Salmos 135 (NTBT) en línea gratis con notas de estudio

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Salmos 135

La grandeza del Señor y la vanidad de los ídolos

Aleluya.

1 ¡Aleluya! Alaben el nombre de Jehová; alaben, siervos de Jehová,   N1

2 los que permanecen en la casa de Jehová, en los atrios de la casa de nuestro Dios.   N2

3 ¡Aleluya! Porque Jehová es bueno; canten alabanzas a su nombre, porque es agradable.   N3

4 Porque Jah ha elegido para sí a Jacob, a Israel como su tesoro especial.   N4

5 Yo sé que Jehová es grande y que nuestro Señor está por encima de todos los dioses.   N5

6 Jehová ha hecho todo lo que ha querido, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.   N6

7 Hace subir las nubes desde los confines de la tierra; hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento de sus depósitos.   N7

8 Él hirió a los primogénitos de Egipto, tanto de los seres humanos como de los animales.   N8

9 Envió señales y prodigios en medio de ti, Egipto, contra el faraón y todos sus siervos.   N9

10 Hirió a muchas naciones y mató a reyes poderosos:   N10

11 a Sehón, rey de los amorreos, a Og, rey de Basán, y a todos los reinos de Canaán.   N11

12 Dio sus tierras como heredad, como heredad a Israel, su pueblo.   N12

13 Jehová, tu nombre permanece para siempre; Jehová, tu recuerdo, de generación en generación.   N13

14 Porque Jehová hará justicia a su pueblo y tendrá compasión de sus siervos.   N14

15 Los ídolos de las naciones son plata y oro, obra de manos humanas.   N15

16 Tienen boca, pero no hablan; tienen ojos, pero no ven.   N16

17 Tienen oídos, pero no escuchan; tampoco hay aliento en su boca.   N17

18 Como ellos serán quienes los hacen y todos los que confían en ellos.   N18

19 Casa de Israel, bendigan a Jehová; casa de Aarón, bendigan a Jehová.   N19

20 Casa de Leví, bendigan a Jehová; ustedes que temen a Jehová, bendigan a Jehová.   N20

21 Bendito sea desde Sión Jehová, que habita en Jerusalén. ¡Aleluya!   N21

menu_book Notas de estudio de Salmos 135

Edición NTBT con estudio completo — pasaje por pasaje. Esta es una sección aparte del texto bíblico.

Salmos 135:1 north

La alabanza comienza nombrando al Señor

La invitación repetida reúne a los siervos de Jehová alrededor de su nombre. El resto del poema dará razones concretas para alabarlo.

Explicación del versículo

El canto abre con «¡Aleluya!» y repite la orden de alabar. Esa insistencia convoca una respuesta compartida. Los destinatarios son siervos de Jehová, personas cuya identidad se define por pertenecerle y servirle.

Alabar el nombre no consiste en admirar una palabra separada de Dios. El nombre señala al Señor que se ha dado a conocer mediante su carácter y sus obras. Por eso, el salmo hablará después de su bondad, de la elección de Israel, de la creación y de la liberación.

Salmos 113:1–3 comienza con una invitación muy cercana. La relación entre ambos cantos muestra una misma disposición: quienes sirven al Señor están llamados a reconocer su grandeza, no a hacer del propio servicio el centro de la admiración.

La continuidad con Salmos 134 es también clara. Allí se exhortaba a los siervos presentes en la casa de Jehová a bendecirlo; aquí esa invitación se amplía en un poema que explica por qué merece alabanza. La repetición tiene contenido y memoria, no es una sustitución del conocimiento de Dios.

El final volverá al «¡Aleluya!» del comienzo. Entre ambos extremos, la comunidad aprenderá a distinguir al Señor vivo de los ídolos fabricados. La adoración se apoya en quién actúa y salva, no solo en el hecho de que exista una práctica religiosa.

En Jesucristo, la alabanza del creyente se dirige al Padre por la gracia recibida (Efesios 1:3–6). La respuesta cristiana no desplaza a Dios para exaltar la experiencia del adorador. Reconoce en el Hijo al Salvador por quien es posible acercarse y dar gracias.

Texto original y sentido

הַלְלוּ יָהּ —halelu Yah, «alaben a Jah»— es la expresión que da lugar a «Aleluya». El imperativo plural convoca a la comunidad. שֵׁם יְהוָה —shem YHWH, «el nombre de Jehová»— concentra la atención en el Señor conocido por su pueblo.

Aplicación editorial

Al alabar al Padre, recuerda una verdad concreta de su carácter y una obra que la Escritura te permite reconocer. Da gracias por Jesucristo y procura que la adoración señale hacia él con comprensión y sinceridad.

Salmos 135:2 north

Servir delante de nuestro Dios

El llamado alcanza a quienes están en la casa de Jehová y en sus atrios. La cercanía al culto debe convertirse en una respuesta de alabanza.

Explicación del versículo

El versículo completa la identificación de los siervos mencionados al comienzo. Están en la casa de Jehová y en sus atrios. La escena reúne el servicio y la adoración en un lugar dedicado a reconocer la presencia del Señor.

Permanecer o estar en pie puede describir a quienes ejercen una función delante de Dios. El poema no enumera aquí sus oficios ni asigna a cada uno una zona precisa del edificio. Su interés es convocar a los presentes a alabar, en vez de reducir la casa a una institución que funciona sin una respuesta del corazón.

Los atrios sitúan el canto en los espacios del culto comunitario. La expresión «nuestro Dios» añade pertenencia compartida: no se trata solamente de un edificio prestigioso, sino del lugar donde el pueblo reconoce al Señor que lo ha hecho suyo.

Salmos 100:4–5 invita a entrar por los atrios con alabanza y fundamenta esa gratitud en la bondad y fidelidad de Jehová. La relación muestra que la presencia en el lugar de culto debe corresponder a una confesión verdadera sobre Dios. La arquitectura por sí sola no produce esa respuesta.

El salmo ensanchará enseguida el horizonte hacia cielos, tierra, mares y abismos. El Dios adorado en la casa no queda encerrado dentro de ella. La reunión del pueblo es un lugar concreto de adoración al Señor cuya autoridad alcanza toda la creación.

Por Jesucristo, los creyentes tienen acceso al Padre en un solo Espíritu y son edificados como morada de Dios (Efesios 2:13–22). Esa comunión no elimina la importancia de reunirse; le da su fundamento. El servicio cristiano recibe sentido de la presencia y la obra del Señor, no de una posición autosuficiente.

