La raíz de una vida que no reconoce a Dios
El salmo comienza examinando la rebelión del malvado antes de volver la mirada al amor leal y a la justicia de Jehová.
Explicación del versículo
La primera sección describe a una persona que vive sin reconocer ante sí la autoridad de Dios. Su conducta no se presenta como una falta aislada: los versículos siguientes mostrarán adulación propia, engaño, abandono del bien y planes de maldad. La ausencia del temor de Dios ofrece la clave para comprender esa dirección de vida.
La NTBT presenta la reflexión en lo profundo del corazón del salmista: la rebelión del malvado «me habla». Él contempla esa conducta y reconoce lo que revela. La afirmación no equivale a confesar como propias todas las acciones que describirá, ni a atribuir autoridad divina a la voz de la rebelión. El poema la hace hablar para mostrar la lógica del pecado.
«No hay temor de Dios ante sus ojos» une la disposición interior con la manera de mirar y actuar. El problema no es que el malvado nunca haya oído mencionar a Dios, sino que no le concede el lugar que corresponde a su santidad y a su juicio. Sus decisiones quedan organizadas como si no tuviera que rendir cuentas delante de él.
La inscripción distingue este salmo como de David, siervo de Jehová, y lo destina al músico principal. Esa identidad contrasta con el retrato inicial: servir al Señor implica reconocer a quien el malvado excluye de su mirada. El poema pasará de ese retrato a la alabanza del amor divino en los versículos 5–9 y terminará pidiendo protección en los versículos 10–12.
Romanos 3:9–26 incorpora la última frase de este versículo a un conjunto de testimonios sobre el pecado. Pablo no lo usa para que un grupo se considere por naturaleza superior a otro: concluye que judíos y griegos están bajo el pecado y necesitan la gracia. La respuesta anunciada es la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, no la confianza en una supuesta inocencia propia.
Texto original y numeración
נְאֻם־פֶּשַׁע —neum-pésha, «declaración de la rebelión»— personifica el pecado como si pronunciara una palabra. El hebreo conserva לִבִּי —libbí, «mi corazón»—, que corresponde al «me habla» de la NTBT. La construcción es condensada, pero la denuncia final sobre la ausencia del temor de Dios es clara. La inscripción se cuenta como versículo propio en la numeración hebrea; este versículo corresponde allí a Salmos 36:2.
Relación con Romanos
Romanos 3:18 expresa la cita en plural: οὐκ ἔστιν φόβος θεοῦ ἀπέναντι τῶν ὀφθαλμῶν αὐτῶν —ouk éstin phóbos theoû apénanti tōn ophthalmōn autōn, «no hay temor de Dios delante de sus ojos»—. La función dentro del argumento apostólico es mostrar la necesidad común de la salvación que Dios concede en Cristo.