Dios se revela en medio del destierro
La primera visión llega a Ezequiel junto a otros deportados. La distancia de Jerusalén no impide que Dios se dé a conocer y llame a su siervo.
Explicación del versículo
El libro comienza con una fecha y un lugar, antes de describir las imágenes extraordinarias. Ezequiel pertenece a una comunidad arrancada de su tierra y establecida junto al Quebar. Su experiencia no ocurre en el templo de Jerusalén, sino entre desterrados. Esta ubicación plantea una de las grandes preguntas del libro: ¿qué significa pertenecer al Dios de Israel cuando su pueblo vive lejos de su santuario y bajo una potencia extranjera?
Que los cielos se abran expresa la iniciativa divina. Ezequiel no narra una técnica para acceder al mundo celestial ni presenta el sufrimiento como un mérito que le haya ganado revelaciones. Dios le permite contemplar algo que normalmente queda fuera de su percepción. Lo que sigue depende de esa iniciativa y preparará al profeta para escuchar una palabra dirigida a su pueblo.
La expresión «año treinta» no identifica aquí el acontecimiento desde el cual se cuentan los años. Se ha entendido como una referencia a la edad de Ezequiel, pero el versículo no lo dice expresamente. El dato más seguro para situar la visión será el quinto año del destierro de Joaquín, añadido en el versículo siguiente. Conviene conservar la diferencia entre una posible explicación de la fecha y la información que el relato ofrece directamente.
Las «visiones de Dios» no significan que Ezequiel haya abarcado o explicado la esencia divina. Al final del capítulo hablará del «aspecto de la semejanza de la gloria de Jehová». Todo el recorrido exige mantener juntas la realidad de la revelación y la limitación del lenguaje humano. Los cielos abiertos conducen a escuchar y obedecer, no a dominar intelectualmente a Dios.
Esta manifestación en tierra de exilio prepara la afirmación posterior de que Jehová ha sido santuario para su pueblo disperso (Ezequiel 11:16). La presencia divina no queda prisionera de una ciudad, aunque la infidelidad de Jerusalén tenga consecuencias reales. La esperanza comienza con el Dios que busca a quienes no pueden restaurarse por sí mismos.
En el conjunto de las Escrituras, la cercanía de Dios encuentra su expresión decisiva en el Hijo que se hizo carne: los discípulos contemplaron en Jesucristo la gloria del Unigénito del Padre (Juan 1:14). No se trata de identificar cada imagen de Ezequiel con un detalle de la vida de Jesús, sino de reconocer al mismo Dios que se da a conocer para llevar a su pueblo a una relación verdadera con él.
Original y contexto
מַרְאוֹת אֱלֹהִים, marʾot ʾElohim, significa «visiones de Dios»; el contexto las presenta como revelación procedente de él. הַגּוֹלָה, haggolah, designa aquí a la comunidad deportada. El Quebar pertenece al escenario babilónico del relato; no debe confundirse automáticamente con cualquier río moderno de nombre parecido.
Aplicación editorial
Si vives una pérdida o te sientes lejos de lo conocido, puedes acercarte al Padre celestial por Jesucristo sin considerar tu ubicación una barrera para su gracia. Este relato no te promete visiones personales: te enseña a recibir con reverencia la revelación que Dios ha dado y a buscar la dirección del Espíritu Santo conforme a su Palabra.