Texto original y sentido

שֶׁעֹמְדִים בְּבֵית יְהוָה —she‘omedim beveit YHWH, «los que permanecen en la casa de Jehová»— continúa la descripción de los siervos. בְּחַצְרוֹת בֵּית אֱלֹהֵינוּ —bekhatsrot beit ’Elohenu, «en los atrios de la casa de nuestro Dios»— sitúa la invitación en el culto compartido.

Salmos 135:3 north

La bondad de Dios da contenido al canto

Jehová merece alabanza porque es bueno. La invitación a cantar une el reconocimiento de su carácter con una respuesta que puede ser disfrutada.

Explicación del versículo

El primer motivo explícito de la alabanza es la bondad de Jehová. El poema no empieza exigiendo entusiasmo sin razón. Invita a reconocer quién es el Señor y deja que esa verdad dé forma al canto.

La bondad será mostrada mediante sus obras y su relación con el pueblo. Incluye fidelidad, liberación y cuidado, sin quedar reducida a una sensación agradable del momento. El mismo salmo hablará de juicio, porque el bien de Dios no consiste en aprobar la opresión o la idolatría.

El mandato de cantar a su nombre añade una dimensión audible a la gratitud. La alabanza permite recordar juntos la verdad de Dios y responder a ella. El agrado del canto no requiere un único instrumento, tono o estilo musical que este versículo no especifica.

Las palabras bueno y agradable recuerdan el comienzo de Salmos 133, donde describían la convivencia fraterna. Aquí la bondad se atribuye al Señor y el agrado se vincula con alabar su nombre. La comunión y la adoración encuentran su bien en la relación con él.

Tito 3:4–7 presenta la bondad y el amor de Dios manifestados en la salvación por misericordia, mediante la renovación del Espíritu Santo y por medio de Jesucristo. La alabanza cristiana recibe allí un contenido decisivo: el Padre salva por gracia, no por obras con las que el ser humano pudiera comprar su favor.

La alegría del canto es así una respuesta al bien recibido. Puede coexistir con pruebas y lágrimas, porque la bondad de Dios no depende de que el adorador atraviese una etapa fácil. La fe aprende a reconocerla a la luz de Jesucristo y de la palabra del Señor.

Texto original y sentido

כִּי טוֹב יְהוָה —ki tov YHWH, «porque Jehová es bueno»— da la razón de la invitación. זַמְּרוּ לִשְׁמוֹ —zammeru lishmo, «canten alabanzas a su nombre»— pide una respuesta musical. La expresión final כִּי נָעִים —ki na‘im, «porque es agradable»— mantiene el vínculo entre adoración y bien disfrutado.

Aplicación editorial

Deja que la bondad del Padre manifestada en Jesucristo alimente tu gratitud. Puedes cantar con sinceridad sin fingir que todo está resuelto; procura que la alabanza recuerde la gracia que sostiene tu esperanza.

Salmos 135:4 north

Un pueblo elegido para pertenecer al Señor

La elección de Jacob e Israel es motivo de gratitud. El pueblo es tesoro especial porque Jehová ha querido hacerlo suyo.

Explicación del versículo

El segundo motivo de la alabanza se refiere a la relación de Dios con su pueblo. Jacob e Israel son designaciones paralelas de la comunidad a la que el Señor ha elegido. El canto no presenta aquí dos pueblos distintos que compitan por su favor.

La elección se expresa como pertenencia: Jah escogió para sí. La forma breve del nombre vuelve a identificar al mismo Jehová del comienzo. El pueblo no se atribuye el origen de la relación ni afirma haberse convertido en posesión de Dios por superioridad propia.

Éxodo 19:3–6 llama a Israel tesoro especial dentro del pacto y recuerda primero la liberación de Egipto. También declara que toda la tierra pertenece al Señor. La cercanía especial de Israel no implica que Dios sea una deidad limitada a un territorio o incapaz de gobernar sobre otros pueblos.

Deuteronomio 7:6–11 explica que la elección no se debió a ser el pueblo más numeroso, sino al amor de Jehová y a su fidelidad al juramento. La gracia precede a la respuesta de obediencia. Recibir una pertenencia especial da motivo para agradecer y para vivir conforme a su palabra.

La imagen de tesoro expresa el afecto y el cuidado de quien elige. La pertenencia a Jehová guarda el centro de la confesión: el pueblo ha sido llamado a una relación de pacto, en la que adoración y obediencia responden al rescate recibido.

Efesios 1:3–6 sitúa la elección de los creyentes en Jesucristo y la orienta a la santidad y a la adopción por gracia. La relación cristiana con el Padre conserva ese carácter de don: pertenecer al Hijo conduce a alabar y obedecer, sin convertir la elección en orgullo contra otros.

Texto original y sentido

בָּחַר לוֹ יָהּ —bakhar lo Yah, «Jah ha elegido para sí»— destaca su iniciativa. לִסְגֻלָּתוֹ —lisgullato, «como su tesoro especial»— expresa una pertenencia valorada y cuidada. El contexto del pacto da sentido a la imagen.

Aplicación editorial

Recibe con gratitud la gracia del Padre en Jesucristo y deja que esa pertenencia te lleve a servir. La elección llama a humildad y santidad, no a medir tu valor por comparación despectiva con otras personas.

Salmos 135:5 north

Conocer la grandeza del Señor

La voz personal confirma la confesión del pueblo: Jehová es grande. Su señorío no depende del poder que las naciones atribuyan a sus dioses.

Explicación del versículo

«Yo sé» introduce una convicción personal dentro de un canto comunitario. La alabanza no queda solamente como una costumbre heredada que se repite sin reconocimiento. El orante hace propia la confesión y afirma la grandeza del Señor.

Esa certeza no se presenta como una impresión privada que sustituya la revelación de Dios. El poema dará contenido a lo que sabe: Jehová actúa en la creación, juzga la opresión y cuida a su pueblo. La confianza se apoya en quién es y en las obras recordadas por Israel.

El contraste con todos los dioses expresa la supremacía de Jehová. Más adelante, el mismo canto describirá a los ídolos como obra de manos humanas, incapaces de hablar, ver u oír. La comparación no obliga a imaginar un conjunto de creadores rivales cuya naturaleza sea igual a la suya.

1 Corintios 8:4–6 distingue entre los que son llamados dioses y la confesión de un solo Dios, el Padre, y un solo Señor, Jesucristo. Todas las cosas proceden del Padre y existen por medio del Hijo. La fe cristiana reconoce así al único Dios sin colocar a Jesús entre los ídolos o las criaturas que compiten por adoración.

