La alabanza empieza en las alturas y se extenderá a la tierra
El salmo convoca a alabar a Jehová desde los cielos. La invitación abre una escena que terminará reuniendo a criaturas, pueblos y generaciones ante el mismo Señor.
Explicación del versículo
La reiteración de «alaben» da al comienzo la forma de una convocatoria. El orante no está ofreciendo solo una descripción de los cielos. Los invita poéticamente a participar en el reconocimiento del Creador.
«Desde los cielos» y «en las alturas» se corresponden. El movimiento comienza en lo elevado y, en el versículo 7, pasará expresamente a la tierra. Esa organización prepara una alabanza que no deja un ámbito de la creación fuera de la mirada.
Los versículos siguientes distinguirán ángeles, astros y alturas. No todos participan de la misma manera: el poema puede convocar seres personales y personificar elementos de la naturaleza. La unidad de la alabanza no convierte a todas las criaturas en seres idénticos.
Deuteronomio 10:14 afirma que los cielos, los cielos de los cielos y la tierra pertenecen a Jehová. La relación da fundamento a la convocatoria: la amplitud de lo creado no constituye un reino independiente que deba competir con su Hacedor.
Salmos 103:19–22 reúne el trono del Señor en los cielos, los ángeles que cumplen su palabra y todas sus obras en los lugares de su dominio. El paralelo permite comprender una escena de alabanza universal bajo un mismo gobierno.
La esperanza cristiana reconoce en el Padre al Creador y en Jesucristo al Hijo por medio de quien todo fue creado y es sostenido. La alabanza no se dirige a las alturas como si fueran divinas por sí mismas. Se dirige al Señor a quien pertenecen y cuya gloria van a reconocer.
Texto original y sentido
מִן הַשָּׁמַיִם —min hashshamayim, «desde los cielos»— se corresponde con בַּמְּרוֹמִים —bammeromim, «en las alturas»—. La pareja establece el primer ámbito de la convocatoria, antes de la invitación «desde la tierra» del versículo 7.