Toda la tierra es convocada a una alegría dirigida a Dios
El salmo abre una celebración cuyo horizonte incluye a los pueblos antes de contar el auxilio recibido.
Explicación del versículo
La aclamación es una respuesta audible y compartida. El imperativo plural invita a levantar la voz con alegría, y precisa a quién se dirige: a Dios. El canto no comienza atribuyendo el bien al prestigio de una comunidad particular.
Los habitantes de toda la tierra forman el horizonte de la invitación. El poema contará después obras vinculadas con la historia de Israel, pero las presenta como motivo para reconocer al Señor más allá de las fronteras del pueblo.
La alegría no carecerá de fundamento. La invitación inicial se desarrollará mediante memoria del rescate, prueba atravesada y oración escuchada. El canto puede empezar celebrando porque se dispone a contar por qué Dios merece esa respuesta.
La inscripción llama al poema cántico y salmo, sin consignar el nombre de su autor. No identifica una ceremonia histórica particular. En el texto hebreo, la misma primera unidad contiene la inscripción y el comienzo de la aclamación; el llamado inicial sigue siendo parte del canto.
Salmos 96:1–3 une también la convocatoria a toda la tierra con anunciar las maravillas y la salvación de Jehová. Esa amplitud muestra una adoración que comparte el reconocimiento del Dios que ayuda, en vez de encerrarlo como un bien que deba ocultarse a otros.
Texto original y llamada
הָרִיעוּ לֵאלֹהִים —hariʿu leElohim, «aclamen a Dios»— es una exhortación plural. כָּל־הָאָרֶץ —kol-haarets, «toda la tierra»— amplía la convocatoria. El contexto de canto y alegría define la respuesta pedida.