El «nuestro Señor» vuelve compartida la confesión del «yo sé». La certeza personal sirve para alentar al pueblo, no para elevar al orante por encima de él. Su conocimiento conduce a reconocer la autoridad de Dios y a participar en la alabanza.

La grandeza del Señor ofrece una seguridad distinta de la popularidad de una creencia. Que un ídolo reciba muchos honores no lo convierte en fuente de vida. Jesucristo da a conocer al Padre y llama a una confianza fundada en la verdad del Dios vivo.

Texto original y sentido

כִּי אֲנִי יָדַעְתִּי —ki ’ani yada‘ti, «porque yo sé»— introduce la confesión personal. אֲדֹנֵינוּ —’Adonenu, «nuestro Señor»— identifica al Dios reconocido por la comunidad. La comparación con los dioses se interpreta a la luz de la crítica de los ídolos en los versículos 15–18.

Salmos 135:6 north

Una autoridad que abarca toda la creación

Jehová actúa conforme a su voluntad en todos los ámbitos de lo creado. La alabanza reconoce una soberanía que los ídolos no poseen.

Explicación del versículo

El salmo desarrolla la grandeza confesada en el versículo anterior. Jehová ha hecho cuanto ha querido, y la frase se extiende por cielos, tierra, mares y abismos. La enumeración abarca el mundo desde lo visible cercano hasta lo profundo que el ser humano no domina.

El alcance de su acción no queda limitado a la ciudad del culto ni al territorio de Israel. El mismo Señor que ha elegido a su pueblo gobierna sobre toda la creación. Por eso, la elección especial del versículo 4 no debe entenderse como debilidad de Dios fuera de sus fronteras.

La voluntad divina debe leerse junto a la bondad afirmada en el versículo 3. El canto no celebra un poder caprichoso ni afirma que todo acto humano injusto sea moralmente aprobado por Dios. Reconoce que ninguna región de lo creado constituye un límite que impida al Señor actuar.

Salmos 115:3–8 presenta una confesión casi idéntica antes de describir la impotencia de los ídolos. La relación hace claro el contraste: el Dios vivo actúa, mientras las figuras hechas por el ser humano no pueden realizar lo que sus adoradores esperan de ellas.

Efesios 1:11 afirma que Dios hace todas las cosas según el consejo de su voluntad, dentro de un propósito centrado en Cristo. La esperanza cristiana no descansa en una fuerza impersonal. Se apoya en el Padre que ha dado al Hijo y dirige su obra hacia la plenitud de la salvación.

La afirmación sostiene la oración y la obediencia. Quien reconoce esta autoridad puede pedir ayuda sin atribuir a la adversidad un poder equivalente al de Dios. La confianza permite actuar responsablemente dentro de los propios límites y dejar en sus manos aquello que no puede gobernarse.

Texto original y sentido

כֹּל אֲשֶׁר חָפֵץ יְהוָה עָשָׂה —kol ’asher khafets YHWH ‘asah, «Jehová ha hecho todo lo que ha querido»— afirma su libertad y eficacia. תְּהוֹמוֹת —tehomot, «abismos»— completa la enumeración de los ámbitos de la creación; no se limita aquí a designar un lugar de castigo.

Aplicación editorial

Encomienda al Padre lo que supera tu control y recibe la dirección de Jesucristo para lo que sí te corresponde hacer. Su soberanía permite obedecer con confianza, sin convertir el miedo o la necesidad de dominarlo todo en tus guías.

Salmos 135:7 north

El tiempo y los elementos están bajo su cuidado

Las nubes, los relámpagos, la lluvia y el viento ilustran el señorío de Jehová. El poema reconoce su acción sobre fuerzas que el ser humano no puede administrar por sí solo.

Explicación del versículo

La enumeración cósmica del versículo anterior se vuelve una escena de cielo y clima. Dios hace subir las nubes, dispone los relámpagos para la lluvia y saca el viento de sus depósitos. Son acciones que muestran su autoridad dentro de la experiencia ordinaria del mundo.

La mención de los confines extiende la mirada hacia el horizonte completo. El poema no intenta trazar un mapa físico de los límites de la tierra. Su interés es que los fenómenos que llegan desde lejos no quedan fuera del dominio del Señor.

Los depósitos del viento son una imagen de disponibilidad bajo su autoridad. No se ofrecen como almacenes que el lector deba localizar. La poesía expresa que aquello que parece incontrolable para las personas puede ser dispuesto por Dios.

Jeremías 10:12–13 contiene expresiones muy cercanas sobre nubes, relámpagos y viento después de afirmar que Jehová hizo la tierra con poder y sabiduría. La relación sitúa la escena dentro de la confesión del Creador, en contraste con imágenes fabricadas que no poseen vida ni gobierno.

En Marcos 4:35–41, Jesús reprende al viento y al mar, y sus discípulos se preguntan quién es aquel a quien obedecen. El evangelio no presenta aquí una cita expresa de este salmo, pero la relación revela la importancia de su autoridad. Jesucristo no es un amuleto que los discípulos manejan; es el Señor vivo que los llama a confiar.

La alabanza reconoce así la dependencia de la creación. No exige que el creyente pueda predecir el clima o controlar una tormenta. Invita a confiar en el Creador, recibir sus dones con gratitud y reconocer con humildad la fuerza de aquello que no está en las manos humanas.

Texto original y sentido

נְשִׂאִים —nesi’im— nombra aquí las nubes, como muestra el contexto de la lluvia. מֵאוֹצְרוֹתָיו —me’otsrotav, «de sus depósitos»— presenta una imagen de dominio sobre el viento. Las figuras sirven a la confesión del Creador y no describen un mecanismo técnico.

Salmos 135:8 north

El juicio que quebrantó la esclavitud de Egipto

El salmo recuerda la muerte de los primogénitos como un juicio de Jehová dentro de la liberación de Israel. La escena exige reconocer tanto la gravedad del juicio como la gracia del rescate.

Explicación del versículo

El poema atribuye expresamente a Jehová el golpe sobre los primogénitos de Egipto, de personas y animales. No lo reduce a una derrota simbólica del orgullo del faraón. Está recordando el acontecimiento narrado en Éxodo como parte de la salida de Israel de la esclavitud.

Éxodo 12:29–32 describe el alcance del juicio, desde la casa del faraón hasta la del cautivo, y el gran clamor de Egipto. La palabra primogénito señala el orden de nacimiento, no una edad que el salmo permita fijar para todos. La memoria bíblica conserva el dolor de la escena en vez de presentarla como algo trivial.

