Resplandece, Dios que hace justicia
La oración pide que el Señor manifieste su autoridad frente a la violencia que aflige a su pueblo.
Explicación del versículo
El salmista invoca dos veces al «Dios de las venganzas». La repetición expresa urgencia ante una injusticia persistente. La petición se dirige al Señor que puede pedir cuentas a quienes oprimen y dar respuesta al sufrimiento de sus víctimas.
La venganza divina tiene aquí el sentido de retribución justa. Los versículos siguientes nombrarán la arrogancia, la opresión y el asesinato de personas vulnerables. La oración pide que ese mal encuentre un límite y reciba juicio.
«¡Resplandece!» solicita una manifestación visible de su intervención. El salmista necesita que la justicia de Dios deje de parecer oculta. El Salmo 50 también presenta al Señor resplandeciendo desde Sión y actuando como juez: Salmos 50:1–6.
La apelación a Dios sitúa la retribución en sus manos. La enseñanza apostólica manda encomendarle la venganza y vencer el mal con el bien: Romanos 12:17–21. Pedir justicia puede sostener la resistencia a la maldad y el cuidado de los afligidos.
La fe cristiana acude al Padre por medio de Jesucristo, el Salvador que abre el camino del perdón. Su gracia llama a los culpables al arrepentimiento y fortalece a los que sufren para esperar en el Juez justo. La misericordia y la justicia pertenecen al mismo Señor.
Texto original y sentido
אֵל נְקָמוֹת, El neqamot, significa «Dios de las venganzas» o de las retribuciones. הוֹפִיעַ, hofia, expresa el ruego «resplandece». El lenguaje pide que Dios haga manifiesto su juicio frente al mal.