La vejez de Samuel y el relevo de los jueces
El capítulo abre una nueva etapa: Samuel envejece y encarga funciones judiciales a sus hijos. La continuidad del servicio planteará pronto un problema de fidelidad.
Explicación del versículo
Después de resumir la labor de Samuel durante toda su vida, el narrador introduce su vejez. El paso del tiempo obliga a atender cómo continuará la conducción del pueblo. Samuel pone a sus hijos como jueces de Israel; el versículo 2 precisará sus nombres y el lugar donde ejercen. La decisión debe leerse junto al relato que sigue, donde su conducta será examinada.
La edad de Samuel es una circunstancia real, pero no constituye por sí misma una falta moral. El problema que impulsará la reunión de los ancianos será que sus hijos no siguen sus caminos y pervierten la justicia. Por eso el relato distingue entre la necesidad de disponer un relevo y la calidad de quienes reciben responsabilidad. El servicio reconocido del padre no garantiza la fidelidad de los hijos.
Exégesis del pasaje
כַּאֲשֶׁר זָקֵן שְׁמוּאֵל, kaʾashér zaqén Shemuʾél, sitúa la acción «cuando Samuel envejeció». El texto no ofrece aquí su edad exacta ni permite calcularla a partir de los veinte años mencionados en el capítulo anterior.
La expresión שֹׁפְטִים לְיִשְׂרָאֵל, shofeṭím leYisraʾél, identifica la función recibida: «jueces de Israel». Samuel los coloca en ese servicio, pero el relato valorará sus actos conforme a la justicia de Jehová. El parentesco explica quiénes son; no sustituye el criterio moral por el que debe juzgarse su ejercicio de autoridad.
Confiar el servicio con discernimiento
El relevo en el servicio cristiano requiere reconocer fidelidad y capacidad. Pablo une ese encargo con fortalecerse en la gracia que está en Cristo Jesús (2 Timoteo 2:1–2). Nuestro Señor y Salvador sostiene a quienes sirven y a quienes preparan a otros. La confianza en él nos permite atender las necesidades de cada etapa sin presumir que la aptitud espiritual se transmite por apellido.