El anuncio previo de Éxodo 4:21–23 llama a Israel hijo primogénito de Dios y exige que el faraón lo deje ir para servirle. El juicio aparece dentro de una confrontación con una autoridad que mantiene al pueblo sometido. La narración no lo presenta como una violencia humana iniciada por iniciativa privada.

La Pascua muestra al mismo tiempo una provisión de rescate (Éxodo 12:1–13). Israel debe recibir la palabra de Dios y confiar en el medio que él ha indicado. Su liberación no se explica como una superioridad moral que lo hiciera incapaz de necesitar misericordia.

Hebreos 11:28 recuerda esa respuesta como un acto de fe. El pueblo protegido depende del Señor que anuncia y provee. El signo de la sangre pertenece a ese acontecimiento del pacto; no es una técnica general con la que una persona pueda controlar el juicio de Dios.

Pablo llama a Cristo «nuestra Pascua» y relaciona su sacrificio con una vida de sinceridad y verdad (1 Corintios 5:6–8). Esa conexión es una afirmación explícita del Nuevo Testamento. La esperanza cristiana ante el juicio se funda en la entrega de Jesucristo, no en repetir por cuenta propia los actos rituales de aquella noche.

El salmo celebra al Dios que libera y juzga. Su alabanza no autoriza a seres humanos a imitar el juicio quitando vidas por una pretensión religiosa. La respuesta cristiana es recibir la gracia del Salvador, tomar en serio el pecado y vivir conforme al bien que él enseña.

Texto original y sentido

בְּכוֹרֵי מִצְרָיִם —bekhore Mitsrayim, «los primogénitos de Egipto»— identifica a quienes alcanza el juicio recordado. מֵאָדָם עַד בְּהֵמָה —me’adam ‘ad behemah, «desde los seres humanos hasta los animales»— expresa el alcance que el relato de Éxodo también menciona.

Aplicación editorial

Acércate al Padre con reverencia y agradece la salvación que Jesucristo concede por gracia. Deja que el reconocimiento del juicio te lleve a confesar el pecado y vivir en verdad, con misericordia hacia otras personas.

Salmos 135:9 north

Las señales revelan quién es el Señor

Los prodigios de Egipto confrontan al faraón y dan a conocer el poder de Jehová. El salmo recuerda una liberación en la que Dios manifestó su nombre.

Explicación del versículo

Después de destacar el juicio sobre los primogénitos, el canto amplía la memoria a las señales y los prodigios. El orden es temático: menciona primero el golpe decisivo y luego resume las intervenciones de Dios en Egipto. No está ofreciendo aquí una nueva lista cronológica de plagas.

La expresión «en medio de ti, Egipto» se dirige al país como destinatario de una memoria pública. Las obras del Señor ocurrieron dentro de la sociedad que mantenía sometido a Israel. El canto no describe una salvación secreta sin consecuencias para el poder que ejercía la opresión.

Éxodo 9:13–16 declara que el propósito incluye mostrar que nadie es como Jehová y anunciar su nombre en toda la tierra. Las señales no son entretenimiento religioso. Confrontan la resistencia del faraón y hacen visible la autoridad del Dios que exige liberar a su pueblo.

«Todos sus siervos» se refiere aquí a los servidores del faraón. La misma palabra de servicio aparecía al comienzo para los siervos de Jehová, pero el contexto distingue a quién pertenece cada grupo. El poema enfrenta una autoridad que retiene con la del Señor a quien Israel debe servir.

En la proclamación cristiana, Dios da a conocer su juicio y llama al arrepentimiento por medio del hombre que ha establecido, cuya resurrección ofrece garantía (Hechos 17:24–31). El centro de esa proclamación es Jesucristo resucitado. La relación no hace de cada plaga una predicción aislada sobre él; muestra que la revelación del poder de Dios exige una respuesta de fe y obediencia.

Recordar las señales permite al pueblo alabar con conocimiento. Su libertad no fue un logro autosuficiente, y el poder del faraón no era definitivo. Jehová actuó para rescatar y para dar a conocer la verdad de su señorío.

Texto original y sentido

אֹתוֹת וּמֹפְתִים —’otot umoftim, «señales y prodigios»— nombra obras que manifiestan poder y significado. La referencia a פַּרְעֹה —Par‘oh, «el faraón»— identifica el cargo del gobernante, sin proporcionar en este versículo un nombre personal o una fecha que deban inventarse.

Salmos 135:10 north

La fuerza de los reyes no fue definitiva

El poema recuerda las victorias de Israel como obras de Jehová. Los poderes humanos que parecían decisivos no pudieron impedir el cumplimiento de su propósito.

Explicación del versículo

La memoria avanza desde Egipto hacia el encuentro con naciones y reyes. El salmo atribuye a Jehová el golpe sobre esos poderes. La alabanza se concentra en la acción divina, no en una descripción de la habilidad militar de Israel.

«Muchas naciones» y «reyes poderosos» destacan la magnitud de la oposición. El versículo siguiente dará nombres concretos. La afirmación de soberanía del versículo 6 se vuelve así una memoria histórica dentro del relato bíblico del pueblo.

El verbo matar conserva la seriedad del juicio recordado. El poema no habla solamente de un cambio de opinión o de la pérdida de prestigio de algunos gobernantes. Tampoco desarrolla por separado todos los acontecimientos: resume una historia que los libros anteriores narran con mayor detalle.

Deuteronomio 9:4–6 impide interpretar esas victorias como prueba de que Israel fuera moralmente superior. Moisés atribuye la expulsión a la maldad de las naciones y a la fidelidad de Dios a su promesa, y advierte al pueblo contra atribuírsela a su propia justicia.

La memoria debe producir gratitud y reverencia. Si Dios juzga el mal, su pueblo tampoco puede considerar inocua su propia desobediencia. La elección no concede permiso para adoptar la misma injusticia que se condena en otros.

Jesucristo encomienda a sus discípulos hacer discípulos de todas las naciones, bautizar y enseñar a guardar su palabra (Mateo 28:18–20). Esa misión no traslada a la iglesia la función del ejército de Israel. La lectura cristiana reconoce el juicio del Señor y responde mediante el anuncio del Salvador y una obediencia formada por su gracia.

Texto original y sentido

גּוֹיִם רַבִּים —goyim rabbim, «muchas naciones»— y מְלָכִים עֲצוּמִים —melakhim ‘atsumim, «reyes poderosos»— describen a los adversarios. La fuerza que se les reconoce sirve al contraste con el poder de Jehová, no a una glorificación de la violencia humana.

