La alabanza reúne el santuario y las alturas
El libro culmina convocando a alabar a Dios en su santuario y en el firmamento de su poder. La escena une el lugar santo con la amplitud de la creación.
Explicación del versículo
La doble invitación abre el último salmo con el mismo centro: Dios debe ser alabado. No se presenta un nuevo destinatario después de todas las súplicas, memorias y cantos del libro. El cierre vuelve al Señor cuya fidelidad se ha reconocido de muchas maneras.
El «santuario» sitúa la alabanza en un lugar santo. Puede evocar el culto del pueblo, pero el versículo no identifica un edificio ni un momento particular de su historia. Su relación con el firmamento ensancha la escena más allá de una sala delimitada.
El «firmamento de su poder» dirige la mirada a la expansión de los cielos como ámbito que manifiesta la grandeza del Señor. El poema no necesita convertirlo en una descripción física detallada. Su función aquí es dar amplitud a la convocatoria.
El salmo anterior había hablado de la asamblea de los fieles; el siguiente desarrollo convocará instrumentos y, al final, todo lo que respira. La alabanza del lugar santo y la de la vida creada son reunidas ante un mismo Dios.
Juan 4:19–24 presenta a Jesús enseñando que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad. La relación cristiana no vacía de sentido el santuario del salmo. Lleva la esperanza de adoración a la comunión con el Padre que el Hijo da a conocer.
Hebreos 10:19–22 anuncia el acceso a Dios por la sangre de Jesús y llama a acercarse con corazón sincero. La gracia del Salvador fundamenta la alabanza cristiana. La comunidad no necesita convertir un lugar o un gesto en un sustituto de él.
Texto original y sentido
בְּקָדְשׁוֹ —beqodsho, «en su santuario», «en su lugar santo»— se corresponde con בִּרְקִיעַ עֻזּוֹ —birqia‘ ‘uzzo, «en el firmamento de su poder»—. Las dos expresiones ordenan la escena de alabanza sin separar al Dios del culto del Creador de los cielos.