El clamor del justo que Jesús hizo suyo en la cruz
El salmo abre con una pregunta de abandono dirigida al mismo Dios al que el orante sigue llamando suyo. Los evangelios muestran a Jesucristo pronunciando este clamor en su sufrimiento real.
Explicación del versículo
La repetición «Dios mío» conserva la relación en el corazón de la queja. El orante no ha dejado de dirigirse a Dios. Su pregunta expone una distancia dolorosa entre el rescate que espera y la experiencia de no recibirlo todavía.
Abandonar expresa la gravedad de ese dolor. El clamor expresa un sufrimiento real y profundo que alcanza su relación con Dios. Las palabras del gemido parecen quedar lejos de la salvación, y el verso siguiente insistirá en la continuidad del clamor.
La inscripción asocia el poema con David y conserva Ajelet-sahar como indicación de interpretación, sin identificar una circunstancia concreta de su vida. El salmo permite escuchar a una persona verdaderamente afligida antes de relacionar su voz con la plenitud que le dan los evangelios.
En Mateo 27:45–50 y Marcos 15:33–37, Jesús pronuncia la pregunta al estar crucificado. La relación con el salmo es explícita. El Salvador no contempla desde fuera el dolor humano: lo vive y lo lleva ante el Padre en la entrega por la que carga nuestros pecados.
El Hijo permanece sin pecado. 1 Pedro 2:21–25 afirma su inocencia y el carácter salvador de su muerte. El clamor no significa que se haya convertido moralmente en pecador o haya dejado de ser divino. Tampoco describe una ruptura del único Dios en personas separadas. La realidad de su sufrimiento debe confesarse junto a la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
El poema llegará a la respuesta y a una alabanza que alcanza las naciones. Ese movimiento impide aislar el primer grito de toda esperanza. A la vez, no autoriza a negar la angustia de Jesús con la idea de que solo habría citado un texto sin experimentar su peso. Los evangelios registran estas palabras y su muerte real, no una recitación completa de cada verso.
Texto original y formas del clamor
אֵלִי אֵלִי לָמָה עֲזַבְתָּנִי, Elí Elí lamá azavtáni, es la pregunta hebrea del salmo. Mateo conserva «Elí» y Marcos «Eloí» en sus respectivas formas del clamor, y ambos explican su sentido. La diferencia no convierte la invocación en un llamado a Elías, interpretación equivocada que los relatos atribuyen a algunos oyentes.
Exégesis del pasaje
La pregunta abre una unidad de clamor, memoria y nueva petición. El verbo de abandonar debe leerse dentro de esa oración y de la respuesta del verso 24, sin forzar una teoría que niegue el sufrimiento o la fidelidad final de Dios. La inscripción ocupa Salmos 22:1 en el hebreo, por lo que este primer verso de la NTBT corresponde al 22:2 hebreo.
Aplicación editorial
Tú puedes llevar al Padre una pregunta que todavía duele y acudir por medio de Jesucristo con sinceridad. No necesitas haber alcanzado una explicación total para orar. Confía en el Salvador crucificado y resucitado, cuya gracia recibe a quien se acerca con fe, y busca una compañía que respete la realidad de tu sufrimiento.