Salmos 135:11 north

Sehón, Og y los reinos de Canaán

Los nombres concretan la memoria del versículo anterior. Sehón y Og pertenecen a los relatos de la marcha de Israel antes de la entrada en la tierra al otro lado del Jordán.

Explicación del versículo

Sehón es nombrado como rey de los amorreos y Og como rey de Basán. El salmo no deja la alabanza en una referencia indefinida a reyes antiguos. Recuerda adversarios que la narración bíblica identifica y relaciona con la heredad que Israel recibió.

Números 21:21–35 cuenta que Israel pidió a Sehón permiso para atravesar su territorio. El rey lo negó, reunió a su pueblo y salió a combatir. Israel lo derrotó y tomó sus ciudades, entre ellas Hesbón, que el relato presenta como centro de su reino.

El mismo pasaje narra que Og salió al encuentro de Israel para la batalla en Edrei. Jehová dijo a Moisés que no temiera y le anunció que había entregado al rey, su pueblo y su tierra. El recuerdo del salmo concentra la atención en esa intervención divina.

La referencia final a los reinos de Canaán amplía la memoria hacia el conjunto del territorio dado como heredad. El poema no enumera aquí cada rey ni ofrece las dimensiones de sus dominios. Su secuencia conduce al versículo siguiente: Dios dio tierras a Israel, su pueblo.

El marco de Deuteronomio 9:4–6 sigue siendo necesario. Los nombres no son trofeos con los que Israel pueda probar una inocencia propia. La historia se cuenta dentro de la fidelidad y el juicio de Dios. El agradecimiento debe conservar humildad ante quien conoce también el pecado de su pueblo.

En la lectura cristiana, esa humildad conduce a Jesucristo como único Salvador. La victoria que da vida definitiva no procede de heredar una superioridad nacional ni de reproducir aquellos combates. Se recibe por gracia mediante la fe en el Hijo que murió y resucitó.

Texto original y sentido

סִיחוֹן —Sikhon— corresponde a Sehón, y עוֹג —‘Og— a Og. Los nombres de los reinos permiten distinguir a cada gobernante y sitúan esos enfrentamientos dentro de la memoria del camino de Israel.

Salmos 135:12 north

La heredad se recibe como un don

El final de esta memoria histórica destaca el regalo de la tierra a Israel. La repetición de heredad atribuye la posesión a la fidelidad de Jehová.

Explicación del versículo

Después de hablar de reyes vencidos, el poema enuncia el resultado para el pueblo: Jehová dio sus tierras como heredad. El sujeto sigue siendo Dios. Israel recibe, y esa recepción debe ser interpretada desde la relación con quien lo llama su pueblo.

La repetición «como heredad, como heredad a Israel» detiene la atención en el don. El canto no cuenta la posesión como una propiedad originada únicamente en la fuerza de los vencedores. La vincula con el propósito y la promesa del Señor.

Josué 21:43–45 afirma que Jehová dio a Israel la tierra que había jurado a sus padres y que ninguna de sus buenas palabras falló. Esa relación explica la gratitud del salmo. La historia de la heredad es, dentro del testimonio bíblico, una historia de fidelidad divina.

La recepción tampoco equivale a una independencia absoluta. Levítico 25:23 recuerda que la tierra pertenece a Dios y que su pueblo vive ante él como residente. El regalo llama a una administración responsable bajo su autoridad, no a olvidar al dador.

La herencia cristiana es descrita a partir de la resurrección de Jesucristo como incorruptible y reservada por Dios (1 Pedro 1:3–5). Es una relación de don y esperanza que no debe confundirse con trasladar a cualquier comunidad una reclamación territorial. El Padre hace recibir por gracia un bien que la fuerza humana no puede asegurar.

El recuerdo histórico culmina así en pertenencia agradecida. Jehová ha rescatado, ha vencido la oposición y ha dado una heredad. Los versículos siguientes volverán a su nombre permanente y a su compasión, mostrando que el centro de la memoria es su carácter.

Texto original y sentido

נַחֲלָה —nakhalah, «heredad»— aparece dos veces y expresa una porción recibida. לְיִשְׂרָאֵל עַמּוֹ —leYisra’el ‘ammo, «a Israel, su pueblo»— define al destinatario desde su relación con Jehová.

Aplicación editorial

Agradece al Padre los bienes que has recibido y cuídalos como alguien que depende de él. La esperanza en Jesucristo permite vivir con generosidad y responsabilidad, sin convertir la posesión o el éxito en prueba de superioridad.

Salmos 135:13 north

El nombre que permanece entre generaciones

El recuerdo de las obras conduce a dirigirse directamente a Jehová. Su nombre y su fidelidad no terminan con la generación que recibió la liberación.

Explicación del versículo

Después de narrar lo que Dios hizo, el salmo cambia a una invocación: «Jehová, tu nombre». La memoria no permanece como una lista de sucesos pasados. Se convierte en adoración al mismo Señor que el pueblo reconoce en el presente.

El nombre permanente expresa continuidad de identidad y fidelidad. Los reyes recordados antes pertenecen a una historia que pasó; Jehová no queda encerrado en ella. Puede ser conocido y alabado por quienes vienen después de los primeros destinatarios de sus obras.

Éxodo 3:13–15 une expresamente el nombre de Jehová con el Dios de Abraham, Isaac y Jacob y con su recuerdo de generación en generación. La relación sitúa la confesión del salmo dentro de la revelación que acompaña la liberación de Egipto. El pueblo recuerda porque Dios se ha dado a conocer.

El recuerdo no consiste solamente en conservar una pronunciación o un dato. Incluye transmitir quién es el Señor y cómo ha actuado. Las generaciones posteriores pueden recibir esa memoria como llamado a confiar y obedecer, en lugar de tratarla como una herencia cultural sin relación personal con Dios.

1 Pedro 1:22–25 afirma la permanencia de la palabra del Señor y la relaciona con el evangelio anunciado. Para los creyentes en Jesucristo, la buena noticia manifiesta la fidelidad del mismo Dios que sostiene su promesa. El Padre da vida por medio del Hijo y no depende de que una generación humana pueda perpetuarse.

La repetición del nombre de Jehová en ambas frases refuerza la dirección de la alabanza. La comunidad no se celebra a sí misma por haber conservado un recuerdo; reconoce al Señor que permanece y puede seguir siendo buscado.

