La palabra del Señor da sentido a una nueva señal
Después de comunicar la visión a los desterrados, Ezequiel recibe una orden que hará visible el anuncio del cautiverio.
Explicación del versículo
La breve fórmula abre una unidad nueva. La visión de Jerusalén ha concluido y el profeta vuelve a encontrarse entre los desterrados. Ahora la palabra del Señor lo enviará a preparar un equipaje, abrir una salida en el muro y representar una partida ante los ojos de quienes lo rodean.
La acción no nace del deseo de llamar la atención mediante un comportamiento extraño. Su origen y significado se encuentran en la palabra que Dios dirige al profeta. Por eso el capítulo no dejará el gesto abierto a cualquier interpretación: después de ejecutarlo, Ezequiel recibirá una explicación que lo relaciona con Jerusalén, su príncipe y el pueblo que todavía permanece allí.
La continuidad con el cierre de Ezequiel 11:24–25 es importante. El mensajero comunica lo recibido y vuelve a escuchar. La denuncia anterior y la nueva señal forman parte de un mismo llamamiento a reconocer la verdad del Señor, sin confundir la permanencia de Jerusalén con una garantía de impunidad.
Texto original y comienzo del mensaje
דְבַר יְהוָה אֵלַי לֵאמֹר, devar YHWH ʾelay leʾmor, significa «la palabra de Jehová vino a mí, diciendo». La fórmula presenta al profeta como receptor del mensaje. La autoridad de lo que hará depende del Señor que lo manda y explica, no de la capacidad humana de producir un espectáculo convincente.
Relaciones bíblicas
Hebreos 1:1–3 reconoce las distintas maneras en que Dios habló por los profetas y sitúa su revelación culminante en el Hijo, quien realizó la purificación de los pecados. Las señales proféticas deben conducir a escuchar al Dios que habla y, dentro del conjunto de la Escritura, a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Una acción extraordinaria no sustituye la verdad de su palabra ni la obra por la que nos reconcilia con el Padre.
Aplicación editorial
Recibe la Escritura con disposición a escuchar también lo que corrige tus expectativas. Confía en Jesucristo y pide al Espíritu Santo que te ayude a comprender y obedecer. La atención a la palabra importa más que buscar señales que confirmen de antemano lo que deseas.