La visita de los ancianos será examinada por el Señor
Algunos dirigentes de Israel se sientan ante Ezequiel, pero su cercanía exterior al profeta no determina la sinceridad de su consulta.
Explicación del versículo
La escena vuelve al encuentro entre el profeta y los ancianos de Israel. El relato solo dice que algunos vienen y se sientan delante de él; todavía no reproduce una pregunta suya. La palabra que seguirá dará a conocer una realidad que no puede deducirse únicamente de la solemnidad de la visita.
El cargo de anciano expresa una responsabilidad dentro del pueblo. Sin embargo, ni ese rango ni el hecho de acudir a un mensajero auténtico sustituyen una disposición fiel ante Dios. Los capítulos anteriores han mostrado tanto a dirigentes que participan en el mal como a mensajeros que lo encubren. Ahora la denuncia alcanzará el corazón de quienes desean consultar.
La situación recuerda la reunión de Ezequiel 8:1, pero el texto no identifica a todos estos hombres con los mismos participantes de aquella escena. El vínculo importante es la diferencia entre presentarse ante el profeta y escuchar al Señor con una lealtad sincera.
Texto original y actitud visible
וַיֵּשְׁבוּ לְפָנָי, wayyeshevu lefanay, significa «se sentaron delante de mí». La frase describe lo que Ezequiel observa. La evaluación de sus lealtades interiores procederá de la palabra de Dios, en lugar de una deducción automática sobre la postura de quienes se sientan.
Relaciones bíblicas
Hebreos 4:12–16 une la palabra que discierne los pensamientos con la invitación a acercarnos al trono de la gracia por Jesús, el Hijo de Dios. Ser conocidos por el Padre no nos obliga a sostener una apariencia. Jesucristo, sumo sacerdote misericordioso, abre el camino para confesar nuestra necesidad y recibir ayuda. La consulta verdadera nace de esa humildad, en lugar de apoyarse en un cargo o una presencia religiosa exterior.
Aplicación editorial
Cuando busques orientación, presenta al Padre también los deseos que has preferido ocultar. Acude a Jesucristo con fe y recibe su gracia. Pide al Espíritu Santo una disposición que pueda escuchar corrección, en vez de limitarse a confirmar una decisión ya tomada.