Texto original y sentido

שִׁמְךָ לְעוֹלָם —shimkha le‘olam, «tu nombre permanece para siempre»— afirma su continuidad. זִכְרְךָ לְדֹר וָדֹר —zikhrkha ledor vador, «tu recuerdo, de generación en generación»— relaciona esa permanencia con la memoria transmitida por el pueblo.

Aplicación editorial

Comparte con otra generación lo que la Escritura revela del Padre y de Jesucristo. Procura que la transmisión incluya una fe vivida con verdad y amor, además del conocimiento de nombres y acontecimientos.

Salmos 135:14 north

La justicia de Dios no abandona a sus siervos

Jehová hará justicia a su pueblo y tendrá compasión de sus siervos. La memoria de sus obras sostiene la esperanza en un auxilio que nace de su carácter.

Explicación del versículo

El «porque» explica por qué el nombre del Señor puede seguir siendo alabado. Su relación con el pueblo no es solo un recuerdo de actos terminados. Él hará justicia y se compadecerá de quienes le pertenecen.

El paralelismo orienta la primera frase hacia una justicia que ampara y vindica. Dios ve la necesidad de su pueblo y no deja el juicio definitivo en manos de los poderes que lo amenazan. La compasión muestra que su autoridad no es indiferente a la debilidad.

Las mismas palabras aparecen en Deuteronomio 32:36–43. Allí se dice que Jehová actuará cuando vea agotadas las fuerzas de sus siervos. La relación ayuda a comprender que el favor no es una recompensa a la autosuficiencia. El Señor atiende a quienes ya no tienen recursos para sostenerse por sí solos.

En ese pasaje de Deuteronomio, la confesión también conduce a preguntar por la ayuda que podían dar los dioses falsos. Salmos 135 seguirá una transición semejante: después de afirmar la compasión de Jehová, describirá ídolos que no pueden hablar ni escuchar. El contraste es entre un Dios que actúa y objetos incapaces de rescatar.

Jesús enseña a perseverar en la oración mediante la parábola de la viuda que pide justicia (Lucas 18:1–8). El juez injusto funciona como contraste, no como retrato del Padre. Dios no necesita ser agotado para mostrar interés; su justicia y su fidelidad dan motivo para seguir clamando.

La esperanza cristiana puede por eso acudir al Padre mediante Jesucristo y esperar sin hacer de la venganza propia una solución. La compasión no vuelve trivial el mal, y la justicia no elimina el cuidado de los afligidos. Ambas pertenecen al Señor que el salmo alaba.

Texto original y sentido

יָדִין יְהוָה עַמּוֹ —yadin YHWH ‘ammo, «Jehová hará justicia a su pueblo»— recibe su orientación del miembro paralelo. וְעַל עֲבָדָיו יִתְנֶחָם —ve‘al ‘avadav yitnekham, «y tendrá compasión de sus siervos»— expresa su respuesta favorable ante la necesidad, como confirma el contexto de Deuteronomio 32.

Aplicación editorial

Presenta al Padre la injusticia que necesitas enfrentar y busca ayuda para hacerlo con verdad. La enseñanza de Jesucristo permite perseverar en la oración sin responder al mal con otro mal.

Salmos 135:15 north

Lo fabricado no puede ocupar el lugar del Creador

La plata y el oro no convierten una imagen en un dios vivo. El salmo contrasta al Señor que actúa con objetos cuya forma depende de manos humanas.

Explicación del versículo

El poema deja la memoria de los actos de Jehová y describe a los ídolos de las naciones. El contraste es deliberado: el Señor creó, liberó y dio una heredad; las imágenes han sido hechas por personas. Su origen no es el de un poder que pueda crear y salvar.

La mención de plata y oro reconoce materiales que pueden recibir una forma elaborada y ser tenidos en estima. Esa apariencia no les comunica vida. El argumento no necesita calcular su precio: el valor del material no responde a la necesidad espiritual de quien espera de él ayuda divina.

«Obra de manos humanas» señala una dependencia. La figura requiere del artesano para existir con esa forma, mientras Jehová es el dador de la vida. El objeto no puede convertirse en fuente del ser de quienes lo fabrican.

Éxodo 31:1–5 presenta la destreza de Bezaleel para trabajar metales, piedras y madera como un don de Dios para el servicio del santuario. La relación impide confundir la crítica del salmo con desprecio por toda habilidad artística. El problema es atribuir condición y poder divinos a una obra, en lugar de reconocer al Creador.

Hechos 17:24–31 afirma que Dios da vida y aliento y que la divinidad no debe ser concebida como oro, plata o piedra modelados por el arte humano. La proclamación cristiana mantiene el contraste y llama a volverse al Dios vivo a la luz de Jesucristo resucitado.

La crítica debe recibirse también como examen de la confianza propia. Una persona puede fabricar un objeto religioso sin que ese acto produzca comunión con Dios. La respuesta que el salmo busca es alabar y depender del Señor que realmente puede atender a sus siervos.

Texto original y sentido

עֲצַבֵּי הַגּוֹיִם —‘atsabbe haggoyim, «los ídolos de las naciones»— identifica el objeto de la crítica. מַעֲשֵׂה יְדֵי אָדָם —ma‘aseh yede ’adam, «obra de manos humanas»— expresa su condición de objetos fabricados frente al Señor que crea y actúa.

Aplicación editorial

Examina dónde buscas una seguridad que solo el Padre puede dar. Acude a él mediante Jesucristo y recibe los objetos y habilidades humanas en su lugar de dones, sin atribuirles una capacidad salvadora.

Salmos 135:16 north

Una apariencia de rostro sin conocimiento ni palabra

La forma de una boca y unos ojos no otorga a la imagen capacidad para hablar o ver. El salmo denuncia la impotencia del objeto al que se atribuye divinidad.

Explicación del versículo

Las dos primeras negaciones describen boca y ojos. La imagen puede reproducir la apariencia de un rostro, pero no puede responder al adorador ni conocer lo que ocurre ante ella. El poema distingue la forma visible de una capacidad real.

La ausencia de palabra contrasta con el Señor que ha revelado su nombre, ha dado promesas y ha anunciado su juicio y su rescate. Los ídolos no originan una revelación por tener una boca modelada. El contenido religioso que se les atribuye debe proceder de otros.

Los ojos sin visión tampoco pueden reconocer la aflicción de una persona. En el versículo 14, Jehová se compadecía de sus siervos; aquí el objeto no posee conocimiento de su necesidad. La comparación alcanza la confianza: no puede cuidar aquello que ni siquiera percibe.

