar idéntica y continua durante cada jornada: Jeremías 37:5–8 ya relató la retirada temporal de los caldeos y anunció su regreso.
«La sitiaron» describe un cerco contra una ciudad habitada, no una batalla aislada. El hambre, el agotamiento y la pérdida de alternativas que aparecen después ayudan a percibir su gravedad. La sobriedad del narrador no hace pequeño el sufrimiento. Más bien sitúa los últimos consejos de Jeremías dentro de una calamidad prolongada en la que escuchar a Dios tenía consecuencias concretas para la población.
La advertencia y la respuesta a Dios
Jesús distingue entre llamarlo Señor y obedecer sus palabras en Lucas 6:46–49. La relación está en la seriedad de escuchar: ni el reconocimiento verbal ni una posición privilegiada reemplazan la respuesta de fe. Cristo es nuestro Señor y Salvador; confiar en él lleva a recibir su enseñanza, no a utilizar su nombre para sostener decisiones contrarias a ella.
Aplicación editorial
Cuando una dificultad se prolonga, tú puedes confundir una pausa favorable con la desaparición de todo peligro. Examina lo que Dios ya ha enseñado en la Escritura y responde mientras puedes hacerlo. Pide al Padre una fe perseverante y al Espíritu Santo discernimiento para obedecer a Jesucristo durante la espera, sin convertir cada cambio político o militar en una revelación particular.
Textos relacionados: 2 Reyes 24:20–25:21; 2 Crónicas 36:17–21; Jeremías 52:3–30