El Rey santo está entronizado sobre los querubines
La manifestación del Señor llama a los pueblos y a la tierra a reconocer su majestad.
Explicación del versículo
«Jehová reina» abre otra vez la proclamación central de estos salmos. La respuesta descrita ahora es el temblor de los pueblos y de la tierra. La grandeza del Rey despierta una reverencia que abarca al mundo.
El Señor está entronizado sobre los querubines. La imagen recuerda el arca del pacto, sobre cuya cubierta se encontraban dos querubines con las alas extendidas. Dios prometió encontrarse con Moisés y hablar desde allí: Éxodo 25:18–22.
Los querubines pertenecen al lenguaje de la presencia real de Dios. El salmo dirige la adoración hacia el Señor que gobierna, y la imagen del santuario hace visible para el pueblo esa relación de presencia y autoridad.
El temblor corresponde al encuentro con el Dios santo. El canto desarrollará su carácter mediante la justicia, la respuesta a la oración, el perdón y la corrección. La majestad del Rey debe ser comprendida junto con todas esas dimensiones.
El Nuevo Testamento anuncia que Dios resucitó a Jesucristo y lo sentó a su derecha, por encima de todo poder y autoridad: Efesios 1:20–23. La fe cristiana reconoce el señorío del Hijo exaltado y responde con reverencia, gratitud y confianza en su salvación.
Texto original y sentido
יֹשֵׁב כְּרוּבִים, yoshev keruvim, expresa estar entronizado sobre los querubines. El lenguaje presenta una sede real vinculada con la presencia divina. Los verbos de temblar y estremecerse comunican la respuesta de pueblos y tierra ante su majestad.