La crítica se dirige a objetos sin vida, no a la dignidad de personas que no pueden hablar o ver. Los seres humanos conservan su valor ante Dios en medio de cualquier limitación. Jesús escucha el clamor de Bartimeo y lo recibe, como muestra Marcos 10:46–52.

Juan 1:14–18 presenta al Verbo hecho carne, lleno de gracia y verdad, que da a conocer al Padre. La revelación cristiana no consiste en atribuir vida a una figura fabricada. Dios se ha acercado en su Hijo, una persona viva que habla, conoce y salva.

El versículo conduce así a una pregunta sobre la respuesta que se espera de aquello que se adora. La apariencia puede impresionar, pero no puede sustituir la relación con el Señor. La fe se dirige al Dios que se ha dado a conocer y puede atender con verdad.

Exégesis del pasaje

El paralelismo repite לָהֶם —lahem, «tienen», literalmente «para ellos»— seguido de la negación de la acción correspondiente. לֹא יְדַבֵּרוּ —lo yedabberu, «no hablan»— y לֹא יִרְאוּ —lo yir’u, «no ven»— hacen explícita la distancia entre forma y capacidad.

Salmos 135:17 north

La falta de aliento revela la impotencia del ídolo

La descripción culmina afirmando que no hay aliento en la boca de las imágenes. No pueden escuchar ni responder porque carecen de vida.

Explicación del versículo

Después de boca y ojos, el canto menciona oídos. La figura puede representar el órgano, pero no puede recibir una súplica ni atender un clamor. La acumulación de negaciones muestra que el problema no es un descuido momentáneo, sino su condición de objeto.

La última frase va al fundamento: tampoco hay aliento en su boca. El poema no está diagnosticando una enfermedad ni comparando grados de salud humana. Afirma que la imagen no es un ser viviente al que pueda dirigirse una relación de fe.

La diferencia con Jehová aparece a lo largo del salmo. Él hace subir nubes, libera de la esclavitud y se compadece de sus siervos. Hechos 17:24–31 declara que el Creador da a todos vida y aliento. Atribuir ese origen a una obra humana invierte la relación entre el dador y lo fabricado.

El aliento tiene aquí el sentido concreto de vida que una boca de metal no posee. La palabra no obliga a identificar en esta frase al Espíritu Santo. El contexto de órganos incapaces de actuar define la imagen y preserva la diferencia entre una figura sin vida y Dios.

La comunidad cristiana es llamada a servir al Dios vivo y verdadero y a esperar a su Hijo resucitado (1 Tesalonicenses 1:9–10). Jesucristo ofrece una esperanza que no depende de atribuir a un objeto lo que no puede hacer. El Padre se da a conocer en él y recibe el clamor de quienes se acercan con fe.

La descripción prepara la advertencia siguiente sobre quienes confían en los ídolos. La cuestión no termina en determinar de qué material están hechos. Afecta el lugar donde las personas buscan vida, ayuda y salvación.

Texto original y sentido

אֵין יֶשׁ רוּחַ בְּפִיהֶם —’en yesh ruakh befihem, «no hay aliento en su boca»— niega de manera enfática la vida del objeto. Ruakh significa aquí aliento según el contexto; su sentido no debe trasladarse automáticamente desde otros usos de la palabra.

Aplicación editorial

Lleva tu oración al Padre por medio de Jesucristo, confiando en el Dios que da vida y escucha. No necesitas fabricar una presencia ni asegurar su atención mediante objetos; acércate con fe a quien se ha dado a conocer.

Salmos 135:18 north

La confianza toma la dirección de su objeto

La advertencia alcanza tanto a los fabricantes como a quienes confían en los ídolos. La persona se expone a la misma impotencia del refugio que ha elegido.

Explicación del versículo

El canto pasa de describir los objetos a hablar de las personas. No solo importa que las imágenes carezcan de vida: importa también que alguien deposite en ellas la confianza que corresponde a Dios. El vínculo entre adoración y vida se vuelve explícito.

«Como ellos serán» no anuncia una transformación física en metal. La imagen muestra que quienes dependen de lo incapaz de salvar comparten su impotencia. El refugio no puede dar la vida, la palabra o el auxilio que se espera de él.

La frase incluye a quienes los hacen y a todos los que confían en ellos. La advertencia no se limita al oficio del artesano. Una persona puede no haber fabricado la figura y, sin embargo, quedar comprometida en la misma orientación de confianza.

Salmos 115:3–8 contiene una advertencia prácticamente idéntica después de contrastar al Dios que actúa con los ídolos. La relación confirma que el centro es la confianza y sus consecuencias. El salmo llama a reconocer al Señor vivo como fuente del bien que las imágenes no pueden conceder.

El Nuevo Testamento presenta una transformación de otra naturaleza: contemplando la gloria del Señor, los creyentes son transformados por la acción del Espíritu (2 Corintios 3:17–18). La comunión con Jesucristo no deja al ser humano encerrado en un reflejo de su propia obra. La gracia forma una vida que responde a la verdad de Dios.

La advertencia tampoco significa que el idólatra quede excluido para siempre de toda esperanza. 1 Tesalonicenses 1:9–10 recuerda a personas que se volvieron de los ídolos para servir al Dios vivo y esperar a Jesús resucitado. El arrepentimiento es una salida real porque el Salvador puede recibir y transformar a quienes antes confiaban donde no había vida.

Texto original y sentido

כְּמוֹהֶם יִהְיוּ עֹשֵׂיהֶם —kemohem yihyu ‘osehem, «como ellos serán quienes los hacen»— lleva la comparación del objeto a sus fabricantes. כֹּל אֲשֶׁר בֹּטֵחַ בָּהֶם —kol ’asher boteakh bahem, «todo el que confía en ellos»— amplía el alcance a la dependencia religiosa.

Aplicación editorial

Pregunta qué está formando tu confianza y tus decisiones. Vuelve al Padre mediante Jesucristo y recibe la obra del Espíritu Santo, para que tu esperanza y tu conducta sean transformadas por la verdad del Dios vivo.

Salmos 135:19 north

El pueblo y sus sacerdotes comparten la alabanza

Israel y la casa de Aarón reciben la misma invitación: bendecir a Jehová. La diversidad de funciones encuentra un centro común en el Señor.

Explicación del versículo

El canto vuelve a dirigirse a personas después de la descripción de los ídolos. La respuesta a la impotencia de las imágenes no termina en una crítica; conduce a bendecir al Dios vivo. El pueblo es llamado a expresar positivamente su pertenencia al Señor.

La casa de Israel nombra a la comunidad, mientras la casa de Aarón identifica a la familia del sacerdocio. El salmo no las presenta como dos pueblos rivales. Distingue un conjunto y una responsabilidad particular dentro de él.

