La respuesta sabia ante el éxito de los injustos
El poema enseña a no dejar que la prosperidad del malvado se convierta en envidia, irritación o deseo de imitarlo.
Explicación del versículo
La exhortación inicial se dirige a quien contempla a los malhechores y siente la dificultad de seguir haciendo el bien. El salmo no comienza pidiendo que se niegue su éxito: reconoce que pueden prosperar, disponer de armas y parecer firmemente establecidos. La cuestión es cómo vivir ante esa realidad sin aceptar su camino como modelo.
«No te irrites» y «ni envidies» nombran dos respuestas relacionadas. La indignación puede transformarse en una agitación que consume al que observa; la envidia comienza a desear las ventajas del injusto. El poema irá mostrando que no basta desaprobar el mal si, al mismo tiempo, se añora el poder que parece proporcionar.
Salmos 37 tiene un tono de enseñanza y una organización alfabética en sus estrofas, con algunas irregularidades en la forma conservada. Su argumento avanza mediante exhortaciones, contrastes y recuerdos, más que como una historia de acontecimientos sucesivos. La repetición de la herencia de la tierra y del fin del malvado ayuda a retener una misma orientación de sabiduría.
La inscripción lo identifica como de David, pero no nombra una crisis histórica particular. Más adelante hablará la voz de alguien que fue joven y ha envejecido. Su enseñanza se presenta con el peso de la experiencia, aunque no por ello convierte cada observación en una regla mecánica para juzgar cualquier vida.
Proverbios 24:19–20 expresa una exhortación muy cercana y la funda en la falta de futuro del mal. En el horizonte cristiano, Jesús llama dichosos a los mansos y a los perseguidos por causa de la justicia (Mateo 5:1–12). Su enseñanza permite mirar más allá de la ventaja inmediata y seguir al Salvador sin medir la verdad por el éxito de sus adversarios.
Texto original y exégesis
אַל־תִּתְחַר —al-titḥar, «no te irrites»— volverá en los versículos 7–8. La advertencia sobre la envidia se une a ella desde el comienzo. El objeto no es cualquier persona próspera, sino quienes cometen injusticia: el problema moral se determina por su conducta, no simplemente por sus recursos.
Aplicación editorial
Si te inquieta el éxito de alguien que actúa injustamente, identifica qué parte de su ventaja estás empezando a desear. Presenta esa lucha al Padre por medio de Jesucristo y decide un bien concreto que seguirás haciendo. Pide al Espíritu Santo que tu rechazo del mal no termine convirtiéndose en imitación.