Una nueva palabra extiende la denuncia a la tierra
El Señor vuelve a dirigirse a Ezequiel. El anuncio deja de concentrarse solo en Jerusalén y alcanza los lugares donde Israel ha practicado la idolatría.
Explicación del versículo
La fórmula introduce una nueva comunicación divina después de la señal del cabello y de su explicación. La continuidad del tema es clara: el juicio sobre Jerusalén forma parte de una infidelidad que también ha ocupado montes, colinas y valles de la tierra.
El nuevo alcance no procede de que Ezequiel decida ampliar una acusación anterior a todo lo que observa. La palabra «me llegó» mantiene el carácter recibido del mensaje. El profeta debe escuchar antes de hablar, aun cuando el anuncio parezca una continuación natural de lo ya dicho.
Esta introducción prepara una denuncia cuyo escenario será el paisaje de Israel. Los montes aparecerán como destinatarios, pero el desarrollo identificará altares, ídolos y personas que han servido allí a otros dioses. La tierra se presenta en relación con lo que sus habitantes han hecho en ella.
La palabra también abrirá un espacio de esperanza dentro del juicio: algunos sobrevivientes recordarán al Señor entre las naciones. Por eso la primera frase no debe separarse del capítulo entero. El Dios que denuncia es quien conservará un remanente y dará a conocer la verdad de su relación con el pueblo.
Levítico había relacionado la destrucción de los lugares altos y los altares con ruina, dispersión y pérdida de la seguridad en la tierra (Levítico 26:30–33). La palabra que Ezequiel recibe confronta al pueblo con advertencias conocidas, no con una exigencia moral inventada para explicar una derrota.
Original y función de la introducción
דְבַר יְהוָה אֵלַי, devar YHWH ʾelay, significa «la palabra de Jehová a mí». לֵאמֹר, leʾmor, «diciendo» o «en estos términos», introduce lo comunicado. La brevedad de la fórmula orienta la lectura hacia el mensaje siguiente y establece su procedencia.
La revelación recibida en el Hijo
Hebreos reconoce las diversas maneras en que Dios habló mediante los profetas y presenta al Hijo como la revelación culminante de su gloria (Hebreos 1:1–3). Jesucristo realiza la purificación de los pecados y nos acerca al Padre. Escuchar a Ezequiel dentro de ese conjunto permite reconocer tanto nuestra necesidad de corrección como la gracia del Salvador, hacia quien nos guía el Espíritu Santo.
Aplicación editorial
Lee la unidad completa antes de trasladar una frase a otra situación. Deja que la Escritura examine también las lealtades que has considerado normales. Acude a Jesucristo con confianza y recibe la corrección como una oportunidad de volver al Padre por su gracia.