Toda grandeza es llamada a reconocer la gloria de Jehová
El salmo comienza convocando a los «hijos de los poderosos» a adorar. El poder que la creación pueda mostrar debe conducir al reconocimiento del Señor, no competir con él.
Explicación del versículo
El mandato «den a Jehová» se repite e introduce el movimiento de todo el canto. Antes de describir la tormenta, el salmista fija hacia quién debe dirigirse la adoración. El fenómeno natural no será el dios del poema: Jehová es el Señor cuya gloria se proclama.
«Hijos de los poderosos» es una expresión hebrea que no se explica aquí mediante una genealogía. En Salmos 89:5–8, una formulación semejante aparece en relación con los cielos y la asamblea de los santos. Esa relación orienta a entender una convocatoria a los seres celestiales, aunque la NTBT conserva la expresión más literal.
El llamado no atribuye a esos seres una divinidad comparable con Jehová. Precisamente se les ordena reconocer una gloria y una fuerza que no les pertenecen de manera suprema. Ninguna grandeza puede situarse como rival del Señor.
Dar gloria y fuerza significa reconocerlas y proclamarlas, no proporcionar a Dios una capacidad que le faltaba. El canto presupone su poder y convoca una respuesta adecuada a él.
La voz de Jehová será repetida a lo largo de la escena de la tormenta y el salmo terminará hablando de la fuerza que él da a su pueblo. La fuerza confesada al comienzo es el bien que solo el Señor puede compartir al final.
Colosenses 1:15–20 afirma que las autoridades visibles e invisibles fueron creadas por medio del Hijo y para él. Jesucristo no pertenece al conjunto de poderes que compiten por la gloria: es el Señor creador y el Salvador que reconcilia mediante su cruz. La adoración cristiana recibe esa plenitud sin disminuir la majestad del Padre.
Texto original y convocatoria
בְּנֵי אֵלִים, bené elim, es la expresión que la NTBT traduce «hijos de los poderosos». El paralelo bíblico de Salmos 89 ayuda a situarla en el ámbito de la corte celestial. הָבוּ, havu, pide dar o atribuir, aquí mediante el reconocimiento de gloria y fuerza.
Exégesis del pasaje
Los versos 1–2 forman una invitación al culto; los versos 3–9 desplegarán la voz poderosa y el 10 afirmará la realeza de Jehová. El poema no empieza con el miedo del observador, sino con la identidad de aquel a quien toda la escena pertenece.