Números 3:5–10 describe funciones del servicio del tabernáculo y reserva a Aarón y sus hijos los deberes sacerdotales. Ese marco permite comprender el nombre de la casa de Aarón. La función recibida no hace que sus miembros dejen de necesitar alabar y depender de Jehová.

La repetición exacta del mandato concede a ambos destinatarios una misma orientación. El pueblo no puede delegar toda gratitud en sus ministros, y los sacerdotes no pueden tratar su tarea como una posición que los coloque por encima del dador de la vida. Todos son convocados al Señor.

1 Pedro 2:4–10 presenta a quienes se acercan a Jesucristo como pueblo recibido por misericordia y sacerdocio santo para anunciar las virtudes de Dios. La relación no traslada sin más cada oficio del tabernáculo a la iglesia. Reconoce que el acceso y el servicio cristianos dependen del Salvador y deben dirigir la gratitud hacia el Padre.

La alabanza compartida también responde a la advertencia del versículo 18. En vez de confiar en una obra humana sin vida, la comunidad reconoce a quien puede hablar, escuchar y salvar. El nombre de Jehová une su confesión.

Texto original y sentido

בֵּית יִשְׂרָאֵל —beit Yisra’el, «casa de Israel»— y בֵּית אַהֲרֹן —beit ’Aharon, «casa de Aarón»— usan casa para una comunidad o familia, no para dos edificios. La repetición de bendecir a Jehová dirige a ambos grupos hacia la misma adoración.

Salmos 135:20 north

El servicio y la reverencia se unen ante Jehová

La invitación se extiende a la casa de Leví y a quienes temen al Señor. La adoración corresponde a una pertenencia que debe vivirse con reverencia.

Explicación del versículo

La casa de Leví amplía el llamado del sacerdocio de Aarón hacia los servidores levíticos. El poema reconoce funciones distintas sin convertir esa diversidad en competencia. Todos reciben el mismo mandato de bendecir a Jehová.

Números 3:5–10 presenta a los levitas colaborando en el servicio y el cuidado de la tienda de reunión, mientras Aarón y sus hijos ejercen los deberes sacerdotales. La distinción ayuda a comprender por qué el canto puede nombrar ambas casas sin que una mención sea simplemente una repetición vacía.

«Ustedes que temen a Jehová» añade una identificación que no se limita a un oficio. La reverencia al Señor es decisiva para la respuesta de todos. El versículo no ofrece un censo que permita determinar aquí el origen de cada integrante; convoca a quienes reconocen a Jehová y su autoridad.

El temor no es un sustituto de la confianza. El mismo salmo ha afirmado la bondad y la compasión del Señor. La reverencia recibe esas verdades y las expresa mediante adoración y obediencia, en lugar de usar la gracia para tratarlo con indiferencia.

En Jesucristo, quienes antes estaban lejos y quienes estaban cerca reciben acceso al Padre en un solo Espíritu (Efesios 2:13–22). Esa comunión no depende de competir por un rango de prestigio. El servicio cristiano debe reflejar la unidad recibida y conservar la atención en aquel que ha reconciliado.

El llamado final reúne así tarea y corazón. Una función religiosa necesita reverencia, y la reverencia encuentra una expresión concreta al bendecir al Señor. La gratitud puede ser compartida sin borrar las responsabilidades particulares de cada persona.

Texto original y sentido

בֵּית הַלֵּוִי —beit hallevi, «casa de Leví»— designa al grupo levítico. יִרְאֵי יְהוָה —yir’e YHWH, «los que temen a Jehová»— identifica a los adoradores por su relación reverente con él. El mandato común sigue siendo bendecirlo.

Aplicación editorial

Ejerce tu servicio con humildad y reconoce el bien que otros aportan. Por Jesucristo, pide al Padre una reverencia que sostenga la gratitud y te guarde de convertir una tarea o un título en motivo de superioridad.

Salmos 135:21 north

La alabanza llega al Dios que habita con su pueblo

El poema termina pronunciando la bendición a la que había convocado. Jehová es alabado desde Sión como el Señor que ha querido estar presente entre los suyos.

Explicación del versículo

Después de invitar a Israel, Aarón, Leví y quienes temen a Jehová, el canto expresa la respuesta: «Bendito sea». La exhortación se vuelve confesión. El poema no deja a la comunidad únicamente con una instrucción sobre lo que debería hacer; le da palabras para alabar.

«Desde Sión» sitúa esa respuesta en el centro del culto de Israel. La referencia a habitar en Jerusalén reconoce la cercanía que el Señor ha querido conceder a su pueblo. El final vuelve a la casa y los atrios que aparecían al comienzo.

La presencia en Jerusalén debe mantenerse unida a la autoridad sobre cielos, tierra, mares y abismos del versículo 6. El salmo no encierra a Jehová en una ciudad. Confiesa que el Creador soberano se relaciona de manera concreta con quienes ha elegido y rescatado.

La oración de Salomón sostiene ambas verdades: ni los cielos pueden contener a Dios, y el pueblo puede pedir que atienda sus súplicas vinculadas al santuario (1 Reyes 8:27–30). La cercanía es gracia, no una limitación que permita disponer de él.

Juan 1:14–18 presenta al Hijo hecho carne que da a conocer al Padre. La esperanza cristiana encuentra en Jesucristo el centro de esa comunión recibida. Dios no es una imagen fabricada por la imaginación humana; él ha actuado y se ha acercado para salvar.

El «¡Aleluya!» final corresponde al comienzo y recoge todo el argumento: Jehová es bueno, elige, crea, libera, permanece y se compadece. Los ídolos no pueden dar lo que la comunidad necesita. El Señor vivo merece la confianza y la alabanza.

Texto original y sentido

בָּרוּךְ יְהוָה מִצִּיּוֹן —barukh YHWH miTsiyyon, «bendito sea Jehová desde Sión»— pronuncia la alabanza solicitada. שֹׁכֵן יְרוּשָׁלָ͏ִם —shokhen Yerushalayim, «que habita en Jerusalén»— reconoce su presencia entre el pueblo, dentro de la soberanía universal afirmada por el poema.

Aplicación editorial

Adora al Padre por medio de Jesucristo con una gratitud que recuerde su carácter y sus obras. Lleva esa confianza a la vida compartida: escucha su palabra, sirve con reverencia y recibe su gracia como el bien que ningún objeto puede producir.

edit_note Notas: edición NTBT con estudio completo — BibliaTodo Bible Society

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